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QUINUA SÍ, “QUINOA” NO

Paquete de granos de quinua, Oruro, Bolivia © Formentí 003 copia

© Texto y fotos: José María Fernández Díaz-Formentí (2016)

Los Andes centrales (Perú, Bolivia, Ecuador) han sido uno de los ocho grandes centros mundiales de domesticación de plantas. Difícilmente podemos concebir la alimentación actual de la humanidad sin patatas, tomates, alubias o pimientos, por ejemplo. Estas son sólo algunas de las muchas decenas de plantas domesticadas desde hace más de 7000 años en la región andina y que se han incorporado a la dieta universal. Otras muchas tenían orígenes próximos, como el cacao, la yuca, el cacahuete, etc., pero fueron las culturas andinas quienes las incorporaron y difundieron por su territorio, exportándolas a otras zonas de América.

Sin embargo, no todas las especies han tenido la difusión universal que se merecerían. En el catálogo de plantas domesticadas en los Andes figuran especies extraordinariamente nutritivas, de cultivo fácil incluso en condiciones duras (heladas, sequías, tierras pobres…), que por estigmatización como “comidas de pobres “ o “de indios” no han encontrado todavía difusión fuera del área andina, privando a la humanidad de mejorar el estado nutricional de millones de personas en otros continentes como África o Asia. En los últimos años, instituciones internacionales como la FAO, INTERMON-OXFAM, NASA, etc. han comenzado a percatarse del enorme potencial que ofrecen plantas como la quinua. No obstante, la distribución y popularización mundial sigue a lento ritmo, y otras muchas plantas igualmente valiosas aún no han merecido la necesaria atención, como la kiwicha, oca, numerosas variedades de patatas, kañiwa, etc.

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La incorporación de valiosos alimentos andinos es un proceso que no terminó con la patata, tomate, alubias o pimientos. Continúan existiendo plantas de extraordinario poder nutritivo pendientes de ser incorporadas a la alimentación mundial. Mercado de San Pedro, Cuzco, Perú

UNA ZONA CALIENTE DE BIODIVERSIDAD.

Los Andes centrales y sus vertientes (orientales y occidentales) constituyen una de las regiones más biodiversas del mundo, sino la que más. Ello se debe a la combinación de su ubicación en la zona tropical del planeta, asociada a una gran elevación altitudinal, superior a los 6000 m, lo que por la progresiva reducción de la temperatura al ascender en altitud crea una serie de pisos bioclimáticos. Cada uno de ellos tiene unas condiciones de temperatura media anual que imposibilita el desarrollo de unas especies o favorece a otras. A ello se une la presencia de dos mundos contrapuestos separados por la cordillera: a un lado la selva amazónica, un medio exuberante y muy húmedo que al encontrarse con los Andes va ascendiendo por sus laderas orientales. La temperatura decreciente hace que se vaya entonces diversificando en varios tipos de bosque. En la vertiente occidental, por el contrario, los Andes se encuentran con el océano Pacífico, que en esa zona es recorrido por la corriente de Humboldt, procedente de la Antártida. En esas costas se encuentra el más árido desierto del mundo.

Agricultores aymaras en sus campos. Altiplano del lago Titicaca, Perú

Agricultores aymaras en sus campos. Altiplano del lago Titicaca, Perú

Hace unos 7000 años o algo más, los antiguos pobladores de los Andes iniciaron un apasionante proceso de domesticación de muchas de las plantas que iban conociendo. Se trata de una sistemática que comienza con la recolección de las plantas silvestres antecesoras, su cultivo (inicialmente son plantas genéticamente idénticas a las silvestres) y finalmente una gradual selección por parte del agricultor de aquellos especímenes que mostraban características morfológicas y/o fisiológicas que resultaban más favorables para su aprovechamiento (ciclos biológicos más rápidos, resistencia a agentes climáticos o plagas, mayor producción de semillas, mejor sabor, etc). Esta selección orientada por el hombre durante siglos o milenios, terminó por fijar en la planta domesticada diferencias morfológicas y genéticas respecto a las plantas antecesoras silvestres.

Plantación de quinua en las riberas del lago Titicaca, Perú

Plantación de quinua en las riberas del lago Titicaca, Perú

ORIGEN Y EXPANSIÓN DE LA QUINUA

La quinua (Chenopodium quinoa), es una planta andina originaria del altiplano peruano y boliviano que rodea al lago Titicaca, entre Sicuani (Cuzco) y Potosí (Bolivia). Existen indicios de su domesticación por los pueblos andinos hace unos 7500 años, a partir de plantas silvestres. Está presente en antiguos yacimientos peruanos (Ayacucho, 5000 aC) y del norte chileno (Tarapacá, Calama y Arica, 3000 aC), donde también se comerciaba con ella en el 1000 aC; sus semillas se encontraron en tumbas chilenas de los Tiltil y Quillagua. En las excavaciones de la cultura Chiripa (primer milenio aC), en el entorno del lago Titicaca, aparecen sus granos de forma dominante respecto a otros, con signos de domesticación, pues sus semillas son mayores que en registros arqueológicos anteriores.

La quinua comenzó a ser domesticada hace 7500 años por los pueblos andinos de los altiplanos que rodean al lago Titicaca

La quinua comenzó a ser domesticada hace 7500 años por los pueblos andinos de los altiplanos que rodean al lago Titicaca. En la cultura Tiahuanaco fue ya un alimento de gran importancia junto con la patata. Puerta del Sol (detalle). Tiahuanaco, Bolivia

Su sucesora, la cultura Tiahuanaco, fue muy dependiente de la quinua y la patata, pues en el altiplano boliviano no es posible cultivar exitosamente el maíz. Aunque de forma relativamente escasa para su frecuente uso, también aparece representada en el arte precolombino y las numerosas referencias de los cronistas españoles del siglo XVI demuestran su importancia alimenticia, cuyo cultivo fue propagado por los incas en su imperio, desde Pasto y Nariño (Sur de Colombia) hasta Tucumán y Catamarca (Argentina). A su vez, los araucanos extendieron el cultivo más al sur del río Maule que les separaba de los incas, llegando hasta Valdivia y Chiloé. Por el norte los pueblos chibchas (muiscas, quimbayas…) propagaron por las sabanas de Bogotá y Cundinamarca (Colombia) el cultivo de la “suba” o “pasca”, que era el nombre con el que conocían a la planta.

Puesto de venta de quinua, kiwicha, kañiwa, etc en el Mercado Central de San Pedro, Cuzco, Perú © Formentí 027

Los antiguos pobladores de los Andes consumían el grano de la quinua hervido, a veces acompañándolo de hierbas. Las hojas se cocinaban como potaje, molían el grano para hacer harina, o lo fermentaban para hacer bebidas similares a la chicha obtenida al someter a dicho proceso al grano del maíz. Además la planta tenía otros variados usos, de forma que los incas la llamaban “el grano madre” y le daban un aura sagrada. El soberano inca inauguraba el año agrícola sembrando la primera semilla de quinua con un simbólico arado de pie hecho de oro, y en las fiestas solsticiales era una de las ofrendas de los sacerdotes al sol, presentada en vasos de oro. Sus semillas se almacenaban en los depósitos estatales (collca) para abastecer a las tropas del ejército incaico en sus desplazamientos a lo largo del imperio.

Collca

Como la patata y el maíz, la quinua fue parte fundamental en la dieta del hombre andino, y lo sigue siendo. Los incas tenían almacenados estos alimentos en depósitos estatales (qollcas) para abastecer a sus ejércitos en tránsito o a la población en caso de hambrunas. Conjunto de qollcas incas en Raqchi, cerca de Sicuani (Perú)

La domesticación de la quinua debió ser compleja y larga en el tiempo, comenzándose por el aprovechamiento de las hojas de sus predecesores silvestres como verdura (“jatacho” o “llipcha”). Todavía hoy algunas comunidades indígenas de los Andes hacen ese tipo de recolección de las Chenopodium silvestres. Pronto se emplearían también sus semillas, de enorme valor nutritivo. Durante el proceso de selección genética se escogieron plantas que condensasen la inflorescencia en el extremo de la planta, pues esto simplificaba mucho la recolección; en la cultura Tiahuanaco, s VI-IX dC, todavía se representan plantas de quinua con varios espigones florales, lo que puede indicar una domesticación aún incompleta.

Museo Hipólito Unanue, Huamanga, Ayacucho.

Cerámica Huari del yacimiento de Conchopata con quinua estilizada. Museo Arqueológico Hipólito Unanue, Huamanga, Ayacucho.

 

Representación de planta de quinua en vasija Tiahuanaco (Bolivia)

Representación de planta de quinua en vasija Tiahuanaco (ca s. V-IX dC, Bolivia) con varios espigones florales, que podría indicar una domesticación aún incompleta o transitoria hacia la variedad cultivada hoy, con la inflorescencia condensada en el extremo de la planta.

 

Quinua

Al avanzar en la domesticación de la quinua, se fueron seleccionando y fomentando las plantas que agrupaban sus inflorescencias en lo alto, pues esto facilita la recolección posterior del grano. Planta de quinua en la obra de Martínez Compañón Trujillo del Perú en el siglo XVIII. 

También se fueron escogiendo las plantas de mayor porte y mayor tamaño de semilla, y se propició la selección de ejemplares cuyas semillas no requiriesen periodos durmientes antes de su germinación: las cáscaras finas en la semilla fueron preferidas, pues se hidratan más fácilmente y germinan sin mayor latencia. Cruzando diversas especies de Chenopodium, la planta fue cada vez más mejorada para el uso humano: a partir del Ch. hircinum silvestre, el cruce con Ch. carnolosum le aportó mayor resistencia a las sales y humedad, Ch. pallidicaule (kañiwa) la hizo más resistente al frío (esta especie vive en grandes altitudes de la puna andina), y la forma y porte resultante se influenció por el aporte genético de Ch. petiolare. Hoy existen básicamente cinco grandes tipos, cada uno con numerosas variedades: la quinua de los valles (zona quechua y jalca, 2000-3800 m, plantada con maíz y patatas), la del altiplano (por encima de los 3800-4000 m, más pequeña y de rápida maduración), la de los salares (3000-3600 m, de semillas mayores), la adaptada a nivel de mar (Chile y Perú) y la subtropical (valles bajos de Bolivia).

Espigón floral de la quinua. Cercanías de Chucuito, Lago Titicaca, Perú

Espigón floral de la quinua. Cada pequeña flor dará lugar a un grano. Cercanías de Chucuito, Lago Titicaca, Perú

La quinua es planta poco exigente para su cultivo. Crece desde el nivel del mar (Chile y costa del Perú) hasta más de 4000 m cerca del ecuador, aunque su óptimo parece el de las zonas quechua y suni (2500 m – 4000 m). Resiste bien las heladas moderadas (excepto al florecer), los calores esporádicos, y las sequías, creciendo incluso en suelos pobres, ácidos y salinos. Los cultivos proporcionan de 3 a 5 toneladas de grano por hectárea, lo que supone un rendimiento muy similar al del trigo en la misma región.

Kacha Kacha, Acora, Puno

Además de su alto valor nutritivo, la quinua es una planta estoica capaz de adaptarse a condiciones duras de cultivo, resistiendo heladas, calores y sequías, y pudiendo crecer en suelos pobres, ácidos y salinos. Plantación de quinua (primer término) en Kacha Kacha, Acora, Puno, Perú

 

Plantación de quinua entre Puno y Chucuito, lago Titicaca, Perú

Los cultivos de quinua, como este entre Puno y Chucuito (lago Titicaca, Perú), proporcionan de 3 a 5 toneladas de grano por hectárea, lo que supone un rendimiento muy similar al del trigo en esa misma región.

SUPERALIMENTO ANDINO

Nutricionalmente, la quinua es uno de los granos (no es un verdadero cereal) más valiosos y completos que existen. Su contenido en proteínas es más elevado que en los cereales debido a que el embrión de la planta es proporcionalmente mayor que en aquellos. Así, mientras el trigo tiene un 13 %, el arroz 7 % y el maíz 9 % de proteínas, la quinua aporta un 16-23 %, esto es, el doble de la media; además el aporte de aminoácidos que ofrece (ej. lisina, metionina y cisteína) supera a prácticamente cualquier otro cereal verdadero (muy deficitarios en lisina) o legumbres como las alubias (deficitarias en metionina y cisteína). Además tiene un 58-68 % de almidón y un 5 % de azúcar. Los lípidos suponen un 4-9 %, de los que la mitad es un ácido graso esencial, el linoleico.

En cuanto al contenido mineral (calcio, fósforo, hierro) también se encuentra a mayor concentración que en otros cereales. Todo ello hace a la quinua un alimento tan compensado que puede ser un perfecto sustituto de la carne desde el punto de vista nutricional, pues está extremadamente próximo a los estándares propuestos por la FAO para la nutrición humana.

Quinua

Uso

Los granos permiten un gran número de preparados de buen sabor (sopas, harinas, pasta, tortas, etc) y de altísimo valor nutritivo. Quinua de Oruro (Bolivia)

Los granos miden 2 mm y tienen una cubierta de sabor amargo debido a su contenido en saponinas, que debe ser eliminada por lavado. Hoy existen métodos industriales para hacerlo. Una vez eliminadas esas cáscaras se pueden hacer harinas, sopas, pastas, “cereal” de desayuno, tortas, bebidas fermentadas, etc. Incluso hay variedades que permiten hacer palomitas de quinua. Y combinadas con otros alimentos como el maíz, patatas, otros cereales, etc. resultan comidas con buen balance nutricional. Las hojas también pueden ser consumidas en ensalada o potaje (similar a las espinacas), y también son buen forraje para animales domésticos.

las hojas

También las hojas de la quinua son un buen alimento, utilizable en ensaladas, potajes o como forraje de animales domésticos.

“COMIDA DE INDIOS”

Es sorprendente que un grano nutritivamente tan valioso, de buen sabor y fácil cultivo no fuese adoptado para el consumo por los españoles a su llegada a los Andes. Algunas de las causas pudieron ser las siguientes:

1.- Por un lado, la llegada de vacas y ovejas y la expansión de su ganadería aportó proteínas en buenas cantidades a la dieta, restando importancia a las que proporcionaba la quinua.

2.- Los colonos llegados de la península vinieron también las semillas usadas en su alimentación tradicional (trigo, arroz, cebada, avena), que además tenían gluten y permitían su fermentación para hacer pan, cosa no factible con la quinua.

Cebada

Los españoles llegados a los Andes prefirieron fomentar el cultivo de sus cereales capaces de ser fermentados gracias a su contenido en gluten (trigo, cebada, avena…). Plantación mixta de cebada y quinua a orillas del lago Titicaca, Chucuito, Perú

3.- El buen sabor de este grano es apreciable tras eliminar su cáscara amarga y jabonosa, y es posible que los colonos probasen los granos en bruto, sin apreciar por ello su buen gusto.

4.- Tampoco debía ser planta muy bien vista por los religiosos y extirpadores de idolatrías, dado el carácter sagrado que tenía para los incas y su uso como ofrenda en ritos paganos.

5.- El sistema agrícola tradicional cambió con la implantación de las “reducciones”, que concentraban la menguada y dispersa población indígena en pueblos mayores y de más fácil organización, fomentándose cultivos entre los que no figuraba la quinua. Poco a poco su cultivo fue relegado a aldeas remotas y los criollos y mestizos la despreciaban como “comida de indios” hasta años recientes, sin valorar su aporte proteico que era cubierto sobradamente (y con más distinción social) por la carne fresca, pollo y pescado.

Quenista de

La danza del Auqui Puli en las fiestas de Santiago de la isla de Taquile evoca en sus zarcillos el grano de la quinua, salvador del pueblo aymara a modo de maná en el pasado. Quenista del Auqui Puli, isla de Taquile, lago Titicaca, Perú

EL MANÁ DE LOS ANDES

La sabiduría tradicional de los pueblos andinos ya advertía desde antiguo acerca de las posibilidades de la quinua como planta salvadora de hambrunas. Una vieja leyenda aymara cuenta que mucho tiempo atrás hubo una pertinaz sequía que agostó la naturaleza, matando todo los animales y plantas. El altiplano y las punas parecían un erial polvoriento. Los hombres deambulaban famélicos, sin rumbo, hasta que un día el cielo se encapotó, se levantó una ventisca y sobre los campos de muerte de esa puna reseca cayó una nieve menuda de cuyos granos brotaron inusitadamente unas plantas, que pronto maduraron y produjeron abundantes y menudos frutos que salvaron a los sobrevivientes. Se trataba de la quinua. Los hombres observaron atentos como crecía y se desarrollaba su planta salvadora, y en su alabanza crearon una serie de danzas llamadas “puli” (derivado de “pula” = espiga o racimo), que hoy se siguen bailando en las fiestas altiplánicas más importantes. Los atuendos de los bailarines hacen alusión a las hojas y espigas de la quinua, con penachos (evocación de las espigas florales), cintas de colores y zarcillos de pequeñas y numerosas cuentas a modo de semillas.

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Los penachos que los músicos del Auqui Puli lucen en sus cabezas hacen alusión a las hojas y espigas de la quinua.

Desde los últimos decenios del siglo XX comenzó un renovado interés por la quinua, que se ha contagiado a instituciones de Naciones Unidas y otras como INTERMON-OXFAM, por su elevado interés nutricional para países del tercer mundo o en vías de desarrollo. Así, podría ser de gran utilidad en cultivos de zonas tropicales incluso elevadas, como Etiopía, Himalaya, Tíbet y sureste asiático. Dado que es muy frecuente la malnutrición infantil en muchas de estas zonas, la harina de quinua y sus semillas malteadas supondrían una extraordinario alimento para los niños cuando abandonan la lactancia materna. La riqueza en proteínas (bastante superior al trigo), minerales y vitaminas, unido al estoicismo de la planta que facilita su cultivo en diferentes ambientes incluso difíciles para la mayoría de las plantas y a su buena productividad, la hacen una planta con un futuro prometedor.

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La quinua no ha tenido hasta ahora la aceptación y difusión mundial de otras plantas americanas como la patata, el maíz, la yuca, las alubias o el tomate, pero, aunque con un imperdonable retraso de 500 años, parece que va llegando su hora. El año 2013 fue declarado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como Año Internacional de la Quinua “en reconocimiento a los pueblos andinos que han mantenido, controlado, protegido y preservado la quinua como alimento para generaciones presentes y futuras gracias a sus conocimientos tradicionales y prácticas de vida en armonía con la madre tierra y la naturaleza”.

Alternativas color quinua

La FAO “tomó nota de las excepcionales cualidades nutricionales de la quinua, su adaptabilidad a diferentes pisos agroecológicos y su contribución potencial en la lucha contra el hambre y la desnutrición. La quinua es reconocida y aceptada en el mundo como un recurso natural alimentario de alto valor nutritivo de origen andino, constituyéndose en alimento de calidad para la salud y la seguridad alimentaria de las actuales y futuras generaciones. El objetivo del Año Internacional de la Quinua fue centrar la atención mundial sobre el papel que juega la biodiversidad de la quinua y su valor nutricional, en la seguridad alimentaria y la nutricional y la erradicación de la pobreza, en apoyo al logro de los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente, incluidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio” (http://www.fao.org/quinoa-2013/es/).

Plantación de quinua entre Puno y Chucuito, Puno, Perú © Formentí 017

QUINUA SÍ, QUINOA NO

Con casi 500 años de retraso, la quinua va comenzando a ser conocida en España. Pero lamentablemente se está generalizando erróneamente el término “quinoa” para designarla, que es inadecuado en nuestro idioma pues se trata del nombre anglosajón de la planta. Quinua (acentuado en la “i” como “quínua” y no “quinúa“) es el nombre afortunadamente aceptado por la Real Academia de la Lengua Española e incorporado al Diccionario de dicha institución, y nunca “quinoa”. El error de llamarla así se está generalizando y muchos pensamos que hay que corregirlo cuanto antes. En numerosos envases de empresas que la comercializan en España figura como “quinoa”, manteniendo, fijando y divulgando alarmantemente el error entre la población y vendedores. Como estudioso y fotógrafo del mundo andino y amazónico desde hace más de 35 años, he visitado docenas de veces los países andinos, donde la quinua es originaria, y nadie allí la llama “quinoa”, ni en las ciudades ni en los medios rurales.

La palabra quinua viene del quechua (se pronuncia igual, kínua o kinuwa). Los países anglosajones se han percatado del valor nutritivo de la quinua (y de su buen sabor) y fueron los primeros importadores y divulgadores a sus países, pero la pronunciación del término hispano-indígena original les resulta fonéticamente complicado, por lo que lo transcribieron como “quinoa”, que para un anglosajón es probablemente la forma más próxima de pronunciar el verdadero y original nombre de “quinua”. Esto es perfectamente lógico en países anglosajones, pero parece intolerable importar esa palabra a nuestro uso, cuando ya existe desde hace siglos la palabra en el español de América, que además suena igual que el término indígena original. Por fortuna la RAE así lo ha considerado, dejando fuera del diccionario el incorrecto término de “quinoa”, pero hay importadores y distribuidores españoles que siguen empecinados en mantener el nombre anglosajón. Muchos medios escritos se contagian del error, pero por fortuna otros mantienen el nombre vernáculo aceptado por la RAE (un ejemplo: http://elpais.com/…/18/planeta_futuro/1411053299_440137.html)

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El correcto nombre en español es quinua, y no el anglosajón “quinoa”. El diccionario de la real Academia Española y la FUNDEU (Fundación del Español Urgente) así lo reconocen. Mercado de San Pedro, Cuzco, Perú.

A raíz de un estudio que hice hace unos años para unos seminarios universitarios sobre la alimentación prehispánica en los Andes centrales, pude percatarme de como el término “quinoa” se estaba diseminando peligrosamente por nuestro país, y me propuse combatirlo por los medios a mi alcance. Para analizar a fondo el estado de la cuestión me he puesto en contacto con la Real Academia de la Lengua Española (RAE) y con la Fundación del Español Urgente (Fundeu), entidades encargadas por velar por el buen uso de la lengua española, para consultarles y advertirles acerca de la propagación del nombre anglosajón de la quinua (“quinoa”). Me responden que, en efecto, el nombre aceptado por la RAE es quinua, y que en el diccionario de Americanismos de las Academias de la Lengua el nombre preferente también es quinua, aunque también se recogen “kinua” (que viene a ser lo mismo) y (atención) “quínoa”. Esta última lleva el acento (incluso tilde, por terminar en hiato) en la i, como en quinua (que en cambio no lleva tilde por terminar en diptongo), por lo que se podría considerar también equivalente: escuchando a un nativo decir esa palabra, unas veces nos sonará como “quínua” y otras como “quínoa”. Pueden hacer la prueba y verán que la fonética es prácticamente igual.

Quinua, aeropuerto de Lima, agosto-sept 2014 002© Formentí

Lo que es inaceptable en español es llamarla “quinoa”, pues por tener un hiato al final y no llevar tilde en la i, se pronuncia “quinóa” (como “canoa”), que lamentablemente está sustituyendo a formas válidas como quinua y quínoa. Debo decir también que la RAE me comenta que la anglosajona “quinoa” aparece minoritariamente en algunos diccionarios hispanoamericanos, que también recogen como preferentes las formas más habituales acentuadas en la i. Esto hace pensar que el término fue recogido en zonas alejadas del consumo de la quinua (ej. puertos del Caribe), donde podría haber comerciantes extranjeros, pero esto es una mera suposición personal. Por fortuna, una reciente nota de la Fundación del Español Urgente (FUNDEU), no sé si por mi insistencia, ha recogido como recomendable quinua frente a “quinoa”: http://www.fundeu.es/recomendacion/quinua-quinoa-quinoa-kinua/

En realidad, para corregir el error en los envases bastaría con poner una sencilla tilde en la “i” de los envases en los que figura “Quinoa”, o mejor aún sustituir la “o” por “u”. Ya hay quien opina, contra lo aceptado por la RAE, que el término utilizado en España ya es el inglés “quinoa”, pero en ello tiene una influencia decisiva el etiquetado del producto, y aún es posible corregirlo. La gente conoce y usa las palabras según lo que lee en los envases, por lo que en ello los distribuidores y el etiquetado tienen un papel fundamental. Me irrita profundamente ir a comprar quinua a una tienda y que el vendedor me corrija diciéndome que lo que tienen es “quinoa”. Y los culpables de este error son las empresas comercializadores del grano, que mayoritariamente lo etiquetan con su nombre en inglés.

Adjunto unas fotos realizadas en unas tiendas del aeropuerto de Lima, que creo que dejan las cosas claras: en una se ven varios libros sobre la quinua: los que están en inglés hablan de “quinoa” y el que está en español, de quinua; en la otra hay paquetes de distintas variedades y presentaciones de quinua (fideos, grano, etc), etiquetados con el nombre hispanoamericano de quinua, y no como quinoa (cosa que si están haciendo marcas españolas que la están comercializando).

Libros en inglés y español sobre la quinua. Aeropuerto de Lima, Perú.

Libros en inglés y español sobre la quinua. Aeropuerto de Lima, Perú.

En definitiva: defendamos los términos del español de América quinua o “quínoa” (que suenan igual prácticamente, acentuadas ambas en la i), y evitemos el anglosajón “quinoa” (que lleva acento en la o, aunque sin tilde). Una de las razones más importantes para ello es el respeto, reconocimiento y agradecimiento que deberíamos tener a los pueblos indígenas de los Andes por proporcionarnos tantas plantas indispensables en la alimentación mundial, como la patata, las alubias, los tomates o la quinua. Por favor, respetemos su nombre vernáculo, y no importando nombres con apariencias más refinadas.

© Texto y fotos: José María Fernández Díaz-Formentí. Prohibida la reproducción total o parcial del texto y/o fotos

EL INCA GARCILASO, 400 AÑOS…

  Palacio de Inca Roca en la calle Inca Roca, Cuzco (Cusco), Perú © Formentí 021 copia

EL INCA GARCILASO, 400 AÑOS © José María Fernández Díaz-Formentí.

Escribo estas líneas el día 23 de abril de 2016, un Día del Libro muy especial porque hoy se conmemora el IV Centenario de la muerte de nuestro más insigne escritor, Don Miguel de Cervantes, fallecido un día antes, el 22 de abril; simultáneamente el mundo anglosajón lo hace con su escritor también más emblemático, William Shakespeare. Para los ingleses, su gran escritor falleció el 23 de abril de 1616, pero hay que tener en cuenta que su calendario en esa época era el llamado juliano, con unos 10 días de adelanto respecto al calendario gregoriano, ya establecido en España por entonces. Por tanto, Shakespeare murió el 3 de mayo de 1616 según el calendario gregoriano, es decir, 11 días después que Cervantes. Pero no fueron los únicos grandes escritores que murieron en esas semanas entre finales de abril y principios de mayo de 1616. El 23 de abril de 1616, solo 1 día después de fallecer Miguel de Cervantes, y mientras este era enterrado en Madrid, expiraba en Córdoba el Inca Garcilaso de la Vega, escritor mestizo nacido en Cuzco, hijo de un capitán español y de una princesa Inca. Fue uno de los grandes escritores de las letras hispanas, el primer gran escritor que dio América. Nos ha dejado obras tan fundamentales como los “Comentarios Reales de los Incas”, una recopilación de lo que había escuchado a su familia incaica en sus años mozos, antes de que esos recuerdos y datos se perdieran para siempre. Otras obras muy importantes fueron la “Historia General del Perú” (conquista y guerras civiles) y “La Florida del Inca” (exploraciones y aventuras de Hernando de Soto en la Florida).

Obras de Garcilaso

De cara al éxito que vendría después, con constantes homenajes siglo tras siglo a estos tres grandes escritores, Garcilaso tuvo la mala fortuna de fallecer un día después que Cervantes, que se lleva en el mundo hispano la práctica totalidad del protagonismo en estas efemérides. Cervantes es conmemorado no solo en España sino en los países hispanoamericanos, restándole involuntariamente protagonismo al Inca Garcilaso. Si este hubiese muerto unos meses después su aniversario luciría en todo su esplendor. Por eso hoy, que se cumplen los 400 años de su fallecimiento, y que de los tres fue el que murió de verdad en el Día del Libro, 23 de abril, quiero dedicarle unas líneas en su homenaje. No voy a centrarme en la calidad de sus obras, profusamente analizadas por grandes investigadores. Solo pretendo acercar al personaje a quienes lean este artículo, para divulgar aspectos de su biografía y vida que me han parecido interesantes…

Exposición sobre el Inca Garcilaso en la Biblioteca Nacional de España, Madrid, 2016

Exposición sobre el Inca Garcilaso en la Biblioteca Nacional de España, Madrid, 2016

Me he alegrado mucho de que España haya conmemorado muy dignamente su Cuarto Centenario a la vez que el de Cervantes, con unas estupendas exposiciones simultáneas en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid. En la de Garcilaso (“La Biblioteca del Inca Garcilaso”) se hace una reconstrucción de lo que pudo ser su biblioteca personal: a los pocos días de la muerte del Inca Garcilaso, sus albaceas testamentarios realizaron un inventario de los bienes presentes en su casa, registrando los títulos de los libros de su biblioteca, un total de 188 obras. En esta exposición se muestran gran parte de los libros que Garcilaso tenía y consultaba: no son los mismos ejemplares que poseyó el Inca, pero sí de las mismas ediciones de la época y que la Biblioteca Nacional tiene en sus fondos. Además se muestran algunos objetos y mapas de la época, retratos de incas, etc.

Archivo de Protocolos de Córdoba con de bienes del Inca Garcilaso, Exposición La Biblioteca del Inca Garcilaso de la Vega, Biblioteca Nacional, Madrid © Formentí 001  

Este voluminoso archivo de protocolos de Córdoba está abierto por las páginas en las que sale el inventario de bienes del Inca Garcilaso, registrado tras su muerte. Además de muebles, cabezas de venado, etc figuran los libros de su biblioteca, con 188 títulos relacionados con historia, filosofía, crónicas de América. También tenía almacenados 500 ejemplares de la Crónica del Perú que seguramente pensaba vender cuando saliese la Segunda Parte.

Este voluminoso archivo de protocolos de Córdoba está abierto por las páginas en las que sale el inventario de bienes del Inca Garcilaso, registrado tras su muerte. Además de muebles, cabezas de venado, etc figuran los libros de su biblioteca, con 188 títulos relacionados con historia, filosofía, crónicas de América de otros autores etc. También tenía almacenados 500 ejemplares de los Comentarios Reales que seguramente pensaba vender cuando saliese la Segunda Parte.

Además de un estupendo escritor y documentalista, el Inca Garcilaso fue un pionero en la defensa del mestizaje como algo muy positivo y enriquecedor para la humanidad. En una época donde indígenas y mestizos eran minusvalorados e incluso despreciados, Garcilaso, vecino de Córdoba y Andalucía y viviendo en la vieja España desde decenios, hace alarde y defensa de su condición mestiza, nombre que “por su significación me lo llamo yo a boca llena y me honro con él” (Comentarios Reales). Esta defensa la hace sin agresividad alguna, convencido que las aportaciones de culturas que se unen suman activos y enriquecen a la Humanidad. Planteamientos así fueron muy pioneros, pues hasta finales del XIX-inicios del XX no surgirán corrientes intelectuales que piensen de esta forma.

Cuzco, ciudad natal de Garcilaso en 1539. Eran tiempos muy convulsos...

Cuzco, ciudad natal de Garcilaso en 1539. Eran tiempos muy convulsos…

CUZCO, 1539…

El 12 de abril de 1539 nacía en Cuzco un niño bautizado como Gómez Suárez de Figueroa. Era hijo de un capitán español, Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas, sobrino del afamado poeta renacentista Garcilaso de la Vega, y llegado al Perú con las tropas de Pedro de Alvarado desde Nicaragua durante los años de conquista. Su madre era Chimpu Ocllo, una noble cuzqueña bautizada como Isabel Chimpu Ocllo. Esta ñusta era sobrina del último gran Inca del imperio, Huayna Cápac, y prima de los dos sucesores contendientes, Huáscar y Atahualpa. Durante la guerra civil entre los dos hermanastros, Chimpu Ocllo consiguió sobrevivir a las matanzas llevadas a cabo por las tropas de Atahualpa contra los familiares de Huáscar.

Huayna Cápac, último gran emperador Inca, del que Garcilaso era sobrino nieto.

Huayna Cápac, último gran emperador Inca, del que Garcilaso era sobrino nieto.

Isabel Chimpu Ocllo, noble inca sobrina de Huayna Cápac y madre de Garcilaso.

Isabel Chimpu Ocllo, noble inca sobrina de Huayna Cápac y madre de Garcilaso.

Hasta solo 7 años antes del nacimiento de este niño, Cuzco había sido la esplendorosa capital del imperio Inca. Los españoles la tomaron en 1533, siendo bienvenidos por los cuzqueños, que los veían como libertadores de las venganzas y genocidios hechos por Atahualpa contra los huascaristas (la población de Cuzco apoyaba a Huáscar). Pero las buenas relaciones durarían poco: en 1536 Manco Inca se levantó contra los recién llegados, asediando e incendiando la ciudad durante varias semanas, y estuvo a punto de terminar con los españoles. Poco después hubo graves enfrentamientos entre los propios españoles por la propiedad de la gobernación del Cuzco. Partidarios de Almagro se enfrentaron contra los de Pizarro en la batalla de las Salinas (6 de abril de 1538), cerca de la ciudad. Sebastián Garcilaso debió asentarse en el Cuzco tras la batalla y allí conoció y tomó por compañera a la noble inca Chimpu Ocllo, con quien tendría un hijo al año de la batalla.

Casa del Inca Garcilaso, hoy Museo Regional del Cusco.

Casa del Inca Garcilaso, hoy Museo Regional del Cusco.

Pese a los incendios y asedios habidos tres años antes, Cuzco seguía siendo una ciudad magnífica, que comenzaba a reconstruirse hibridando su arquitectura inca con los gustos castellanos coloniales recién llegados. La familia de Garcilaso ocupaba una cancha o recinto cerrado con varios palacios junto a la plaza Cusipata (hoy plaza del Regocijo), que actualmente se corresponde con la manzana situada entre las calles Garcilaso, Márquez y Heladeros: en ella encontramos hoy dos hoteles con patios coloniales y un museo. Junto a la casa familiar se encontraba la de otro importante conquistador, Mancio Sierra Leguizamo, y poco más allá se estaba construyendo junto a un mercado el templo y convento de La Merced, donde unos meses antes ya habían enterrado a un personaje importante, Diego de Almagro, ajusticiado por Hernando Pizarro.

Templo de la Merced, cercano a la casa de Garcilaso, en construcción durante su infancia

Templo de la Merced, cercano a la casa de Garcilaso, en construcción durante su infancia

La infancia del futuro escritor discurrió en ese Cuzco en reconstrucción. La familia se relacionaba con otras bien conocidas, como la de Mancio Sierra de Leguizamo, Juan de Betanzos, Diego Hernández, o los tíos del niño, Juan Vargas (tío paterno) y Hualpa Túpac Yupanqui (tío materno). Esos otros conquistadores también habían tenido hijos mestizos con mujeres nobles. El padre de Garcilaso, como los de sus compañeros de juegos, pasaba largos periodos fuera, combatiendo en batallas de pacificación contra grupos de resistencia indígena (ej. en Cochabamba) o contra compatriotas de otras facciones (ej. en la batalla de Huarina y en la de Xaquixahuana). Había dejado al militar y compañero de confianza Diego de Alcobaza el cuidado de la familia durante sus ausencias. El futuro Inca Garcilaso lo llamaba afectuosamente “ayo”, y su hijo era como un hermano para él.

También la catedral del Cuzco comenzaba a ser construida sobre la antigua cancha o palacio del Inca Viracocha. Allí eran escolarizados por eclesiásticos Garcilaso y otros 17 niños, en su mayoría mestizos o descendientes de importantes nobles incas.

También la catedral del Cuzco comenzaría a ser construida sobre la antigua cancha o palacio del Inca Viracocha.  Algunos de sus eclesiásticos se dedicaron a escolarizar a Garcilaso y otros 17 niños, en su mayoría mestizos o descendientes de importantes nobles incas.

UN COLEGIO IMPROVISADO

La educación de los niños era difícil en esos tiempos revueltos, recayendo en personal eclesiástico. Pedro Sánchez, y luego Juan de Cuéllar, les impartieron enseñanza hasta la adolescencia. En clase el pequeño Garcilaso tuvo otros 17 compañeros, en su mayoría mestizos de otros conquistadores (como su hermano afectivo o los hijos de Pedro de Candía, Sierra de Leguizamo, Gonzalo Pizarro, etc) o de la alta nobleza inca (ej. Carlos Inca, hijo de Paullu Inca). Allí aprendió latín, gramática, ciencias, etc. Su profesor, Juan de Cuéllar, estaba satisfecho con sus alumnos, lamentando que no pudiesen ir en el futuro a estudiar a la universidad de Salamanca.

Saqsaywamán, imponente fortaleza sobre el Cuzco donde Garcilaso jugaba con sus compañeros en la infancia. Pocos años antes había sido escena de cruentas batallas.

Saqsaywamán, imponente fortaleza sobre el Cuzco donde Garcilaso jugaba con sus compañeros en la infancia. Pocos años antes había sido escena de cruentas batallas.

Tras las clases los niños correteaban por la antigua fortaleza de Saqsaywamán, en proceso de ser parcialmente desmantelada para usar sus bloques como mampostería en las nuevas construcciones. Todavía tenía en pie sus magníficos torreones. Se adentraban jugando por misteriosos pasadizos y seguramente emulaban luchas entre incas y españoles. La llegada de mercaderes a Cuzco era motivo de excitación, sobre todo cuando traían cosas de España nunca vistas allí. Especial interés popular tuvo la llegada de las primeras vacas y bueyes. Garcilaso recibió azotes de su padre y luego de su maestro por llegar tarde a clase un día que observaba fascinado como un campo era arado utilizando bueyes.

Garcilaso acudía a largas veladas entre los familiares de su madre. Allí los nobles incas recordaban su glorioso pasado imperial. Garcilaso escuchó épicas historias y curiosas costumbres que serían el germen de sus futuros Comentarios Reales de los Incas.

Garcilaso acudía a largas veladas entre los familiares de su madre. Allí los nobles incas recordaban su glorioso pasado imperial. El futuro escritor escuchó épicas historias y curiosas costumbres que serían el germen de sus futuros Comentarios Reales de los Incas.

El curioso niño acompañaba a su madre en frecuentes veladas que esta mantenía con sus parientes de la nobleza inca, como hermanas y primos suyos descendientes de Huayna Cápac. Allí Garcilaso escuchaba en sus años de infancia y adolescencia historias de las hazañas de sus antepasados, creencias, fábulas y costumbres que añoraban un pasado glorioso, en las que “con la memoria del bien perdido siempre acababan su conversación en lágrimas y llanto, diciendo: “Trocósenos el reinar en vasallaje”. Junto con el español y el latín, Garcilaso dominaba su lengua materna, el quechua, apreciando sus matices de significado en esas conversaciones.

sayri

Su parentesco con la nobleza inca le permitió mantener una afectuosa entrevista con Sayri Túpac, el segundo Inca de la resistencia y primo suyo.

En 1549, cuando contaba 10 años, sufrió el amargo trance de la separación de sus padres y sus respectivas bodas con nuevas parejas. Las razones no parecen derivadas de unas malas relaciones, sino de la insistencia por parte de la Corona española para que los nobles españoles (el padre lo era) se casasen con damas nobles españolas, que forzaron a Sebastián Garcilaso a casarse con Luisa Martel de los Ríos, panameña de padres nobles españoles. Parece que Sebastián facilito que Isabel lo hiciese a su vez con Juan del Pedroche, posiblemente mercader o tratante. El padre del pequeño dio una cuantiosa  dote a su anterior consorte india y posiblemente la ayudó en la boda e inicios de su nueva vida, pues no se quiso desentender de quien había estado a su lado más de 10 años.

El pequeño Gómez siguió viviendo en casa paterna, pero continuaba viéndose con su madre probablemente a diario y asistiendo a las reuniones familiares. 60 años después, el ya Inca Garcilaso escribiría en la segunda parte de los Comentarios una crítica a esta costumbre de muchos conquistadores (e indirectamente su padre incluido) de tener consortes indias en los años duros y luego casar con mujeres españolas, quedando los mestizos y sus madres sin apenas dotes económicas o herencias. Por fortuna, su caso no fue tan malo. Como decimos, Sebastián dio una cuantiosa dote a Isabel Chimpu, y sobre todo permaneció muy encariñado de su hijo, a quien dejó buenas tierras en Havisca, cerca de Pilcopata (a los pies de los Andes amazónicos), productoras de hojas de coca, y 4000 pesos de oro y plata para que pudiese viajar a España a estudiar.

Garcilaso recibió de su padre una plantación de coca en el piedemonte andino

Garcilaso recibió de su padre una plantación de coca en Havisca, en el piedemonte andino, además de una notable cantidad de dinero para que viajase a España.

A medida que crecía, Garcilaso fue aprendiendo nuevas destrezas, como montar a caballo o luchar con la espada. Era ya un joven adulto cuando el Inca de la resistencia Sayri Túpac, su primo, abandonó su refugio en Vilcabamba y pactó un acuerdo de paz con el virrey (aunque a su muerte se continuaría la resistencia). Cuando Sayri Túpac llegó a Cuzco en 1558 recibió afectuosamente a un Garcilaso de unos 19 años, con quien hizo un brindis y se interesó por su vida y destrezas, deseando mantener el contacto con él ahora que había capitulado una paz con los españoles (Sayri Túpac moriría poco después y los enfrentamientos continuarían por el nuevo caudillo, Titu Cusi Yupanqui). Al año siguiente (1559) moría su padre tras una larga y dolorosa enfermedad. Antes de su muerte le había recomendado a su hijo viajar a España y proseguir allí sus estudios. Garcilaso decide emprender viaje y va a despedirse del Corregidor del Cuzco, Polo de Ondegardo. Entonces el funcionario le hace una invitación que le dejó impactado: “Pues que vais a España, entrad en este aposento; veréis alguno de los vuestros que he sacado a la luz, para que llevéis que contar por allá”. El asombrado joven entró en la habitación y quedó admirado: allí estaban cinco momias perfectamente conservadas de algunos emperadores incas y de sus mujeres, entre ellas la de su tío-abuelo Huayna Cápac, a la que tocó entre emocionado y curioso su dedo reseco y acartonado. Eran algunos de los protagonistas de las numerosas historias que había escuchado a sus familiares, y parecían vivos, sentados con sus manos cruzadas, con sus cabellos y llautus sobre la frente.

En 1560 Garcilaso parte del Perú hacia España, en un largo y peligroso viaje.

En 1560 Garcilaso parte del Perú hacia España, en un largo y peligroso viaje. 

RUMBO A ESPAÑA

El 20 de enero de 1560 parte del Cuzco en mulo o caballo subiendo la cuesta de Carmenca para continuar por el camino inca del Chinchaysuyu, rumbo a Lima. Le acompaña otro español. Cruza el famoso puente colgante del Apurímac, valles, punas y llega finalmente a los valles desérticos de Ica, Chincha, Pachacámac y Lima.  El todavía Gómez de Figueroa parte ese mismo año del puerto del Callao rumbo a España. El viaje era por entonces muy largo y arriesgado. Cerca de la isla de la Gorgona (actual Colombia), su barco estuvo próximo a naufragar. En Panamá cruzó el istmo a lomos de acémila, hasta llegar a Portobelo, ya en el Caribe. Pasó entonces por mar a Cartagena de Indias, donde esperó a la flota de Indias que desde España seguía a La Habana. Desde allí prosiguió viaje cruzando el Atlántico hasta las Azores y Lisboa, donde desembarcó. Tras unas breves estancias en Extremadura y Montilla (Córdoba), viaja a Madrid a reclamar reconocimientos a la Corona por los méritos de su padre, que le son denegados por haber confusos informes (negados por el joven) acerca de la actitud de su padre en la batalla de Huarina, donde parecía haber apoyado al rebelde Gonzalo Pizarro. Los funcionarios reales reprochan actitudes de su padre en esa batalla, que Garcilaso niega. Decepcionado y orgulloso de su padre, decide abandonar su nombre de pila, Gómez de Figueroa, por el de su padre, Garcilasso de la Vega, añadiendo “El Inca” como reconocimiento orgulloso a su linaje materno. Desde entonces será conocido como el Inca Garcilaso de la Vega, y así firmará sus escritos.

Escudo de Armas del Inca Garcilaso que figura en sus Comentarios Reales, con imágenes alusivas a los dioses incas del sol, luna y arco iris

Escudo de Armas del Inca Garcilaso que figura en sus Comentarios Reales, con imágenes alusivas a los dioses incas del sol, luna y arco iris con dos serpientes (amaru). Del arco iris pende una mascapaicha o borla imperial de los incas reinantes; a la izquierda, las armas de los Vargas, los Figueroa , los Sotomayor y los de La Vega.

Por un momento pensó en regresar a su tierra natal, pero finalmente decidió hacer carrera militar, llegando a ser capitán como su padre. Participó en la batalla de las Alpujarras contra los moriscos bajo el mando de don Juan de Austria (1569) y años después recibió jugosas herencias que le permitieron vivir sin necesidades y pudiendo dedicarse a estudiar historia y leer a clásicos latinos y renacentistas. Garcilaso es, por tanto, un hombre del Renacimiento, con formación integral e interés por distintos campos del saber, que domina cuatro idiomas (español, quechua, latín e italiano), y cuya economía le permite vivir dedicado al estudio y escritura, sin necesitar recurrir al trabajo manual.

Garcilaso se retirará de la carrera militar para dedicarse a escribir, estudiar y leer.

Garcilaso se retirará de la carrera militar para dedicarse a escribir, estudiar y leer en Montilla y Córdoba. Se trata de un ejemplo de humanista renacentista, poliglota y escritor, con inquietud por dejar plasmadas sus vivencias y las de otros antes de que se pierdan.

En Montilla se instala en casa de su tío, el capitán Alonso de Vargas, propietario de una rica hacienda. Allí se atreve “con temeridad de soldado” a realizar la traducción del italiano de un complejo libro de filosofía neoplatónica, los “Diálogos del Amor” de León Hebreo, que acaba hacia 1586 y saldrá publicado como La Traducción del Indio de los Tres Diálogos de Amor de León Hebreo. Este libro marca su paso de la carrera militar a la de estudioso y escritor humanista. Es curioso como en el título hace alusión a su carácter “indio”: tal vez sus facciones raciales hacían que lo llamasen así sus conocidos o el mismo quiso distinguir y vanagloriarse de su sangre indígena, mostrando que también una persona de esa condición podía acometer una tarea tan compleja. Garcilaso pone especial empeño en la fidelidad al texto original, respetando “las mismas palabras que su autor escribió en italiano sin añadir otras superfluas”. Este libro fue leído por Miguel de Cervantes, con quien coincidió en Córdoba. A Felipe II le sorprendió gratamente y en el Escorial califico al autor de “fruta nueva del Perú”.

Garcilaso tuvo por entonces, hacia 1588, un hijo con Beatriz de la Vega, su sirvienta durante los años en Montilla, aunque no llegaría a casarse con ella. Este hijo, Diego de Vargas, convivió con su padre, quien le proporcionó una adecuada educación, aunque nunca hizo alarde manifiesto de su paternidad, tal vez avergonzado por la relación con su sirvienta, a quien dejó pensión vitalicia y la mayor parte del menaje de la casa en su testamento. Una razón de peso pudo ser que desde años antes el escritor había profundizado su relación con la Iglesia, recibiendo órdenes menores eclesiásticas en 1579; en 1596 llega a aparecer en un escrito como “clérigo”.

En 1591 se desplaza a Córdoba, donde escribirá sus obras más importantes y comprará una capilla en la catedral donde desea ser enterrado a su muerte.

En 1591 se desplaza a Córdoba, donde escribirá sus obras más importantes y comprará una capilla en la catedral donde desea ser enterrado a su muerte.

En 1591 Garcilaso y su pequeño hijo se mudan a Córdoba. La carrera militar estaba ya abandonada y decide dedicarse a escribir. Entrado el nuevo siglo salen publicadas en Lisboa sus obras más conocidas y notables: en 1605 lo hace La Florida del Inca, que narra las aventuras de Hernando de Soto en tierras norteamericanas una vez este conquistador hubo abandonado el Perú. Sus informantes habían sido Gonzalo Silvestre, Alonso Carmona y Juan Coles. Garcilaso veía muy necesario recoger y dejar por escrito estos testimonios antes que se perdieran y así lo hizo en su obra.

La Florida del Inca (Lisboa, 1605, Biblioteca Nacional, Madrid)

La Florida del Inca (Lisboa, 1605, Biblioteca Nacional, Madrid)

Pero desde el siglo anterior ya trabajaba en su obra más importante y conocida. Quería recoger sus recuerdos de la infancia y adolescencia, lo que había escuchado de sus parientes incas, completado con nuevas crónicas y documentos a los que había tenido acceso de otros cronistas e informantes. Así salen publicados en 1609 sus Comentarios Reales de los Incas, impreso por Pedro Crasbeeck en Lisboa.

Comentarios Reales de los Incas, la obra más importante e interesante del Inca Garcilaso, primera edición en 1609 (Biblioteca Nacional, Madrid)

Comentarios Reales, la obra más importante e interesante del Inca Garcilaso, primera edición en 1609 (Biblioteca Nacional, Madrid)

Se trata de una obra extraordinaria, de enorme interés y hermosa prosa, fundamental para todo aquel que quiera adentrarse en el mundo de los Incas. Para los lectores hispanohablantes, además, es una satisfacción poder leer ese español del siglo de Oro en su versión original, sin tener que recurrir a traducciones como en el caso de estudiosos extranjeros.

Segunda impresión en Madrid (1723)

Segunda impresión en Madrid (1723)

Una de sus tempranas traducciones a lenguas extranjeras

Una de sus tempranas traducciones a lenguas extranjeras, en este caso al francés en 1633

La obra ha tenido algunas críticas en cuanto a la validez de sus informaciones: se ha objetado que Garcilaso escribiese sus Comentarios 40 años después de dejar el Perú, y que sus recuerdos estarían ya olvidados o muy influidos por su estancia en España. Prueba de ello sería su visión idílica del imperio Inca, que parece intentar encajar en los cánones éticos de la España renacentista. Pero lo cierto es que Garcilaso muestra voluntad de contar todo ello con objetividad, y contrastando opiniones con otros autores a quienes cita en la obra con gran honestidad por su parte (no era infrecuente copiar textos de otros autores en la época sin citar su procedencia: un ejemplo es Herrera, cronista oficial). Garcilaso tenía en su casa 500 ejemplares para vender, quizá esperando a hacerlo con la Segunda Parte, próxima a salir publicada.

Un año después de su muerte ve la luz su segunda parte de los Comentarios Reales, que sale con el título "Historia General del Perú", donde narra los hechos acaecidos desde la llegada de los españoles.

Un año después de su muerte ve la luz su segunda parte de los Comentarios Reales, que el Inca había terminado en 1612. Sale de imprenta con el título “Historia General del Perú”, donde narra los hechos acaecidos desde la llegada de los españoles. El libro se publicó en Córdoba en 1617.

Poco tiempo después de publicar su obra más famosa, en 1612 el Inca Garcilaso completa la Segunda Parte de los Comentarios Reales, dedicada a la conquista del Perú, las guerras civiles habidas entre españoles y la resistencia de los Incas de Vilcabamba. En el prólogo se dirige “A los indios, mestizos y criollos de los reinos y provincias del grande y riquísimo imperio del Perú, el Inca Garcilasso de la Vega, su hermano, compatriota y paisano, salud y felicidad.” Pero Garcilaso murió antes de ver esta segunda parte impresa, pues sería publicada por su hijo en Córdoba un año después de su fallecimiento (1617). El título original fue cambiado, y en lugar de “Segunda parte de los Comentarios Reales”, salió publicado como Historia General del Perú.

En ese año en que terminó la segunda parte de sus Comentarios, 1612, Garcilaso compró la capilla de las Ánimas en la Catedral de Córdoba, manifestando su deseo de ser enterrado allí. No sabemos que enfermedad padeció, aunque tenía un acusado temblor en la mano desde hacía tiempo que a veces le impedía firmar documentos. Llegado el momento, su hijo se encargó del entierro, cuya lápida reza así: El Inca Garcilaso de la Vega, varón insigne, digno de perpetua memoria. Ilustre en sangre, perito en letras, valiente en armas. Hijo de Garcilaso de la Vega, de las Casas de los duques de Feria e Infantado, y de Elisabeth Palla hermana de Huaina Capac, último emperador de las Indias. Comentó La Florida, traduxo a León Hebreo y compuso los comentarios reales. Vivió en Córdoba con mucha religión. Murió ejemplar, dotó esta capilla. Enterróse en ella. Vinculó sus bienes al sufragio de las ánimas del purgatorio. Son patronos perpetuos los señores Deán y Cabildo de esta santa iglesia. Falleció a 23 de abril de 1616. En realidad en la lápida figura el 22 de abril, pero se trata de un error. La fecha que se da como casi segura es el 23, pues aunque en la partida de defunción de la catedral de Córdoba figura el día 24, se solía escribir la palabra “murió” por dar a entender que “se enterró” (algo similar ocurre con las partidas de Quevedo y Lope de Vega, según hace notar Astrana Marín).

Arqueta con parte de los restos de Garcilaso en la catedral de Cuzco, donados por los reyes de España en 1978.

Arqueta con parte de los restos de Garcilaso en la catedral de Cuzco, donados por los reyes de España en 1978.

En 1978 el obispo de Córdoba y el Deán de la Catedral hicieron entrega de una pequeña bolsa con parte de los restos del Inca Garcilaso al embajador del Perú en España para que fuesen entregados por el rey Juan Carlos I al Presidente de la República del Perú con motivo de su viaje al país. El 25 de noviembre de 1978 se realizó la entrega. Hoy la arqueta se encuentra en una cripta de la catedral del Cuzco. Seguramente Garcilaso estaría satisfecho de saber que parte de sus restos descansan en su querido Cuzco natal, en aquella catedral que comenzaba a construirse cuando partió de la ciudad, entre ruidos de canteros y albañiles que iban levantando el nuevo templo cristiano, pero con bloques incas reutilizados. Una mixtura de la que el Inca Garcilaso fue el primer gran exponente en el mundo literario…

© José María Fernández Díaz-Formentí. Prohibida su reproducción total o parcial, del texto y/o imágenes.

Exposición La Biblioteca del Inca Garcilaso de la Vega, Biblioteca Nacional, Madrid © Formentí 001

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