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La trepanación y cirugía de cráneo en el Antiguo Perú / Trephining and skull surgery in Ancient Peru / La trépanation et la chirurgie du crâne dans le Pérou antique

23 de octubre de 2011

En ningún lugar como en el Perú prehispánico se insistió tanto en el empleo de la trepanación de cráneo, y la proeza técnica en su ejecución era probablemente insuperada por entonces en otros lugares del mundo, incluida la Europa del Renacimiento. En este artículo, publicado en el año 2000, abordo la cirugía de cráneo del Perú Antiguo desde un punto de vista interdisciplinar, conjugando aspectos médicos con los arqueológicos, antropológicos y culturales. La principal investigación de campo la realicé en el año 1986 en el Museo Peruano de Ciencias de la Salud (hoy ya inexistente), tutelado por el Dr. Fernando Cabieses, y en el departamento de Antropología Física del Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú, cuyos fondos disponen de miles de cráneos y momias de todo el territorio y de distintos periodos históricos. En aquellos años el país estaba atenazado por el terrorismo, con toque de queda, y estaba desaconsejado salir de Lima. En años posteriores pude examinar más material fuera de la capital, y finalmente publiqué mis conclusiones en la Revista de Arqueología en el año 2000, en dos entregas. He convertido los artículos a formato pdf, y su conjunto puede ser descargado gratuitamente.

La trepanación y cirugía de cráneo en el Antiguo Perú / Trephining and skull surgery in Ancient Peru

ENTRE MOMIAS Y TANQUETAS. MEMORIAS Y CRÓNICA DE UN ESTUDIO VEINTEAÑERO.

En estos días (julio de 2020) se cumplen 20 años de la publicación de mi artículo en dos entregas acerca de la trepanación en el Antiguo Perú. En Julio de 2000 salía el segundo número de la “Revista de Arqueología” que completaba la entrega. Pero hasta llegar al mismo, la investigación tuvo su historia…

Allá por 1981, mientras estudiaba COU, ya hice un primer pinito publicando un artículo sobre este asunto en la revista “Historia 16”, pero cuando empecé y avancé la carrera de Medicina, mi interés por el tema aumentó cada vez más. En el verano de 1986 tenía 22 años, y al terminar 5º de Medicina, tuve la oportunidad de regresar por tercera vez al Perú, pero esta vez iba específicamente a estudiar a fondo este asunto. Ya había leído bastante y había conseguido libros de paleopatología fantásticos, como el catálogo fotográfico de la colección peruana de Hrdlicka (una joya), o el Digging up bones de DR Brothwell, pero esta vez quería ver de cerca, medir y fotografiar los cráneos y momias trepanados. Con cartas de recomendación de mi Universidad partí para Lima…

Corrían malos tiempos allá: la ciudad y todo el país estaban bajo toque de queda. Eran los peores años de Sendero Luminoso. En Lima había asesinatos, coches bomba, aparecían perros ahorcados con carteles de amenaza, secuestros, tanques y militares armados por las calles… Yo me hospedaba en casa de unos amigos de mis padres, pero a las 6 de la tarde debía estar de regreso, pues de 6 pm a 6 am cualquier transeúnte podía ser detenido por policías o militares. Estaba prohibido salir de Lima salvo situaciones excepcionales y muy controladas por la autoridad. Me había planteado ir a Cuzco a examinar algunas colecciones de cráneos, pero dada la situación era impensable y peligroso (en la sierra la actividad senderista era mucho más violenta).

Pero pronto me di cuenta que en Lima tenía cuanto necesitaba: unas colecciones de antropología física excepcionales y unos expertos magníficos que se volcaron conmigo en facilidades y amabilidad. Mi segunda casa era el hoy desaparecido Museo Peruano de Ciencias de la Salud, y mi tutor peruano su excepcional director, el Dr. Fernando Cabieses. Nadie sabía más de medicina prehispánica que él, y había elaborado varios libros que eran referencias en el tema, aparte del mejor libro sobre la trepanación de cráneo en el Antiguo Perú que se escribió nunca, cuya autoría comparte con Juan B. Lastres.

El Dr. Fernando Cabieses

Aquel fascinante museo, con especímenes de ensueño (cráneos y momias con trepanaciones, enfermedades diversas, cerámicas prehispánicas con representaciones de enfermedades, etc) y una completísima biblioteca eran para mí un pequeño paraíso en la parte de atrás de la catedral limeña y el palacio arzobispal, en Jirón Junín. La amabilidad natural de Fernando Cabieses se potenció aún más por el hecho de que un joven estudiante de Medicina llegado de España se interesase tanto por este tema, así que nos hicimos buenos amigos, mantuvimos extensas conversaciones y me enseñó los secretos de muchísimas piezas de su museo, que yo iba fotografiando sistemáticamente en mis diapositivas Kodachrome, colocando una tela negra de fondo para resaltar la pieza. Para optimizar mi tiempo almorzaba en el museo un bocadillo de salami, que fue casi mi único menú durante semanas, pues no quería perder tiempo a la hora de comer, dado que con el toque de queda no había tantas horas disponibles y el tiempo pasaba rápido.

Un día se me ocurrió la idea de intentar hacer una trepanación en un cadáver con las herramientas precolombinas o sus réplicas cuyo estado y resistencia asegurase un no deterioro de las mismas. Era la mejor forma de comprobar su efectividad. Fernando Cabieses asintió y nos fuimos a la morgue con un robusto tumi de bronce y algún cincel. Un empleado nos señaló un cadáver de una mujer indigente al que ya se le había hecho la autopsia, y que yacía en una mesa de mármol… pero me derrumbé. Sentí una tristeza enorme por aquella persona y me pareció una intolerable falta de respeto ponerme a trepanar su cabeza por cumplir una curiosidad personal. Le dije a Fernando que no me sentía capaz. Nos miramos unos segundos y lo entendió perfectamente.

Pude conocer y entrevistarme con quien sí había hecho trepanaciones con esos instrumentos, no solo en cadáveres, sino en algún paciente vivo, y que había publicado sus investigaciones en otro libro de referencia sobre el tema: se trataba del neurocirujano Esteban Rocca, que además me obsequió su libro, ya entonces difícil de conseguir. También busqué al hijo de otro de mis autores de referencia, el Dr. Pedro Weiss. Su hijo, también cirujano, trabajaba en un hospital y me brindó informaciones muy interesantes: sobre todo me enseñó el proceso fisiopatológico de curación de una herida ósea craneal, su cronología y la traducción en la huella que deja en el cráneo seco. Aquella lección fue magistral y preciosa para mí: desde entonces supe distinguir perfectamente si había o no supervivencia en cada cráneo, y de haberla, cuanto tiempo había sobrevivido el paciente. Además, el Dr. Weiss me indicó en qué facultades o colecciones podía encontrar algunos cráneos y momias muy interesantes que yo había visto en los libros de su padre. Un espectacular cráneo inca con 4 enormes trepanaciones curadas estaba en su facultad y fue sencillo examinarlo y fotografiarlo, pero faltaba la momia de la necrópolis de Tantamayo…

La momia de Tantamayo

Fui a la Facultad de Medicina de la prestigiosa Universidad Peruana Cayetano Heredia en su búsqueda. Tras presenciar mis credenciales de mi Universidad y las cartas de Cabieses y Weiss, en la administración le pregunté a la secretaria dónde tenían esa momia, y su respuesta fue: “la tiene detrás de usted…”. Cuando me giré casi me caigo del susto: estaba encima de un fichero archivador, colocada casi como un florero. La expresión de su cara, con la boca y ojos abiertos, era dantesca. Esta es una momia espectacular, sentada en posición fetal, con una preservación fantástica de sus tejidos y que exhibe una trepanación extensa a la que no sobrevivió, por lo que su cuero cabelludo permaneció abierto y se ve muy bien la incisión en el mismo. Pedí permiso para bajarla del archivador y poder examinarla y fotografiarla, a lo que la secretaria accedió. Me llevé la momia en brazos, con muchísimo cuidado a un cuarto de baño que estaba al lado, pues para fotografiarla como quería necesitaba luz natural, y el baño tenía un ventanuco por el que entraba algo (la alternativa hubiese sido sacarla a la calle, pero… ¡imagínese el espectáculo!). Ya en el baño desplegué mi trípode y comencé una exhaustiva sesión de fotos, con exposiciones muy largas (al menos 30 segundos), pues el ventanuco dejaba entrar poca luz, que también escaseaba en el invierno limeño de julio-agosto. Utilizaba diapositiva de Kodachrome 64 y cerraba bastante el diafragma para conseguir buena nitidez y profundidad de campo. Cuando terminé, devolví la momia a su ubicación sobre el armario archivador.

Si en el Museo de Ciencias de la Salud había podido examinar y estudiar ejemplares interesantes, la última colección que quise examinar a fondo fue la del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, así que me dirigí al departamento de Antropología Física en la trastienda del Museo y me presenté con mis credenciales a su directora, la Dra. Hilda Vidal. De nuevo encontré todo un mundo de facilidades por su parte, y nos pusimos a examinar juntos docenas y docenas de cráneos y momias. Los depósitos del museo son impresionantes, con miles de cráneos y momias llegados de excavaciones de todas partes del Perú. Me pasé unos cuantos días examinando ejemplares, midiendo sus trepanaciones, curación o no, fotografiándolos en detalle y rellenando fichas. La Dra. Vidal me enseñó una momia que estaba estudiando, un tanto especial: se trataba de un soldado chileno muerto en la guerra chileno-peruana del siglo XIX, cuyo cadáver abandonado en el desierto se había momificado con el calor y sequedad: allí yacía con su uniforme. Parece que tiempo después Chile lo reclamó para ser inhumado en su país de origen, y así se hizo.

Tras unas semanas entre cráneos y momias, militares y toque de queda, regresé a Cartagena de Indias, de donde había partido (mis padres residían entonces allí) y luego a España con mi valioso cargamento de libros, fotocopias y rollos de Kodachrome que ansiaba revelar en un buen laboratorio. Pretendía, tal vez, hacer una tesis de licenciatura (la famosa “tesina”) con el material al acabar 6º de Medicina, pero no tuve tiempo a ello, pues pude comenzar de inmediato mi especialidad dos meses después de terminar la carrera. También me desincentivó el poder, por fin, leer el libro de Lastres y Cabieses sobre la trepanación en el Antiguo Perú: estaba tan bien planteado y escrito, que sentí que mi investigación no aportaba nada adicional. Es un libro-referencia en el tema. Pero sentía la necesidad de sacar a la luz todo ese material. Tardé unos 10 años en regresar al Perú, cuando la situación de violencia mejoró y volvía a ser seguro viajar. Pude entonces fotografiar más cráneos repartidos por otros museos del país, y conocer a especialistas en momias de la categoría de la Dra. Sonia Guillén. Cada vez era más imperioso publicar de alguna forma parte de ese material, y la ocasión surgió cuando coincidí en un viaje por el nor-oriente del Perú con el director de la Revista de Arqueología, editada en España, a quien le pareció de gran interés el tema y me pidió elaborar un artículo. Fue tan extenso que fue preciso sacarlo en dos números de la revista, en junio y julio del año 2000.

Cuando escribo estas líneas se cumplen 20 años de su publicación, pero pienso que sigue plenamente vigente, y ello gracias a los magníficos maestros que tuve en aquellos días de una Lima bajo toque de queda. Desde aquí los recuerdo con afecto y agradecimiento perpetuo, y a ellos va dedicado el artículo.

2 comentarios
  1. Just wish to say your article is as surprising. The
    clarity for your put up is just spectacular and i could assume you are an expert on this subject.
    Fine along with your permission allow me to seize your
    feed to keep up to date with forthcoming post. Thank you a million and please keep up the gratifying work.

  2. Jaime Osterling permalink

    Realmente extraordinario, geografía, historia, leyendas es un cumulo impresionante de lo que es el Perú. Gracias Dios.

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