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Fotografiando jaguares en el Pantanal de Brasil / Jaguar photography in Brazil’s Pantanal

25 de noviembre de 2010


Por José María Fernández Díaz-Formentí

El jaguar (Panthera onca) es mi animal favorito desde que era niño. Por entonces me regalaron un libro ilustrado con estupendas imágenes e historias de este animal, que me cautivó. Además de su belleza y fortaleza, me apasionó el mundo en el que ejercía sus dominios, en las selvas de la América tropical. Aquello fue el inicio de un inagotable interés por la naturaleza de aquel continente, que se transformó en el destino preferente de mis viajes.

Durante mis viajes por la América tropical, siempre pregunto por el jaguar. “¿Hay jaguar en esta zona?, ¿alguien lo ha visto últimamente?…” No es que vaya buscando específicamente al jaguar, pero cuando me encuentro en sus dominios me es inevitable recordar aquellas imágenes y preguntar por su rey. Después de hablar con docenas de guías y lugareños, he podido escuchar bastantes anécdotas sobre este felino, que acrecentaban aún más mi deseo de llegar a verlo. Pero los intentos nunca lograban su cometido. Pude ver sus huellas en muchas selvas pero no a su autor. Una noche, en el Parque Nacional Madidi, en Bolivia, pude escuchar los jadeos de uno en la espesura de la selva durante una caminata. En el parque del Manu (Perú), un lugar considerado de los buenos para ver jaguar, escudriñé minuciosamente las orillas del río, durante las 4 visitas que hice al Parque… pero nada (pese a los comentarios de otros viajeros en el libro de visitas, que narraban entusiastas avistamientos pocas horas antes de pasar yo por el mismo lugar…). Me quedaba el relativo consuelo de admirar su belleza en los zoológicos, pero seguía deseando que algún día tuviese la suerte de verlo libre en su selva…


Guacamayos Jacinto (Anadorhynchus hyacinthinus), Puerto Jofre, Pantanal, Mato Grosso 022

El pasado mes de agosto organicé un viaje a Brasil, con 4 destinos: la Mata Atlántica, el Pantanal, la reserva de Mamirauá (Amazonas) y Manaos. Aunque mi objetivo al visitar el Pantanal no era específicamente avistar el jaguar, sí sabía que este es uno de los mejores lugares de América para ello, así que, ya que iba a visitar el Pantanal, comencé a informarme sobre el asunto para intentar conseguir verlo esta vez, y si podía, incluso fotografiarlo. Primero contacté con un guía, Julinho (info@pantanaltrackers.com.br), de quien había encontrado buenas referencias en Internet, con exitosos avistamientos de jaguares, pero este guía tenía el mes de agosto totalmente ocupado. Buscando otras alternativas, encontré una excursión organizada por Joe Mac Donald al Pantanal para fotografiar jaguares. Este es un fotógrafo profesional de EEUU especializado en fauna y safaris, de quien tengo varios libros de técnicas en esa disciplina, así que la cosa prometía. Pero a mí me gusta viajar a mi aire, y además supuse que esos viajes fotográficos organizados por un profesional de alto prestigio, con número reducido de plazas serían carísimos, así que seguí investigando.

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El fotógrafo norteamericano Joe Mac Donald con sus alumnos, fotografiando fauna en el Pantanal

Mac Donald describía la excursión con algunos detalles que me permitieron identificar la agencia local en el Pantanal que organizaba estas excursiones. Esta agencia dispone de un paquete que consiste en una estancia en la “Fazenda Santa Tereza”, en pleno corazón de la famosa Carretera Transpantaneira combinada con una excursión al Jaguar Research Center, del que luego hablaré. Al comprobar el plan del circuito propuesto, comprobé que era exactamente el que hacía Mac Donald, así que aquello tenía buena pinta. Me puse en contacto con la persona que coordina los circuitos, un chileno llamado Juan García  (juan.jaguarpantanal@gmail.com) y finalmente hice una reserva de plaza para un circuito de 6 días/5 noches. El costo fue bastante elevado, pero Brasil es un país caro (mucho más que todos los países de su entorno), y los tours por el Pantanal alternativos más baratos permitían ahorrar unos pocos cientos de euros, pero sin la casi seguridad de ver jaguar que ofrece esta agencia. Paso a continuación a describir como fue la experiencia.

Cartel de entrada a la carretera Transpantaneira 001

POR LA CARRETERA TRANSPANTANEIRA

Una vez llegados mi mujer y yo a Cuiabá, un chofer nos recogió y nos llevó por carretera asfaltada hasta la población de Poconé, a unos 70 km. Es el último lugar donde aprovisionarse de cosas que podamos necesitar (pilas, sombrero, crema solar, etc.), pues más adelante ya no habrá comercio alguno. Al poco de dejar Poconé, se termina el asfalto y la carretera se transforma en una pista polvorienta, aunque de firme aceptable (apta para cualquier turismo): es la famosa Carretera Transpantaneira. Apenas 1 km después de pasar una portada con una valla de control se hace obligado hacer una parada prolongada, pues en torno a la pista se encuentra el mejor y más extenso aguazal de toda la ruta. La cantidad de aves (garzas, garcetas, jabirúes, etc) y de caimanes yacarés es enorme, llegando a amontonarse literalmente en las orillas. Esta abundancia de fauna tiene una explicación sencilla: las aguas bullen literalmente de peces, que se agitan por doquier. A partir de las 4 de la tarde, y hasta las 5:30, cuando ya oscurece, la luz es baja y cálida, embelleciendo el lugar.


Proseguimos 50 km más por la carretera Transpantaneira. Estaba sorprendido de la cantidad de fauna: aves por todas partes, monos cruzando la carretera, capibaras, venados… incluso vimos un tapir. No hay mucho tráfico, pero si desciendes a hacer fotos de algún animal y se aproxima un camión debes abandonar y correr a refugiar tu equipo en el vehículo de la nube de polvo que se levanta. La carretera va cruzando pequeñas charcas, que supera mediante pequeños puentes de tablones de madera (hay más de 100).

Carretera Transpantaneira rumbo a Porto Jofre, Pantanal, Mato Grosso © Formentí 009

Las “fazendas” ganaderas que rodean la pista están abundantemente arboladas con tabebuias (Tabebuia impetiginosa), que en agosto están sin hojas pero sí en plena floración, cuajadas sus copas de flores rosadas. El atardecer es espléndido en el Pantanal, pues no hay nubes y el sol desciende viéndose como un gran disco rojo entre las tabebuias.

Al oscurecer llegamos a la Fazenda Santa Tereza. Parte de sus instalaciones se han reconvertido en el llamado hotel Santa Tereza (150 euros/noche), que hoy ha cambiado su nombre a “Pantanal Wildlife Center”, seguramente porque ese nombre vende más a turistas extranjeros. Junto al hotel hay una torre metálica construida frente a un nido de jabirú, que permite hacer estupendas tomas del mismo por la mañana temprano (es la mejor luz), sin necesitarse ópticas de más de 300 mm. Cerca del hotel hay un bosque de “cerrado” con senderos para recorrerlo y el río Pixaim, con abundante fauna que podemos avistar desde embarcaciones.

Martín

Martín Pescador Verdirrufo (Chloroceryle inda). Río Pixaim.

Al día siguiente continuamos 60-70 km más por la carretera Transpantaneira, hasta llegar al final de la misma, en Porto Jofre, enclave que no es ni siquiera una aldea, sino un hotel con alguna vivienda de trabajadores del mismo o de motoristas de lanchas de transporte. Y es que este lugar se encuentra en las orillas del río Cuiabá, importante afluente del río Paraguay. Aquí embarcamos en una lancha alargada de casco metálico, muy cómoda (2 sillas para 2 personas, 1 por fila y giratorias). Coloque mi trípode con un objetivo de 500 mm f/4 y comenzamos a ascender río arriba hasta llegar a un primer afluente a la derecha. Se trata del río Piquirí, en el que nos adentramos unos cientos de metros entre su vegetación acuática, avistando numerosas aves. Luego regresamos al río Cuiabá. En este lugar comienza el llamado “Parque Estadual Encontro das Aguas”, un parque natural que agrupa los ríos Cuiabá y otros 2 afluentes, el Tres Irmaos (Tres Hermanos) y el Corixo Negro, que se le incorporan en un mismo lugar, confluyendo los 3 ríos.

Caño San Pedrinho (Tres Irmaos)

Caño San Pedrinho (río Tres Irmaos)

EL JAGUAR RESEARCH CENTER (JRC)

Poco antes de llegar al encuentro de los 3 ríos, se encontraba anclado un gran barco de pasajeros para pescadores, el “Pantanal 5 Estrelas”. Como estábamos en época baja de pesca, el barco fue alquilado por el biólogo y conservacionista de EEUU Charles Munn para usarlo de hospedaje y base de operaciones para las salidas de visitantes en busca del jaguar, así como de eventuales investigadores. Es el llamado Jaguar Research Center (Centro de investigación del jaguar). En la época de pesca, el JRC se establece en tierra firme, en un campamento de amplias tiendas de campaña similares a las de los safaris africanos. Nos acomodamos en un pequeño camarote. El barco es algo viejo y decrépito, pero tiene su encanto y la atención por la tripulación es exquisita. El precio por día aquí (incluyendo comidas y excursiones) es muy elevado (700$!).

JRC

El barco de pesca utilizado por el Jaguar Research Center (JRC)

Tras el almuerzo acudió Charles Munn a hablar con nosotros y explicar su proyecto con el JRC. Este biólogo ha dedicado buena parte de su vida profesional a descubrir zonas de alta valor ecológico en Perú, Bolivia y Brasil, para proponer a las autoridades su protección y a la vez organizar investigación y ecoturismo que redunde en beneficios para la población local (transporte, guías, etc). Fue uno de los “descubridores” y promotores de la protección de Tambopata (Perú) o Madidi (Bolivia).

Munn ha recalado en este lugar atraído por la alta densidad de jaguar. La razón de la misma es que se trata de una zona alejada, donde las “fazendas” ganaderas dejaron de ser rentables y se fueron abandonando, a la vez que el territorio era protegido como parque natural por el estado de Mato Grosso. Como las “fazendas” están lejos, los ganaderos no tienen problemas con los jaguares que aquí viven, pues estos, además, disponen de abundantísima comida. Su principal presa (quizá un 90%) son los caimanes, que hay por doquier. El resto, capibaras, peces y algún ave.

Caimanes yacarés y capibara

Caimanes yacarés y capibara, algunas de las presas más habituales del jaguar, y muy abundantes en el Pantanal.

Un factor que ha ayudado a que sea más fácil aquí encontrarse y observar un jaguar es la habitual presencia de pescadores, que recorren los ríos en botes y sin armas, de forma que los jaguares se han acostumbrado totalmente a su presencia, e indirectamente también a los observadores de jaguares.

El sistema de localización consiste en salir desde el barco varios botes con visitantes, equipados con radios. Los botes se reparten por los 3 ríos y sus caños secundarios, escrutando las riberas en busca de jaguares. Cuando un grupo localiza un felino da aviso por radio a los demás, indicando el río y el lugar. Inmediatamente parten todos hacia allá a toda máquina. Estadísticamente, el promedio de la duración de una observación es de 40/50 minutos, pero las hay de breves minutos o de hasta 8 horas: a veces el jaguar dormita largo rato hasta levantarse y hacer algo. El personal de JRC ha comprobado que si los botes permanecen a más de 8 metros de distancia no parece que estos interfieran con la actividad del animal. El acercamiento del bote debe ser pausado pero directo, de forma que el jaguar tenga controlado al bote, pues si este intenta ocultarse despertará el recelo del felino y se irá. Lo habitual es ver al jaguar reposando, deambulando por la orilla y alguna vez cazando.


Mediante este sistema JRC garantiza unas posibilidades de ver jaguar de un 70% permaneciendo 2 noches en el lugar, elevándose a un 97% si el visitante se queda 1 noche más. Si después de 3 noches no se ha visto, la organización invita 2 noches más sin coste al turista. Los datos de observación y fotos obtenidas son recogidas para reconocer individuos (manchas, cicatrices…), su territorio de campeo y actividades. Aunque habíamos contratado 2 días/1 noche en el JRC, tuvimos la suerte que un fallo de coordinación imposibilitaba darnos hospedaje los siguientes días en la “fazenda” Santa Tereza, así que nos propusieron quedarnos 2 noches más sin costo adicional, sustituyéndolas por las de la fazenda, permuta que aceptamos encantados, claro. Durante esos 4 días en el JRC compartimos estadía y avistamientos con un grupo de norteamericanos: se trataba precisamente del grupo de Joe Mac Donald, guiados por este fotógrafo y su esposa Mary Ann. También había un equipo de filmación alemán.

EN BUSCA DEL JAGUAR

Tras esa interesante conversación con Charles Munn, partimos en busca del jaguar. La primera tarde avistamos la abundante fauna pantaneira (caimanes yacaré devorando peces gato, zopilotes devorando caimanes muertos, capibaras y numerosas aves), pero no hubo ningún aviso de jaguar. Al anochecer estábamos regresando al barco, un poco preocupado por no haber recibido aviso alguno esa tarde. Comencé a sospechar que la cosa no iba a ser tan sencilla y a recordar mis experiencias frustradas en el Manu…

Caiman yacaré devorando un pez gato

Caiman yacaré devorando un pez gato

Caimán yacaré (Caiman crocodilus) devorando un pez gato, río Tres Irmaos, Parque Estadual Encontro das Aguas, Pantanal, Mato Grosso, Brasil © Formentí 195

El lunes 16 de agosto fue el gran día. Salimos hacia las 6:30 en nuestra lancha, y ya pronto hubo un aviso de avistamiento: llegamos rápido al sitio, pero ya se había ido. Más tarde estuvimos recorriendo el río Tres Irmaos. Hacia las 11 de la mañana recibimos un nuevo aviso de avistamiento, en el caño de Sao Pedrinho, tributario del río en que nos encontrábamos y a no mucha distancia. Salimos rápidamente hacia allá. Entonces comprobé que cuando los botes de otras compañías de ecoturismo ven alguno de JRC a toda máquina lo siguen, pues saben que hubo algún avistamiento. Así que al poco rato ya teníamos 2 o 3 botes siguiéndonos, además de alguno más de JRC. Al llegar al lugar vimos un par de botes detenidos en la orilla derecha y reducimos la velocidad acercándonos a ellos. Era un momento muy emocionante y el corazón latía con fuerza. En ese momento, los primeros en llegar no estaban viendo ya al jaguar, pero observaban las riberas minuciosamente pues no les parecía que se hubiese ido lejos, así que nos pusimos a los mismo junto con el resto de las embarcaciones que nos habíamos reunido allí (unas 8). La gente guardaba un tenso silencio, sólo interrumpido por los crujidos de los botes.

De pronto, un jaguar saltó frente a mí, en la orilla de enfrente. Estaba oculto entre la vegetación, acechando a un caimán yacaré. El jaguar dio un gran salto a una pequeña playa de barro que estaba ante mí y desde ella se lanzó al agua con una increíble rapidez. La aparición, que ví casi de reojo, duró fracciones de segundo antes de producirse un violento chapoteo en la orilla, producto de la entrada del jaguar al agua y de un fuerte coletazo que dio el caimán para sumergirse y huir. Nadie se lo esperaba, pues no sabíamos donde estaba el jaguar cuando saltó como una exhalación al agua desde la vegetación. De haberlo podido anticipar, las fotos podrían haber sido espectaculares en una ráfaga: me quedo con el recuerdo de verlo en pleno salto a la playa y al agua. El momento fue emocionante, y quizá por el precipitado buceo del caimán, los peces agitaron el agua y uno de ellos saltó al interior de nuestro bote.

Rápidamente encuadré mi objetivo de 500 mm hacia la zona en que el felino y el yacaré habían desaparecido bajo las aguas. Al segundo, el jaguar asomó la cabeza y comencé a hacerle fotos. Había fallado el ataque. Miró brevemente a los lados y de frente, luego ladeó el cuerpo, giró y salió del agua a la playa fangosa desde la que saltó al río. A continuación se sacudió el agua y se sentó sobre sus cuartos traseros, de perfil hacia mí, como descansando del ataque. Por un momento miró a los botes, e inmediatamente comenzó a caminar. Remontó la playa de fango y se adentró en el bosque ribereño, aunque no mucho, pues le podíamos ver parte del lomo moteado entre la espesura.

Poco después asomó la cabeza entre la vegetación herbosa de la ribera, como buscando a otro caimán. Después caminó y trotó brevemente por la ribera herbosa y se adentró al bosque. Durante unos minutos caminó paralelo al río, aunque bajo la sombra del bosque, así que lo íbamos siguiendo corriente arriba a golpe de remo. Hacerle fotos entonces era muy complicado debido al movimiento de la canoa (que el objetivo de 500 mm multiplicaba), la interposición de ramas y maraña del bosque y la umbría o claroscuro en la que caminaba el jaguar. Finalmente el felino desapareció adentrándose más en el bosque. Todo el proceso debió durar 5-8 minutos.

Durante un rato escudriñamos la zona por si volvía a aparecer. Subimos después al final del caño Sao Pedrinho, por si el jaguar aparecía allí, cosa que no ocurrió. Más tarde regresamos al barco a almorzar y descargar las fotos. El personal y motoristas de JRC pensaron inicialmente que se trataba de una hembra conocida como “Borboleta” (“Mariposa”, en alusión al dibujo que hacen las manchas entre sus ojos), pero examinando las fotos no les parecía cuadrar con “Borboleta”. Un guía comentó que podría ser una hija de Borboleta, pues era aún joven (la nariz es rosada, y al madurar se oscurece). Cuando un visitante envía fotos de un jaguar desconocido hasta entonces, puede asignarle un nombre, así que si se confirmaba que era un nuevo ejemplar, propuse llamarla “Carmen”, el nombre de mi mujer, que me acompañó en ese avistamiento.

Tras el almuerzo regresamos a los ríos, pero esa tarde no hubo nuevos avisos de avistamientos de jaguar, aunque sí pudimos disfrutar de su abundante vida salvaje. Al día siguiente (17 de agosto), por la mañana hubo hasta 4 avisos de avistamiento. Cada vez que había alguno se aceleraba mi corazón, pero según pude comprobar a lo largo que avanzaba el día, esos avisos no garantizan que llegues a tiempo, pues de hecho nunca lo pudimos ver, y tampoco otros botes, con excepción de aquel que lo había avistado inicialmente: cuando alcanzábamos el lugar permanecíamos observando las orillas un rato sin éxito, y la ilusión se iba transformando en decepción. Solamente llegamos a ver al del último aviso: se trataba de un ejemplar radiomarcado con un collar, pero mi avistamiento se limitó a 0,5 segundos en el que alcancé a ver su lomo desapareciendo en la espesura. Por la tarde no hubo nuevos avisos, aunque seguí disfrutando de la abundante fauna del lugar, familias de nutrias gigantes incluidas.

Nutria

Nutria gigante del Amazonas o lobo de río (Pteronura brasiliensis) devorando un pez

CONCLUSIONES

Deduje entonces que muchos de los avisos corresponden a avistamientos muy breves o fugaces, y que los que realmente pueden permitir hacer algunas fotos o que otros botes lleguen a tiempo de verlo son realmente pocos (ej. cuando el jaguar está descansando, dormido o cazando caimanes). Por tanto, el esperanzador dato de 4-5 avistamientos por día no conlleva que todas las embarcaciones lleguemos a tiempo de verlo. Sin duda el lugar es bueno para ver jaguar, pero sigue siendo posible irse del mismo sin haberlo divisado, o quizá sí habiéndolo visto brevemente, pero sin dar tiempo a fotografiarlo. Pienso que esto debe tenerse en cuenta, pues considerando el alto precio pagado, algunos visitantes pueden marcharse decepcionados por no haberlo visto o haber tenido un avistamiento breve o mediocre. El que habíamos tenido el día previo fue estupendo, pero haciendo números, sólo había sido 1 de un total de 7 avisos en casi 3 días.

El último día (18 de agosto) salimos a las 6 de la mañana para hacer un último intento de avistar algún jaguar. Recorrimos el río Cuiabá durante unas 2 horas, pero sin éxito, y sin recibir tampoco avisos. A las 8 partimos desde Porto Jofre por la carretera Transpantaneira hacia el Pantanal Wildlife Center (fazenda/hotel Santa Tereza), donde permanecimos algo más de 24 horas recorriendo sus senderos, fotografiando el nido de jabirú, navegando lentamente por el río Pixaim, etc. En los senderos que se adentran en el bosque de “cerrado” cercano al hotel, encontré huellas de jaguar y un enorme excremento. Finalmente, el día 19 regresamos por la tarde a Cuiabá para volar a Manaos en la noche.

Mono au

Mono aullador negro (Alouatta caraya)

La experiencia en el Pantanal esos 6 días fue magnífica. Realmente es un estupendo lugar para avistar y fotografiar fauna. Recomiendo llevar trípode y objetivos de 200 mm en adelante. En mi caso el que más utilicé es un 500 mm f/4 con estabilizador, continuamente montado con una cámara sobre un trípode en la proa de la embarcación (asegurarlo siempre al cuello, pues en los vaivenes podría irse todo al agua, como casi me ocurre en una ocasión). Las excursiones al Pantanal brasileño son costosas, pero volveremos con cientos o miles de fotos de caimanes yacaré, nutrias gigantes amazónicas, aves de numerosas especies, monos, etc. Lo del jaguar sigue teniendo un componente de suerte: aunque haya unos cuantos avisos durante nuestra estancia en JRC, no siempre llegaremos a tiempo, y si lo hacemos, tampoco siempre será una situación propicia para hacer buenas fotos. Sólo en un porcentaje pequeño se cumplirá todo, esto es, que lleguemos a tiempo y que la actitud del jaguar permita hacerle fotos, sin estar en condiciones imposibles (es decir, viéndose una parte del lomo entre la maraña, yéndose a la espesura, etc). Yo tuve mucha suerte el día 16 en esos 5-8 minutos, pero podía haberla no tenido, según deduje al final (pensé que veríamos un par de jaguares al día, y aunque hay visitantes que sí lo consiguen, no siempre ocurre). Creo que quien visite este lugar debe tenerlo en cuenta: el costo es elevado, y gracias al sistema de avisos por radio se incrementan las posibilidades de ver jaguar, pero como suele ocurrir con la fauna esquiva o escasa, no hay una total garantía. De todas formas, si tu economía lo permite, la experiencia es fantástica, no sólo por la emoción de poder llegar a ver al rey del lugar, sino por la maravilla de estar rodeados de sus súbditos.


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11 comentarios
  1. Nicolas Quinte permalink

    Me quedo con el Manu como lugar para ver jaguares, gozando de la tranquilidad de la naturaleza, sin botes corriendo de un lado a otro y con buenas posibilidades de fotografiarlos si los encuentras.
    Muy bueno tu articulo Chema me gustaria estar alli para ver todo lo que describes.

  2. Fernando Ballesteros permalink

    Fantástica descripción de tu viaje y tu experiencia Chema. A todas las dificultades que comentas para la observación hay que sumar la habilidad necesaria para fotografiar desde un bote, sin saber muy bien por donde saldrá el bicho y controlando luz, enfoque, composición… Tus fotos son excelentes, pero no estoy seguro de que todos hubieramos podido aprovechar igual de bien el avistamiento.
    De todas formas, la idea de Munn de alquilar el barco y llevar grupos de turistas dispuestos a dejar mucho dinero para ver el jaguar me parece muy buena.. ¿Repercute eso en la conservación de la zona o en la gente que vive alli? Supongo que si, al menos eso dará valor económico a esos espacios protegidos. De nada sirve un avistamiento tan emocionante si no se hace en un paisaje y un territorio extenso, natural y con la sensación de que todo ello perdurará al menos para las próximas generaciones.
    Un abrazo

    • Hola Fernando. Gracias por tus comentarios e interesante pregunta. Pues mira, lo que me preguntas creo que tiene una cara y una cruz: En la conservación sí que repercute algo, pero más que por la implicación de las administraciones, por la percepción directa de esos beneficios en la población local, que consiguen trabajo en forma de motoristas de canoa, transporte, tripulación, guías, etc. Digo que no tanto en las administraciones porque creo que a Brasil aún le queda mucho camino en lo que a protección del medio ambiente se refiere: no percibí mucha concienciación todavía a nivel político ni en el grueso de la población: el país es tan inmenso y con tanta naturaleza que la mayoría de la gente no percibe que todo eso puede llegar a estar amenazado.
      El Pantanal tiene mucha ganadería, así que los conflictos con el jaguar están servidos. Pese a estar protegido, se continúan matando muchos jaguares en el Pantanal. La ventaja que tiene esta zona del Encuentro de las Aguas es su lejanía y abandono de las haciendas ganaderas, de forma que el terreno vuelve a estar disponible para el jaguar y sus presas naturales, sin interferencias con hombres y ganados. Pero no nos engañemos: los beneficios económicos de la población local dependen mayoritariamente de la pesca más que del turismo: en una estación se dedican a llevar a pescadores a recorrer el río y durante la veda a llevar turistas a ver animales. La entrada de dinero en sus economías es mayor por la pesca que por el turismo, no porque haya poco turismo, sino porque hay muchísimos más pescadores.
      ¿Y cuál es la cruz? Pues que el turismo de JRC es de élite, económicamente hablando. Creo firmemente en los beneficios del turismo de naturaleza como medio de concienciación y de aporte de beneficios a la población local, pero me irrita que sólo visitantes económicamente fuertes puedan disfrutar de esas experiencias. Visitar el JRC supuso un gran sacrificio económico para mí, del que aún no me he recuperado en estas épocas de crisis: de hecho estuve a un tris de cancelar mi excursión allí por cuestión económica, pues me parecía carísimo, acostumbrado a los precios de Perú, Ecuador o Bolivia, por ejemplo. Fue mi mujer quien me animó a dar el paso, pues sabía mi ilusión por llegar a ver el jaguar, pero aún me escuece el alto precio pagado. Viajar al Pantanal es caro, pero al JRC es muy caro. Cierto es que JRC no tiene la exclusiva del lugar, pero sí una buena organización. Sin embargo, el público al que están destinadas sus excursiones es al angloparlante de EEUU y Europa, y además económicamente pudiente, y eso me entristece…
      Un abrazo y gracias de nuevo por sacar a debate este tema tan interesante y extrapolable a otros lugares con valores naturales…

    • Ojalá la presencia de los visitantes y el desarrollo turistico representen bienestar para los habitantes locales y conservación de estos espacios. Saludos desde Colombia

  3. Acabo de descubrir tu blog, amigo Chema. Realmente buenas esas fotos y la narrativa de esta entrada sobre los jaguares. Sin duda debe ser una experiencia única. Ojalá estos lugares naturales perduren para siempre. El turismo puede ser una vía importante para el desarrollo de estos pueblos de Latinoamérica, pero tiene que ser de forma sostenible desde el punto de vista medioambiental y social, haciendo que sus beneficios repercutan sobre la población local. Gran debate…
    Gracias por compartir tus experiencias de viajes y fotografía.
    Un abrazo

    • En efecto, Arístides, gran debate, abierto ya hace bastantes años en el mundo conservacionista. Todos estamos de acuerdo en que lo ideal sería ese desarrollo de la población local gracias a la conservación y turismo asociado, pero si profundizamos en el análisis se abren nuevos canales de discusión. El primero: ¿cuántos turistas/año son necesarios para que las poblaciones colindantes (que pueden ser incluso ciudades con un número notable de habitantes) puedan vivir de ello? Si las poblaciones son relativamente pequeñas no habrá problema: habrá “pleno empleo” asociado a ese turismo y sus necesidades auxiliares, pero si cerca está una ciudad importante, para que decenas o cientos de miles de habitantes lo perciban así deberían llegar miles y miles de turistas al año. Es el caso que nos ocupa: colindando con el Pantanal están Cuiabá (530 000 habitantes) y Campo Grande (740 000 hab). Primera cuestión: ¿cuántos turistas puede aceptar el espacio natural al año para que no se altere el mismo? ¿Va a ser un turismo de élite, al alcance sólo de quien pueda disponer de bastante dinero? ¿basta ese número para satisfacer a más de 1 millón de habitantes, o les es económicamente más rentable las plantaciones de soja, la ganadería masiva y el turismo de pesca?. Y si realmente, en el caso de poblaciones menores, sí podría ser sostenible vivir del turismo, ¿qué ocurriría si aparece petróleo, o si sube el precio de la soja y se potencian más y más los biocombustibles?. Hay que tener en cuenta que Iberoamérica tiene grandes bolsas de pobreza y de déficit de infraestructuras y de necesidades sociales, de educación y sanidad. Lamentablemente, el desarrollo basado en el turismo sostenible puede funcionar en algunos lugares, pero en otros es muy difícil. Y si los países ricos queremos ayudar a esa conservación deberíamos aportar mucho, MUCHO dinero en ayudas al desarrollo, tanto que nuestras economías y bienestares menguarían bastante más que lo que la actual crisis nos ha hecho. Así que soy escéptico: la naturaleza se seguirá destruyendo todavía durante décadas. Se irán salvando los parques y áreas protegidas, pero es triste pensar en la naturaleza que verán nuestros hijos, “enlatada” y aislada, pidiendo turno para visitarla y recorriéndola por pasarelas… Ojalá me equivoque, Arístides, y muchísimas gracias por tu comentario, que abre el melón del debate…

  4. Increíbles, preciosas y dignas de elogio. Tras leer tu entrada sobre los jaguares me acabas de dejar completamente hipnotizado por la belleza de estos animales. Una suerte (envidia sana) poder hacer una viaje como este. Un saludo

  5. Oscar permalink

    Estimado José María.

    Le felicito por su narración ya que casi me sentí en el mismo lugar que describe, disfrutando de las fotografias y de los comentarios, permitame decirle que me encanta todo lo referente a los grandes felinos, en especial el puma y el jaguar, uno de mis sueños es ver en su ambiente natural a estos animales.

    Reciba cordiales saludos

  6. Raul zapata revoredo permalink

    muy buena informacion. yo tambien estuve en el manu y es hermoso

  7. Creo que no hay una mejor manera de describir este relato con pelos y señales,muy bien Jose

    Maria .El dia que vaya a intentar ver el jaguar ya te pediré que me pases algo de

    información ,gracias.No había dado con tu blog pero un compañero fotográfo me lo comento y me

    parece estupendo,tal como explicas todos los detalles de cualquier viaje.Te felicito.Ahora te

    seguiré para ver cualquier publicación que hagas en tu blog.

    Recibe un saludo ,

    Roberto,

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