Skip to content

MACHU PICCHU (II): Los hallazgos arqueológicos de Bingham y la Expedición de Yale / Bingham’s & Yale Peruvian Expedition archaeological discoveries in Machu Picchu

22 de marzo de 2013

Deformación craneana en Machu Picchu, Museo Machu Picchu de la Casa Concha, Cuzco, Perú © Formentí 005b

© Texto y fotografías: © José María Fernández Díaz-Formentí /http://www.formentinatura.com

En julio de 1912 llegaba la Yale Peruvian Expedition a Machu Picchu, según vimos en el anterior artículo, bajo la dirección de Hiram Bingham. De inmediato comenzaron las tareas de desbroce del lugar, que se prolongarían por unos 4 meses. Pero además de despejar la vegetación y cartografiar el conjunto, uno de los objetivos de la Yale Peruvian Expedition era “el acopio (…) de material paleontológico, osteológico, etnológico y arqueológico”, que planeaban enviar al Museo de su universidad para enriquecer sus fondos y ser allí sometidas las piezas a estudio.

Durante esos meses los retenes de trabajadores indígenas supervisados por los investigadores de Yale excavaron en diversos enclaves del recinto arqueológico, aunque los hallazgos fueron relativamente discretos para lo que esperaban. Una de las fotografías tomadas por Bingham en esos meses muestran a un retén excavando en el Templo Principal, supervisados por Erdis (a la izquierda) mientras mascan sus akullicos o paquetes de hojas de coca. Similares catas fueron efectuadas junto a la Roca de la Serpiente, en la base del Templo de las Tres Ventanas, junto a la gran plaza ceremonial, en varias terrazas…

Excavaciones en el Templo Principal de Machu Picchu en 1912 (foto de la Yale Peruvian Expedition); debajo, aspecto del mismo lugar en la actualidad.

Excavaciones en el Templo Principal de Machu Picchu en 1912 (foto de la Yale Peruvian Expedition); debajo, aspecto del mismo lugar en la actualidad.

_MG_2060

Entre los miembros de la expedición figuraba George F. Eaton. Como osteólogo que era estaba más interesado en encontrar tumbas que en las excavaciones de los edificios. Pero ¿dónde se enterraban los pobladores de Machu Picchu?. Eaton sabía que los incas acostumbraban a depositar a sus muertos en cuevas y oquedades selladas bajo rocas salientes, más que sepultarlos bajo tierra, pues en las festividades de difuntos sus deudos acudían a la tumba a acicalar la momia, renovarle la comida o incluso a sacarla en procesión. Aunque sabía qué debía buscar, no era nada fácil localizar esas cavidades selladas en medio de una espesa selva de montaña, de arbustos y mallas de bambús impenetrables.

El osteólogo Eaton con un retén de trabajadores excavando una de las cuevas funerarias de Machu Picchu (1912)

El osteólogo Eaton con un retén de trabajadores excavando y extrayendo huesos en la cueva funeraria nº 11 de Machu Picchu (1912). Foto con flash por Hiram Bingham.

Tras una primera prospección en la ciudad y su periferia inmediata, Eaton descartó encontrar tumbas allí y comprendió que debía buscar en las laderas. Ofreció recompensas económicas a cada indígena empleado en el campamento por cada tumba hallada. Aquellos peones partían ilusionados con sus machetes a buscar tumbas, pero regresaban al oscurecer abatidos, cortados y magullados por la vegetación, sin haber hallado gran cosa. La excepción eran los tres campesinos que llevaban un tiempo viviendo con sus familias en el lugar, Álvarez, Richarte y Fuentes. Conocían bien el terreno y pronto le indicaron a Eaton la ubicación de un conjunto de cuevas funerarias en la ladera nordeste. Durante 4 semanas Eaton inspeccionó medio centenar de tumbas, la mayor parte de ellas en esa ladera y  también en la ladera septentrional de la montaña de Machu Picchu, entre Inti Punku y la ciudad.

Plano del informe osteológico de Eaton con las localizaciones de las tumbas por él inspeccionadas.

Plano del informe osteológico de Eaton con las localizaciones de las tumbas por él inspeccionadas. El autor señala además la ubicación del campamento de la expedición de Yale en las terrazas agrícolas y las cabañas de las familias campesinas que allí vivían (Álvarez y Richarte)

Después de la partida de Eaton se encontró otro medio centenar más de sepulcros en cuevas, aunque la ubicación de los mismos fue recogida con menos precisión que como el osteólogo había registrado los suyos. En total fueron inspeccionadas y excavadas 107 cuevas, distribuidas desde el pie de la ladera (cerca del río Urubamba) hasta zonas elevadas unos 400 m sobre el nivel de la ciudad. Los restos óseos correspondían a unas 174 personas. Aparecían desorganizados, pues las momias eran colocadas sentadas en posición de cuclillas, y al descomponerse sus partes blandas los huesos iban cayendo gradualmente al suelo; además algunas cuevas estaban revueltas por osos andinos (de anteojos), abundantes en la zona. En cualquier caso este centenar largo de cuevas proporcionó una notable colección de material óseo y de piezas de cerámica y metales que acompañaban a los difuntos. No se produjeron hallazgos de tumbas reales o de nobles importantes, pero el estudio de los objetos hallados podía ser importante para entender lo que había sido Machu Picchu.

Bingham fotografiando durante las excavaciones en Machu Picchu. Maqueta del Museo Machu Picchu-Casa Concha en Cuzco.

Bingham fotografiando durante las excavaciones en Machu Picchu. Maqueta del Museo Machu Picchu-Casa Concha en Cuzco.

EL POLÉMICO DESTINO DE LOS HALLAZGOS.

Antes de que la expedición llegase al Perú y comenzasen los trabajos, Bingham planeaba exportar a su Universidad de Yale los hallazgos de sus excavaciones, y de hecho envió unos días antes al ayudante topógrafo Heald para que construyese un puente y un camino desde el río a las ruinas para poder subir hasta ella los equipos de trabajo y cajas de víveres, pero también para “más adelante, bajar hasta el camino de mulas anejo las 90 libras que pesaban las cajas de fragmentos de cerámica y especímenes”. Mediante hábiles contactos diplomáticos obtuvo una licencia para introducir en el país el necesario equipo de trabajo sin problemas aduaneros y contar con el apoyo de un retén de soldados. Parecía que la exportación del material encontrado iba también a discurrir sin trabas, gracias al apoyo diplomático y del propio presidente del país, Leguía.

Pero no todo iba resultar tan fácil. El interesante y bien documentado libro de  Christopher Heaney “Las Tumbas de Machu Picchu” narra la biografía y peripecias de Bingham, el ambiente social que se encontró en el Perú de la época y las dificultades que se encontró para exportar sus hallazgos. En aquellos años en el Perú, y muy especialmente en Cuzco, había una creciente sensibilización social acerca del legado cultural de los pueblos indígenas y una preocupación por estudiar y conservar sus ruinas y restos materiales. En anteriores decenios habían salido del país importantes colecciones de cerámica y objetos precolombinos que enriquecían los museos norteamericanos y europeos. El huaqueo o búsqueda de tumbas prehispánicas había estado muy generalizado para proporcionar piezas a anticuarios locales que luego vendían lotes o colecciones a museos extranjeros. Además de salir del país, un problema grave es que las piezas excavadas furtivamente sin supervisión por un arqueólogo perdían todo su contexto y con él una valiosísima información (ubicación, objetos acompañantes, disposición relativa entre ellos, significación, datación, etc). En la primera década del siglo XX muchos estudiosos, intelectuales y universitarios clamaban por establecer unas leyes que protegiesen el patrimonio cultural del Perú y poner freno al huaqueo y el contrabando de objetos precolombinos y coloniales. Y fue en esa época precisamente en la que llegó la Yale Peruvian Expedition con planes de llevarse a Estados Unidos sus hallazgos en una importante ciudad inca recién descubierta para la ciencia y el mundo.

Porteadores indígenas de la Yale Peruvian Expedition, probablemente en el cañón del Urubamba

Porteadores indígenas de la Yale Peruvian Expedition, probablemente en el cañón del Urubamba. Las cajas de víveres que así eran subidas a Machu Picchu bajarían después cargadas de huesos, cerámicas y objetos de bronce y piedra de sus antiguos pobladores. Foto de la YPE expuesta en la exposición “Machu Picchu, 100 años” en el Museo de la Nación, Lima

Cuando meses antes Bingham buscaba financiación en Estados Unidos para la segunda expedición peruana de Yale, a esta universidad le pareció una estupenda oportunidad: apoyaría con fondos el proyecto para simultáneamente engrosar su Museo Peabody con los hallazgos que se hiciesen en Machu Picchu. El otro principal patrocinador fue la National Geographic Society, que se conformaba con un buen reportaje fotográfico y escrito, aunque su editor Gilbert H. Grosvenor le recordó a Bingham poco antes de su partida en mayo de 1912 que “todos esperamos que puedas excavar y traer de vuelta un gran cargamento de antigüedades para tu museo en Yale”. Bingham partió poco después al Perú con el compromiso adquirido con sus patrocinadores de regresar con una buena colección de piezas de Machu Picchu. El año anterior, con la influencia del cuerpo diplomático y de las poderosas multinacionales estadounidenses Grace y Peruvian Corporation, el Presidente del Perú Augusto B. Leguía le había comprometido su apoyo en las expediciones, autorizándole a explorar por 10 años, dándole la exclusiva a Yale, exonerando la inspección de sus equipajes y entregándole una carta presidencial que le daba apoyo gubernamental y escolta militar donde lo precisara (recordemos que el día de su llegada a Machu Picchu le acompañaba un sargento de nombre Carrasco).

SÓLO UN PRÉSTAMO.

Pero cuando Bingham llegó al Perú en mayo de 1912 para excavar, las cosas habían cambiado: ese mismo mes se habían celebrado elecciones presidenciales. El candidato popular opositor a Leguía, Billinghurst, no pudo presentarse gracias a las artimañas de las élites del país, así que sus partidarios boicotearon las elecciones, que fueron canceladas y pospuestas. Leguía prolongaría su mandato unos meses más y Bingham se fue confiado a sus exploraciones. Pero el 4 de septiembre, Billinghurst alcanzó finalmente la presidencia. Cuando Bingham se enteró comprendió que su apoyo gubernamental corría peligro. Salió de la cordillera de Vilcabamba rumbo a Lima y se entrevistó con Billinghurst, acompañado de su embajador.

El apoyo que el presidente Leguía (izquierda) había prestado a Bigham y a Yale se vio muy limitado al llegar a la presidencia el candidato opositor Billinghurst (derecha)

El apoyo que el presidente Leguía (izquierda) había prestado a Bingham y a Yale se vio muy limitado al llegar a la presidencia el candidato opositor Billinghurst (derecha) (Fotos: internet)

La actitud del nuevo presidente era opuesta a la del anterior. Sus asesores le habían convencido de la importancia capital de proteger el patrimonio histórico precolombino. Pese a todo, el nuevo presidente fue relativamente benévolo: retiró el monopolio excavador que Leguía había concedido a Yale por 10 años (un irritante privilegio que interfería con los planes de otras instituciones científicas como el Smithsonian), pero autorizó a la expedición a exportar a Estados Unidos todos los objetos que se hubiesen excavado antes del 1 de diciembre de 1912, previa supervisión y registro por un inspector peruano. Bingham respiró tranquilo: podría cumplir con el compromiso adquirido con su patrocinador principal, enriqueciendo el Museo de Yale. Pero poco antes de su viaje de vuelta, el 19 de noviembre recibió una carta certificada. Era el Decreto de Concesión a Yale, que en efecto permitía la exportación de todo lo excavado antes del 1 de diciembre. Sin embargo al leer la letra pequeña Bingham descubrió una cláusula que no se esperaba: el Perú se reservaba “el derecho de exigir de la universidad de Yale y de la Sociedad Geográfica Nacional de los Estados Unidos de Norte América, la devolución de los objetos únicos y la de los duplicados que se extraigan y hayan extraído“.

Bingham debió ponerse nervioso. No iba a poder cumplir del todo sus compromisos con Yale. El Perú se consideraba propietario de lo encontrado en Machu Picchu y su cesión a Yale era sólo un préstamo, que en cualquier momento podía ser reclamado de vuelta. Entonces comenzó a jugar sucio. Para evitar su inventario por inspectores peruanos mandó reempacar y ocultar los mejores lotes de las piezas halladas, que así no figurarían entre las que en un futuro podrían ser reclamadas. Además compró colecciones de objetos incas a un anticuario cuzqueño, que finalmente envió a Yale sin conocimiento de las autoridades. Entre ellas parece que había algunas vasijas encontradas en Machu Picchu por Agustín Lizárraga años antes de la llegada de Bingham (véase “Machu Picchu I” en este mismo blog).

Al ver sus concesiones de exportación de piezas para el museo de Yale limitadas, Bingham compró a los anticuarios cuzqueños una colección de objetos incas de notable calidad como esta conopa o pequeño contenedor para ofrendas, con forma de alpaca. Aunque no procedían de Machu Picchu, Bingham los envió a Estados Unidos sin autorización gubernamental para engrosar los fondos del museo.

Al ver limitadas sus concesiones de exportación de piezas para el museo de Yale, Bingham compró a los anticuarios cuzqueños una colección de objetos incas de notable calidad como esta conopa o pequeño contenedor para ofrendas, con forma de alpaca. Aunque no procedían de Machu Picchu, Bingham los envió a Estados Unidos sin autorización gubernamental para engrosar los fondos del museo.

UN VIAJE DE IDA… Y VUELTA.

Los hallazgos realizados en Machu Picchu en la campaña de 1912 fueron empacados en 93 cajones de madera. En su viaje de ida a las ruinas, las cajas habían llevado tocino, galletas, té y víveres para los miembros de la expedición. Ahora regresaban con huesos, vasijas cerámicas, cuchillos, alfileres de bronce, etc. hallados en las tumbas y en las excavaciones. No se habían encontrado tesoros o suntuosos sepulcros, pero lo que iba dentro de las cajas era otro tipo de tesoro, pues suponía la fuente de información con la que se esperaba comprender qué había sido Machu Picchu y qué tipo de personas lo habían poblado. El inventario hecho por Yale era de 5414 objetos, aunque contabilizando todos los fragmentos menores de huesos y cerámica se alcanzó la cifra de 46332 ítems. Como  destaca Heaney, “era una selección enorme e invalorable (…) la única colección intacta de restos humanos y artísticos de una finca real inca que había evitado las antorchas de la conquista española”.

Los cajones y sus miles de objetos fueron llevados en recuas de mulas hasta el Cuzco y de allí en tren al puerto costero de Mollendo, en la costa sur del Perú para ser embarcados rumbo a Estados Unidos. También en Mollendo hubo contestación social a la partida de objetos. Al ver llegar los cajones procedentes de Machu Picchu y saber su destino, los pobladores de Mollendo comenzaron una protestas que fueron secundadas por otros sectores sociales con cierta influencia. Pese a todo, los esqueletos y restos de los antiguos pobladores de Machu Picchu abandonaban su país a finales de 1912, cruzaban el istmo de Panamá y el Caribe y llegaban a las lejanas costas del Atlántico norte, a un New Haven (Connecticut) tal vez por entonces nevado.

Los estudios realizados en Yale del material llevado desde Machu Picchu proporcionaron algunas claves para comprender el sentido que tuvo para los incas el lugar. Así los estudios osteológicos y de los tipos de deformación craneal intencional permitieron confirmar la existencia de individuos procedentes de distintos lugares del imperio Inca. Es el caso, por ejemplo del cráneo de esta mujer de la cueva 107, cuyo estilo de deformación y su recreación facial parecen corresponderse al tipo hallado en los pueblos collas del altiplano cercano al lago Titicaca.

Los estudios realizados en Yale del material llevado desde Machu Picchu proporcionaron claves para comprender el sentido que tuvo para los incas el lugar. Así, los estudios osteológicos y de los tipos de deformación craneal intencional permitieron confirmar la existencia de individuos procedentes de distintos lugares del imperio Inca. Es el caso, por ejemplo del cráneo de esta mujer de la cueva 107, cuyo estilo de deformación y su recreación facial parecen corresponderse al tipo hallado en los pueblos collas del altiplano cercano al lago Titicaca. Puede verse con más detalle el cráneo en la foto que encabeza este artículo. Museo Machu Picchu – Casa Concha

La estancia de la colección en el museo de Yale pasó después por momentos de mayor y menor fortuna. Bingham describió las piezas más importantes en la revista National Geographic de febrero de 1915, acompañadas de unos magníficos dibujos a plumilla por un autor no citado. El osteólogo de la expedición, George F. Eaton, emitió su informe acerca de la colección de huesos en 1916. Se hicieron pruebas y análisis metalúrgicos de los objetos metálicos, no siempre con el debido cuidado (muchas piezas están irreversiblemente deformadas o marcadas por prensas y tornos). Luego hubo momentos en los que se estudiaron los restos con interés y los medios técnicos disponibles en el momento, pero también hubo largos periodos durmientes; incluso a veces fueron usados sus huesos en las prácticas de osteología por  los alumnos de Yale. Por su parte el Perú comenzó tiempo después a reclamar la devolución de la colección, pero el proceso se presentaba largo y tedioso.

En este ejemplar de National Geographic de febrero de 1915 Bingham publicó un artículo describiendo los objetos hallados en Machu Picchu, con magníficos dibujos a plumilla de los más importantes

En este ejemplar de National Geographic de febrero de 1915 Bingham publicó un artículo describiendo los objetos hallados en Machu Picchu, con magníficos dibujos a plumilla de los más importantes

Yale se mostraba reacio a devolver las piezas, recurriendo a todo tipo de disculpas y argumentos (supuesta incapacidad del Perú de poder garantizar la preservación de las piezas, prescripción del decreto de concesión, etc). A medida que se acercaba el centenario del descubrimiento científico de Machu Picchu, las presiones por parte del Perú se incrementaron, llegando a interponer una demanda judicial contra Yale. A la vez, la universidad iba perdiendo apoyos e imagen en su enconada postura. Intelectuales, alumnos, arqueólogos, parientes y nietos vivos de Bingham, National Geographic, etc. consideraban lógico y natural que la colección volviese al Perú, más aún estando compuesta en parte por restos humanos que merecían descansar en su tierra. Finalmente, antes de llegar la resolución judicial, Yale aceptó devolver la colección al Perú, que a su vez se comprometió a alojarla en la Casa Concha, un palacio colonial de Cuzco especialmente habilitado para ello, cuyos muros basales lo componen alguna de las canchas o habitaciones del Puka Marka, el palacio de Túpac Inca Yupanqui (hijo del constructor de Machu Picchu, Pachacútec). Poco antes del centenario comenzaron a llegar las piezas al Perú, y el museo Machu Picchu- Casa Concha abrió sus puertas en Octubre de 2011.

LA COLECCIÓN: HACIA UNA INTERPRETACIÓN DE MACHU PICCHU

Desde las primeras excavaciones de Bingham comenzaron a elaborarse hipótesis acerca de lo que fue Machu Picchu y su sentido. Este explorador abandonó sus investigaciones pocos años después, dedicándose a la aviación militar y a la política (senador republicano). Murió en 1956 defendiendo sus teorías, hoy ya no aceptadas por ningún investigador serio, pero que todavía son mentadas por algún guía en las visitas al lugar por su “romanticismo”. Según Bingham la ciudad fue el lugar de origen de los primeros Incas, la mítica Tampu Tocco de las crónicas de Montesinos, que partirían de este lugar a partir de un enclave preinca luego remodelado. Pero además de cuna de su civilización, también sería su tumba final pues para Bingham los últimos incas rebeldes seguidores de Manco y sus hijos se refugiaron aquí, es decir, que Machu Picchu sería Vilcabamba la Vieja. Los estudios osteológicos de Eaton, según el cual había una gran mayoría de restos de mujeres (proporción de 4:1 respecto a los hombres), se corresponderían para Bingham con las vírgenes del Sol de esa “universidad de la Idolatría” que describía Calancha en Vilcabamba.

Sector agrícola

La mayor parte de los pobladores de Machu Picchu encontrados en las cuevas funerarias eran mitayos o sirvientes, agricultores y obreros responsables del mantenimiento de la ciudad durante los periodos en los que el Inca Pachacútec o sus descendientes y sus séquitos no residían allí. Vista del sector agrícola de la ciudad, que permitía abastecer de alimentos (principalmente maíz y patatas) a unos 50-70 habitantes durante todo un año.

Como decíamos, hoy nadie sostiene ya sus teorías. Estudios más recientes demuestran que la proporción de sexos estaba más equilibrada (1,46:1), procedían de distintas regiones del Imperio (no solo del área de Cuzco) y la mayor parte de sus pobladores habían llevado una vida de trabajo manual (agrícola, peones, etc), y no tantos a una relajada vida religiosa o de nobleza. Tampoco los ajuares funerarios encontrados son suntuosos, predominando la cerámica utilitaria y objetos de bronce de uso cotidiano (alfileres de ropa, cuchillos, etc). Todo ello parece casar bien con la hipótesis establecida por Rowe y anticipada antes por otros investigadores: Machu Picchu fue una de las haciendas reales privadas de la dinastía o panaca del inca Pachacútec, que la mandó construir al incursionar en las selváticas montañas del Antisuyu. En un documento colonial del siglo XVI se enumeran las haciendas reales de Pachacútec: entre ellas se citan Písac, Tambo (= Ollantaytambo) y Picchu, que parece corresponder claramente a Machu Picchu y sería su nombre original, aunque otros investigadores creen que el nombre sería “Patallacta” durante el Incario (si bien este topónimo también designa a otras ruinas en la actualidad). Para el Inca y sus descendientes el lugar pudo ser un palacio y hacienda de verano donde pasar ciertas épocas del año con su familia y séquito de nobles y altos funcionarios. El resto del año estaría mantenido por retenes de mitayos, yanaconas y sirvientes que mantendrían cuidados los cultivos en los andenes, los desperfectos en los tejados, las canalizaciones, etc. Quizá pudo quedar un retén militar para vigilancia del valle (véase Machu Picchu III en este mismo blog).

Ubicación de los principales "cementerios" de Machu Picchu, vistos desde la cima de Huayna Picchu. He aclarado las zonas en las que el osteólogo Eaton excavó medio centenar de cuevas funerarias

Ubicación de los principales “cementerios” de Machu Picchu, vistos desde la cima de Huayna Picchu. He aclarado las zonas en las que el osteólogo Eaton excavó medio centenar de cuevas funerarias

LA COLECCIÓN DE OBJETOS Y HUESOS DE MACHU PICCHU / MACHU PICCHU COLLECTION

A continuación expondré unas fotografías comentadas de algunos objetos encontrados en Machu Picchu y sus tumbas y que hoy ya se pueden ver en el Museo Machu Picchu-Casa Concha de Cuzco, dependiente de la Universidad San Antonio Abad del Cusco. Son los restos y objetos que se llevaron a la tumba aquellos trabajadores, que procedentes de diversas zonas del Imperio fueron enviados como sirvientes de la panaca real a esta asombrosa ciudad …

Los aríbalos eran vasijas, a veces de gran tamaño como en este caso, utilizados para recoger agua en las fuentes y portarla a las habitaciones.

Los aríbalos eran jarras o vasijas, a veces de gran tamaño como en este caso, utilizadas para recoger agua en las fuentes y portarla a las habitaciones. Este ejemplar había sufrido desperfectos ya en época prehispánica, pero dado que eran recipientes muy valorados, fue reparado: su cuello roto fue alisado y pulido, y las perforaciones taponadas con plomo adherido con resinas vegetales.

Otro ejemplo de aríbalo. Además de agua, estos recipientes también contenían chicha (cerveza de maíz). Es posible que este aríbalo y el anterior fueran para uso de los nobles, más que para los trabajadores de la ciudad.

Otro ejemplo de aríbalo, también remodelado en su cuello roto. Además de agua, estos recipientes también contenían chicha (cerveza de maíz). Es posible que este aríbalo y el anterior fueran para uso de los nobles, más que para los trabajadores de la ciudad.

Aríbalo de tamaño mediano sin roturas y con diseños de quipus verticales.

Aríbalo de tamaño mediano sin roturas y con diseños de quipus verticales.

Otro ejemplar de aríbalo de tamaño mediano. La protuberancia servía para fijar la cuerda que facilitaba su transporte a la espalda

Otro ejemplar de aríbalo de tamaño mediano. La protuberancia servía para fijar la cuerda que facilitaba su transporte a la espalda

Bajo este abrigo rocoso, ubicado en la ladera de la montaña de Machu Picchu sobre la ciudad y el camino inca, se localizó una terraza. Al excavarla, Eaton encontró varias tumbas. La más importante fue la de una mujer enterrada con su perro y un notable ajuar (véase más abajo) (dibujo de Diedricksen en el libro de Eaton, 1916)

Bajo este abrigo rocoso, ubicado en la ladera de la montaña de Machu Picchu y a cientos de metros sobre la ciudad y el camino inca que a ella llega, se localizó una terraza. Las vistas desde ella de la ciudad son espléndidas.  Al excavarla, George F. Eaton encontró varias tumbas…

Planta de la terraza del abrigo rocoso donde se encontró la tumba más importante de Macgu Picchu

Planta de la terraza del abrigo rocoso donde se encontró la tumba 26, la más importante de Machu Picchu, que Bingham llamó “Tumba de la Sacerdotisa”, o “Mamacuna, priora del Convento de las Mujeres Escogidas” basándose en el ajuar funerario que le acompañaba (dibujo en Eaton, G.F: “La colección del material osteológico de Machu Picchu”, New Haven, Conn, 1916).

Sección de la tumba 26, llamada por Bingham "Tumba de la Sacerdotisa" por haber sido de una mujer importante, al ser acompañada de su perro, vasijas notable, cucharilla para coca y el mespejo de bronce más fino hallado en Machu Picchu (esquema de Eaton)

Sección de la tumba 26, donde se encontró el esqueleto de una mujer de 45 a 55 años, enterrada en posición flexionada. Su mandíbula inferior presenta una importante atrofia alveolar al haber perdido la mayor parte de sus dientes desde bastante tiempo antes de su muerte. Eaton atribuye algunas lesiones óseas a una posible sífilis. Se debió tratar de un personaje relativamente importante, al ser acompañada de su perro, vasijas notables, alfileres, tupus, pinzas, cucharilla para coca y el espejo cóncavo de bronce más fino hallado en Machu Picchu (esquema de G. F. Eaton, 1916)

Jarra decorada con motivos de quipus y una cara en el cuello. Hallada en la tumba 26, quizá la más importante de Machu Picchu. Estaba en una terraza bajo un gran abrigo rocoso con buenas vistas de la ciudad. Era la tumba de una mujer enterrada con su perro y algunas pertenencias

Jarra decorada con motivos de quipus y una cara en el cuello. Hallada en la tumba 26. Debajo ilustración de la vasija en el artículo de Bingham (NG feb 1915)

National Geographic Febrero 1915 021 tumba 26

Espejo de bronce (94,3 % de cobre y 5,34 % de estaño) hallado en la misma tumba 26, llamada por Bingham la Tumba de la sacerdotisa.

Espejo de bronce (94,3 % de cobre y 5,34 % de estaño) hallado en la misma tumba 26. Según Bingham y Eaton, con estos espejos cóncavos las sacerdotisas podían encender fuego en una yesca, concentrando los rayos solares, aunque esa romántica hipótesis debería ser probada. Su concavidad hoy apenas se aprecia, pues según Eaton “esta pieza fue sometida a pruebas (análisis) de metales, y el autor no pudo restaurarla a su forma original”.

National Geographic Febrero 1915 008bCucharilla de bronce para calero de coca, decorada con un ave en vuelo. Humedeciéndola se extraían polvos de cal de un pequeño recipiente para mezclarlos con la hoja de coca mascada y crear así el bolo o akulliko. Hallado en la tumba 26.

Otro interesante objeto de la tumba 26 es esta cucharilla de bronce para calero de coca, decorada con un ave en vuelo. Humedeciéndola se extraían polvos de cal de un pequeño recipiente para mezclarlos con la hoja de coca mascada y crear así el bolo o akulliko. Dado que el consumo de coca estaba restringido al Inca y la nobleza, su presencia en esta tumba confirmaría el alto rango del personaje enterrado.

Vasija o jarra con decoración de una cara en su cuello

Vasija o jarra con decoración de una cara en su cuello

Jarra decorada con motivos de quipu (sistema de cordones para contabilidad y registros)

Jarra decorada con motivos de quipu (sistema de cordones para contabilidad y registros)

Vasija encontrada en una tumba por encima de la ciudad. En la época en que se usó perdió su asa. En su interior se encontró una miscelánea de objetos (carbones, semillas, un cráneo de roedor, un diente, musgo seco...) que le hicieron suponer a Bingham que pudo ser propiedad de algún curandero. Debajo se muestra la misma vasija dibujada en su artículo y su contenido.

Vasija encontrada en una tumba por encima de la ciudad. En la época en que se usó perdió su asa. En su interior se encontró una miscelánea de objetos (carbones, semillas, un cráneo de roedor, un diente, musgo seco…) que le hicieron suponer a Bingham que pudo ser propiedad de algún curandero. Debajo se muestra la misma vasija dibujada en su artículo y su contenido (NG feb 1915).

National Geographic Febrero 1915 021National Geographic Febrero 1915 022

Olla con pedestal y asa ovalada

Olla con pedestal y asa ovalada

Pareja de jarras de doble asa halladas en la cueva 52. Con frecuencia se encontraron parejas de vasijas o platos similares (posible significado relacionado con la dualidad andina). En las imágenes siguientes se muestran otras piezas halladas en la misma cueva sepulcral.

Pareja de jarras de doble asa halladas en la cueva 52. Con frecuencia se encontraron parejas de vasijas o platos similares (posible significado relacionado con la dualidad andina). En las imágenes siguientes se muestran otras piezas halladas en la misma cueva sepulcral.

Plato decorado con lo que se ha interpretado como alpacas estilizadas (cueva 52)

Plato decorado con lo que se ha interpretado como alpacas estilizadas (cueva 52)

Jarra o botella de estilo inca-chimú (cueva 52). Podría representar a uno de los jorobados sirvientes de la nobleza. Parece tratarse de una vasija llevada a Machu Picchu por algún trabajador o sirviente desde la costa central o del norte.

Jarra o botella de estilo inca-chimú (cueva 52). Podría representar a uno de los jorobados sirvientes de la nobleza. Parece tratarse de una vasija llevada a Machu Picchu por algún trabajador o sirviente desde la costa central o del norte.

Jarra o botella con asa estribo de estilo inca-chimú, hallada en la cueva 101. Como en el caso anterior, este tipo de cerámica no era de un estilo cuzqueño sino de la costa norte.

Jarra o botella con asa estribo de estilo inca-chimú, hallada en la cueva 101. Como en el caso anterior, este tipo de cerámica no era de un estilo cuzqueño sino de la costa norte.

Tazón de 2 asas procedente de la cueva 37

Tazón de 2 asas procedente de la cueva 37

Plato decorado con ave esquemática. El estilo parece corresponder al área del lago Titicaca, por lo que podría proceder de esa región

Plato decorado con ave esquemática. El estilo parece corresponder al área del lago Titicaca, por lo que podría proceder de esa región

Uno de los 2 platos emparejados decorados sobre base de caolín. Su estilo también parece del área del lago Titicaca.

Uno de los 2 platos emparejados decorados sobre base de caolín (cueva 6A). Su estilo también parece del área del lago Titicaca.

Plato inca procedente de Machu Picchu (?), Museo Machu Picchu de la Casa Concha, Cuzco, Perú © Formentí 001

Pareja de platos con asa antropomorfa, hallados en la cueva 61

Pareja de platos con asa antropomorfa, hallados en la cueva 61

Plato con asa antropomorfa (pareja, 2 de 2), procedente de Machu Picchu (cueva 61), Museo Machu Picchu de la Casa Concha, Cuzco, Perú © Formentí 003

Brasero hallado en la cueva 94; debajo dibujo publicado en el artículo de Bingham (NG feb 1915)

Brasero hallado en la cueva 94; debajo dibujo publicado en el artículo de Bingham (NG feb 1915), quien suponía era utilizado para fundir metales: soplando por canutos acoplados a los agujeros se avivaría el fuego, pero es una hipótesis difícil de comprobar.

National Geographic Febrero 1915 020

Gran olla (urpu) empleada en la producción de chicha (cerveza de maíz)

Gran olla (urpu) empleada en la producción de chicha (cerveza de maíz)

Asa de vasija con forma de felino

Asa de vasija con forma de felino

Dados y objetos de cerámica, quizá usados en juegos (¿influencia española?) o en rituales de adivinación.

Dados y objetos de cerámica, quizá usados en juegos (¿influencia española?) o en rituales de adivinación. Podrían ser fragmentos remodelados de vasijas rotas. Bingham supone se usaban como marcadores en contabilidades antes de la imposición del quipu (aunque este último era ya usado en la región andina desde la época de Caral, miles de años anterior a los incas). Debajo, su representación en el artículo de febrero de 1915 (National Geographic).

National Geographic Febrero 1915 004

Ocarina o silbato de cerámica

Ocarina o silbato de cerámica

Quena elaborada con hueso de llama o alpaca. La presencia de instrumentos musicales como flautas, ocarinas y cascabeles se ha querido relacionar con los ritos ceremoniales que se llevarían a cabo en la ciudad.

Quena elaborada con hueso de llama o alpaca. La presencia de instrumentos musicales como flautas, ocarinas y cascabeles se ha querido relacionar con los ritos ceremoniales que se llevarían a cabo en la ciudad.

Aguja elaborada en hueso hallada en la cueva funeraria 85. Está decorada con dos aves (tal vez guacamayos) tocando sus picos. Artefactos parecidos fueron hallados cerca de Quito y en la costa chilena. Se adjunta el dibujo aparecido en febrero de 1915 (Nat. Geographic)

Esta “aguja” elaborada en hueso fue hallada en la cueva funeraria 85. Más bien se trata de un “ruki” o instrumento usado para compactar hilos en la trama durante la confección del tejido. Está decorada con dos aves (tal vez guacamayos) tocando sus picos. Artefactos parecidos fueron hallados cerca de Quito y en la costa chilena. Se adjunta el dibujo aparecido en febrero de 1915 (Nat. Geographic). Véase texto más abajo.

Museo

Queremos llamar la atención sobre el objeto de la fotografía superior. Se encuentra expuesto en el Museo de América de Madrid, junto con otros objetos elaborados en hueso y empleados como herramientas de textilería. Se trata de un “ruki”, instrumento con el que las tejedoras apretaban y compactaban los hilos de la trama durante la confección del tejido. Procede del Cuzco y está asignado a la cultura Inca. Como vemos, es muy similar a la “aguja” hallada en Machu Picchu con dos aves tocando su pico, sobre una base decorada con círculos incisos. La del Museo de América se muestra más pulida. Nos parece que ambas piezas están claramente relacionadas, y probablemente proceden del mismo taller o artesano. Sin embargo establecer el origen de las mismas abre varias hipótesis. Por un lado, la de Machu Picchu apareció en la cueva funeraria 85, durante las campañas de Bingham a principios del siglo XX. En cambio, la del Museo de América procede del Cuzco, y casi con toda seguridad fue adquirida por Juan Larrea en 1930. Este poeta, interesado por las culturas de América, residió un par de meses en Cuzco en ese año y, fascinado por el mundo inca, gastó su fortuna en comprar intensamente a anticuarios de la ciudad un buen número de objetos mayoritariamente incas, entre ellos seguramente este “ruki”. Cabe pensar en que fuese una falsificación o copia, pero esta posibilidad nos parece improbable: en Cuzco muy poca gente había visto las piezas llegadas de Machu Picchu antes de ser enviadas por tren y barco a Yale, y esto había ocurrido más de 15 años antes, sin registro fotográfico o pictórico. Su dibujo salió publicado en National Geographic en 1915. Podríamos pensar en que un falsificador vio el dibujo en la revista y lo copió, pero de nuevo es una hipótesis poco plausible. La revista no tenía ni mucho menos la difusión que hoy tiene, y a Cuzco (todavía una ciudad de provincias relativamente pequeña) debían llegar contadísimos ejemplares, probablemente solo a medios académicos. Quizá una hipótesis más posible sea que un artesano en el Cuzco incaico elaboraba este tipo de utillajes y uno de ellos llegó a Machu Picchu, acompañando luego a la tumba a su usuaria. No olvidemos que en el Cuzco residían numerosos artesanos de distintos campos (orfebres, canteros, alfareros, etc) y procedentes de toda la extensión del imperio (se han encontrado parecidos estilísticos en artefactos hallados cerca de Quito y en la costa chilena: podría ser que ese artesano procediese de esas zonas, llevando al Cuzco ese estilo y tipos de motivo decorativos).

Conjunto de alfileres o broches de plata (tupu) hallados en la cueva 38

Conjunto de alfileres o broches de plata (tupu) hallados en la cueva 38

Broche o aguja (tupu) para chal en plata, hallado en la cueva 85

Broche o aguja (tupu) para chal en plata, hallado en la cueva 85

Pinzas de bronce (nº 16 hallada en la tumba femenina nº 26). Además del uso para depilar apuntado por Bingham, pudieron tener otros variados usos.

Pinzas de bronce. Además del uso para depilar apuntado por Bingham, pudieron tener otras variadas utilidades.

Espejos de bronce. Con excepción del primero (tumba 26), los demás proceden de la Roca de la Serpiente (cerca de la plaza principal), no de los cementerios de los exteriores de la ciudad.

Espejos de bronce. Con excepción del primero (tumba 26), los demás proceden de la Roca de la Serpiente (cerca de la plaza principal), no de los cementerios de los exteriores de la ciudad.

Dibujo de uno de los espejos de la fotografía anterior publicado por Bingham en National Geographic (feb 1915)

Dibujo del segundo de los espejos de la fotografía anterior publicado por Bingham en National Geographic (feb 1915), quien lo compara con los de los antiguos egipcios.

 

pom1

El cronista Guamán Poma reproduce este tipo de objetos en los atuendos de algunos generales incas, como en el caso de Apo Mayta. Parecen pectorales colgados de un collar. Que hayan sido espejos parece poco probable en un atuendo militar.

poma

Sin embargo, en esta otra lámina encontramos a una coya, Mama Huaco, en su residencia rodeada de sirvientes y con un espejo en la mano y dos pectorales colgando. Los “espejos” hallados en Machu Picchu parecen más bien adornos pectorales que reflejarían el brillo solar contribuyendo a su vistosidad. Es muy improbable que  sirviesen para reflejar una imagen, pues para ello el bronce debe de alcanzar un nivel de pulido y abrillantado extremo, que difícilmente alcanzarían los artesanos.

 

Conjunto de cuchillos en forma de T invertida (tumis), fabricados en bronce. Se empuñaban por el mango vertical. La parte cortante es la inferior horizontal.

Conjunto de cuchillos en forma de T invertida (tumis), fabricados en bronce. Se empuñaban por el mango vertical. La parte cortante es la inferior horizontal.

National Geographic, feb 1915

Dibujo del tercero de los tumis de la foto superior (National Geographic, feb 1915)

Cinceles y hachas de bronce. Un uso habitual de estas hachas, una vez enmangadas, fue cortar árboles y madera para deforestar el terreno a ocupar y obtener vigas, pontones, leña, etc.

Cinceles y hachas de bronce. Un uso habitual de estas hachas, una vez enmangadas, fue cortar árboles y madera para deforestar el terreno a ocupar y obtener vigas, pontones, leña, etc.

(NG. Feb 1915)

Una de las hachas de la foto superior. El daño en la misma puede haber sido producido durante los estudios llevados a cabo (NG. Feb 1915)

Cuchillo semilunar de bronce, también usado como pendiente. Su estilo no corresponde al la región del Cuzco, por lo que fue traído de otras zonas del Tahuantinsuyu o Imperio Inca, tal vez del área Cañari en el actual Ecuador.

Cuchillo semilunar de bronce, también usado como pendiente. Su estilo no corresponde al la región del Cuzco, por lo que fue traído de otras zonas del Tahuantinsuyu o Imperio Inca, tal vez del área Cañari en el actual Ecuador.

La roca de la serpiente

Esta gran roca, próxima a la llamada Plaza Sagrada y en los límites de la cantera de la ciudad tiene un difuso petroglifo en su parte superior que hizo que el equipo de Yale la denominase la “Roca de la Serpiente”. En su base  se localizaron una importante colección de ofrendas, entre las que destaca el cuchillo que se muestra a continuación…

Cuchillo de bronce encontrado junto a la Roca de la Serpiente, dentro de la ciudad. Tiene un 88% de cobre y 9,4 % de estaño. Representa a un pescador tirando de una cuerda en la que ha picado un pez. Su estilo tampoco se corresponde con el área cuzqueña, sino con la costa norte, de donde parece haber sido llevado por algún mitayo o yanacona natural de esa lejana región.

Cuchillo de bronce encontrado junto a la Roca de la Serpiente, dentro de la ciudad. Tiene un 88% de cobre y 9,4 % de estaño. Representa a un pescador tirando desde la orilla de una cuerda en la que ha picado un pez. Su estilo tampoco se corresponde con el área cuzqueña, sino con la costa norte, de donde parece haber sido llevado por algún mitayo o yanacona natural de esa lejana región.

Dibujo de la pieza anterior en el artículo de Bingham (NG feb 1915), que la consideraba la mejor pieza de bronce fundido hallada en la ciudad.

Dibujo de la pieza anterior en el artículo de Bingham (Nat. Geo. feb 1915), que la consideraba la mejor pieza de bronce fundido hallada en la ciudad. La argolla permitió ser colgado.

Cuchillo Chimú Sotheby's 2

EL CUCHILLO DE SOTHEBY’S:

A los pocos días de ser publicado este artículo en el blog, uno de sus visitantes, Fernando Aedo (véase su comentario), se percató que el cuchillo de la Roca de la Serpiente hallado por la Expedición de Yale era sorprendentemente parecido a uno que por esas fechas de la publicación (marzo de 2013) iba a ser subastado en Sotheby’s. En efecto, según vemos en la foto difundida en internet y que mostramos arriba, el pescador lleva el mismo tocado, aunque aquí parece en otra actitud o postura. La soga, el pez y el cuchillo son prácticamente idénticos.
Sin duda ambos cuchillos proceden del mismo artesano o taller artesanal.

 Es una lástima que la pieza subastada en Sotheby’s carezca de más información acerca de su procedencia exacta (sólo figura como “Cuchillo de cobre, cultura Chimú”, aunque realmente debe ser de un bronce rico en cobre). Estilísticamente es cierto que parece claramente chimú, pero ¿habrá sido encontrada en el área chimú de la costa norte? Si así fuera la información sería apasionante, pues indirectamente sabríamos también el lugar de procedencia del ejemplar de Machu Picchu.


 Si en cambio fue hallado en el área de Cuzco, cabe pensar que ambos cuchillos fueron llevados allí en una remesa desde la costa norte o que fueron creaciones de un artesano metalúrgico chimú procedente de aquella región y desplazado al Cuzco en tiempos de Túpac Yupanqui, hijo de Pachacútec y conquistador del señorío Chimú en una época en la que Machu Picchu ya estaba construido y poblado. Es sabido que los incas llevaron al Cuzco artesanos metalúrgicos chimúes, dada su experiencia y calidad de sus trabajos aprendidas de los orfebres Lambayeque (que a su vez también habían sido desplazados por los chimúes a su capital, Chan Chan, para ponerlos a su servicio).


 Desafortunadamente, quizá nunca sepamos la solución a estas nuevas preguntas, pues este “cuchillo de Sotheby’s” procede casi con total seguridad de una excavación clandestina (huaqueo) en algún lugar del Perú, y después se incorporó al mercado de antigüedades perdiéndose las referencias de su origen y contexto arqueológico.

… Y LOS DE RUIZ Y PAVÓN:

Cuchillo Ruiz y Pavón 1

Entre 1777 y 1788 los botánicos españoles Hipólito Ruiz y José Pavón dirigieron la Expedición Botánica al Virreinato del Perú. Como expedición científica que era en plena época de la Ilustración, no sólo se recogieron y herborizaron cientos de plantas, describiéndose muchas nuevas especies, sino algunas antigüedades y objetos diversos de los pueblos indígenas del presente o el pasado. Entre aquellos objetos figuran estos dos cuchillos de bronce rico en cobre. Hoy se encuentran en el Museo de América de Madrid, atribuidos correctamente a las cultura Chimú o Inca (1200-1500). Aunque no tienen la similitud del cuchillo de Sotheby’s con el de la Roca de la Serpiente, lo cierto es que tienen ciertos elementos parecidos, como el personaje tumbado, el tocado de uno de ellos, las argollas para ser colgados, etc.

Cuchillo Ruiz y Pavón 2

Sin embargo, de nuevo nos quedamos sin saber el origen de estas piezas pues no figuran datos acerca de su origen o de quienes las entregaron. Ruiz, Pavón y Tafalla estuvieron en Lima, costa central, Chancay, Lurín, Huarochirí, Tarma y Huánuco, además de Chile. Por tanto, no se acercaron a Cuzco ni a la costa norte. Estos objetos eran a veces recolectados por los expedicionarios, pero las más  eran contribuciones de funcionarios ilustrados o de indígenas conocedores de su interés en curiosidades de sus pueblos. En este caso podrían ser regalos de algún funcionario o coleccionista limeño, pero sin quedar recogida la procedencia de las piezas (Fotos reproducidas del libro : “La Expedición Botánica al Virreinato del Perú (1777-1788), varios autores. Lunwerg y Real Jardín Botánico de Madrid. Madrid 1988) 

Cuchillo (tumi) de bronce bimetálico, hallado en la cueva 54. En el mismo, el metalúrgico experimentó aleando al bronce otro metal, el bismuto al 18%, en la parte superior (cabeza) del cuchillo, que fundió por separado de la parte inferior.

Cuchillo (tumi) de bronce bimetálico, hallado en la cueva 54. En el mismo, el metalúrgico experimentó aleando al bronce otro metal, el bismuto al 18%, en la parte superior (cabeza) del cuchillo, que fundió por separado de la parte inferior.

Una de las dos cajas de piedra tallada, decorada y pulida halladas junto a la Roca de la Serpiente, dentro de la ciudad. La otra caja se muestra debajo, en el dibujo del artículo de Bingham (NG feb 1915)

Una de las dos cajas de piedra tallada, decorada y pulida halladas junto a la Roca de la Serpiente, dentro de la ciudad. La otra caja se muestra debajo, en el dibujo del artículo de Bingham (NG feb 1915)

National Geographic Febrero 1915 013

Miniaturas de esquisto verde con clorita. Esta piedra se encuentra en las laderas de la montaña de Machu Picchu. Parece que estas figuras fueron talladas en la misma ciudad utilizando ese material. Representan un puercoespín (cueva 100), ave (103), oso hormiguero (?) (100), escaleras (habitación 35A), llama (101) y punta de proyectil (barrio alto)

Miniaturas de esquisto verde con clorita. Esta piedra se encuentra en las laderas de la montaña de Machu Picchu. Parece que estas figuras fueron talladas en la misma ciudad utilizando ese material. Representan un puercoespín (cueva 100), ave (103), oso hormiguero (?) (100), escaleras (habitación 35A), llama (101) y punta de proyectil (barrio alto).

Dibujos de los adornos de esquisto verde con clorita en el artículo de Bingham (Nat. Geo. Feb 1915)

Dibujos de los adornos de esquisto verde con clorita en el artículo de Bingham (Nat. Geo. Feb 1915)

Miniaturas del mismo tipo de esquisto verde, representando a cuchillos de tipo tumi (cuevas 93, 97, 101)

Miniaturas del mismo tipo de esquisto verde, representando a cuchillos de tipo tumi (cuevas 93, 97, 101)

Mortero lítico utilizado en el trabajo de los metales. En la maqueta siguiente se ha representado a un artesano metalúrgico empleándolo con bronce recién fundido...

Mortero lítico utilizado en el trabajo de los metales. En la maqueta siguiente se ha representado a un artesano metalúrgico empleándolo con bronce recién fundido…

Artesano del metal, Museo Machu Picchu de la Casa Concha, Cuzco, Perú © Formentí 002

Yunques y martillos de piedra usados en el trabajo del metal, también hallados en Machu Picchu.

Yunques y martillos de piedra usados en el trabajo del metal, también hallados en Machu Picchu.

Palanca de bronce de sección rectangular hallada en la cueva 52. Tal vez fue empleada en labores de albañilería de la ciudad, aunque su presencia en una tumba resulta algo extraña.

Palanca de bronce de sección rectangular hallada en la cueva 52. Tal vez fue empleada en labores de albañilería de la ciudad, aunque su presencia en una tumba resulta algo extraña.

Uno de los numerosos martillos líticos encontrados por la Expedición de Yale, con los que los mitayos incas trabajaban, pulían y ajustaban la piedra de los edificios. Dibujo en el artículo de Bingham de National Geographic (feb 1915)

Uno de los cientos de martillos líticos encontrados por la Expedición de Yale, con los que los mitayos incas trabajaban, pulían y ajustaban la piedra de los edificios. Dibujo en el artículo de Bingham de National Geographic (feb 1915)

Numerosos cráneos y esqueletos de los antiguos pobladores de Machu Picchu fueron colectados por Eaton, Erdis y Bigham en más de un centenar de tumbas. Sus posteriores análisis permitieron descubrir datos acerca de sus vidas, origen geográfico, alimentación y enfermedades padecidas.

Numerosos cráneos y esqueletos de los antiguos pobladores de Machu Picchu fueron colectados por Eaton, Erdis y Bingham en más de un centenar de tumbas. Sus posteriores análisis permitieron descubrir datos acerca de sus vidas, origen geográfico, alimentación y enfermedades padecidas.

Cráneo del esqueleto de la imagen anterior.

Cráneo del esqueleto de la imagen anterior.

Numerosos cráneos (como este de la cueva 84) y esqueletos de los antiguos pobladores de Machu Picchu fueron colectados por Eaton, Erdis y Bigham en más de un centenar de tumbas. Sus posteriores análisis permitieron descubrir datos acerca de sus vidas, origen geográfico, alimentación y enfermedades padecidas.

Este individuo, de la cueva 84, padeció edentulismo en las zonas posteriores, con sobrecarga masticatoria y desgaste en los dientes anteriores que llegaron a producirle necrosis pulpar y dos abscesos dentales periapicales en la región anterosuperior.

Otro antiguo habitante de Machu Picchu, también aquejado de edentulismo posterior. Hoy se sabe que la dieta fundamental era a base de maíz y patatas.

Otro antiguo habitante de Machu Picchu, también aquejado de edentulismo posterior. Hoy se sabe que la dieta fundamental era a base de maíz y patatas.

El estudio de la deformación craneal intencional (típica de cada región andina) ha proporcionado interesantes claves acerca del origen de sus pobladores, allí llevados desde distintas zonas del imperio, tanto de la costa como del altiplano y región del Titicaca. Este último es el caso de esta mujer con un tipo de deformación alargada habitual en el Titicaca.

El estudio de la deformación craneal intencional (típica de cada región andina) ha proporcionado interesantes claves acerca del origen de sus pobladores, allí llevados desde distintas zonas del imperio, tanto de la costa como del altiplano y región del Titicaca. Este último es el caso de esta mujer con un tipo de deformación craneal alargada habitual en el Titicaca.

Por fortuna aquellos antiguos pobladores de Machu Picchu han vuelto a descansar a su patria. Llegaron a la ciudad desde mediados del siglo XV, cuando fue construida. Centenares de mitayos o trabajadores que cumplían sus obligaciones con el Estado en forma de mano de obra, trabajaron durante años, guiados por capataces y entendidos en ingeniería civil. Picaban rocas, nivelaban terrenos, canalizaban aguas y drenajes, acarreaban canastos de piedras y tierra, movían y ajustaban piedras, cortaban árboles, etc. para cumplir los deseos de su Inca, Pachacútec, algunos con mejor disposición que otros, allí trasladados tras haber sojuzgado el Inca sus tierras. Después recibió la visita periódica del Inca y su séquito. Incluso tal vez albergó la momia del mismo temporalmente en el llamado Mausoleo Real. Sus descendientes seguían visitando Machu Picchu, y cuando se iban los retenes de trabajadores se encargaban del mantenimiento, metales, textiles y agricultura. Pero tras un periodo de esplendor de 70 años llegó el final. Cuando comenzó la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa, y sobre todo al llegar al Cuzco los conquistadores españoles poco después, los nobles de la panaca real de Pachacútec dejaron de acudir a Machu Picchu, los trabajadores fueron abandonando el lugar y la ciudad quedó abandonada, engulléndola en poco tiempo la selva. Hoy, los huesos y esqueletos de aquellos antiguos pobladores nos siguen hablando. En las órbitas de sus cráneos estuvieron unos ojos que vieron la ciudad viva, esplendorosa en su apogeo. Escuchémosles estudiándolos, mirando sus huesos y objetos e interrogándoles…

“Piedra en la piedra, el hombre, ¿dónde estuvo? (…)

¡Devuélveme el esclavo que enterraste!

Sacude de las tierras el pan duro

del miserable, muéstrame los vestidos del siervo y su ventana.

Dime cómo durmió cuando vivía.

Dime si fue su sueño

ronco, entreabierto, como un hoyo negro

hecho por la fatiga sobre el muro.

El muro, el muro! Si sobre su sueño

gravitó cada piso de piedra, y si cayó bajo ella

como bajo una luna, con el sueño!”

Pablo Neruda. Alturas de Machu Picchu.

© Texto y fotografías: José María Fernández Díaz-Formentí /http://www.formentinatura.com Prohibida la reproducción total o parcial de texto o imágenes sin autorización.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA:

– Bingham, Hiram (1948): Machu Picchu, la Ciudad Perdida de los Incas (Lost City of the Incas). Numerosas ediciones en español e inglés. También interesantes sus artículos en National Geographic, especialmente los de abril de 1913 y febrero de 1915.

– Eaton, George F (New Haven, Connecticut, 1916). La colección del material osteológico de Machu Picchu. Traducción por la Dra. Sonia Guillén, Sociedad de Arqueología Andina, Lima 1990

– Heaney, Christopher. Las Tumbas de Machu Picchu. La historia de Hiram Bingham y la búsqueda de las últimas ciudades de los Incas (Cradle of Gold). Fondo editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima 2012

– Burger, Richard y Salazar, Luzy (eds): Machu Picchu. Unveiling the mystery of the Incas. Yale University Press, New Haven and London, 2004

– VVAA. Machu Picchu. Catálogo de la Colección (Machu Picchu Collection Catalogue). Universidad san Antonio Abad del Cusco, Lima 2011

– Wright, Kenneth R. y Valencia Zegarra, Alfredo. Machu Picchu. Maravilla de la ingeniería civil. Universidad Nacional de Ingeniería y Colegio de Ingenieros del Perú, Lima 2006. (Traducción de “Machu Picchu. A civil engineering marvel“. American Society of Civil Engineers, Virginia, 2000)

Anuncios
5 comentarios
  1. “Cuchillo de bronce encontrado junto a la Roca de la Serpiente, dentro de la ciudad. Tiene un 88% de cobre y 9,4 % de estaño. Representa a un pescador tirando desde la orilla de una cuerda en la que ha picado un pez. Su estilo tampoco se corresponde con el área cuzqueña, sino con la costa norte, de donde parece haber sido llevado por algún mitayo o yanacona natural de esa lejana región.”

    CUCHILLO DE COBRE, CULTURA CHIMÚ será ilegalmente subastado este 22 de marzo por Sotheby’s en Francia.

    El cuchillo tiene un pescador sentado en la parte superior, su pierna se convierte en soga y culmina con una especie de pez. Lo que me ha impresionado es la similitud de ambos objetos y sobretodo el atino, de lo encontrado en Cuzco, informando ser de origen norteño. No se como añadir la foto aquí.

    Atentamente,

    Fernando Aedo

    • Muchísimas gracias por la información que nos facilitas, que me parece extremadamente interesante: sin duda ambos cuchillos proceden del mismo artesano o taller artesanal. Es una lástima que la pieza que será subastada en Sotheby’s carezca de más información acerca de su procedencia exacta. Estilísticamente es cierto que parece claramente chimú, pero ¿habrá sido encontrada en el área chimú de la costa norte? Si así fuera la información sería apasionante, pues indirectamente sabríamos también el lugar de procedencia del ejemplar de Machu Picchu. Si fue hallado en el área de Cuzco, cabe pensar que ambos cuchillos fueron llevados allí en una remesa desde la costa norte o que fueron creaciones de un artesano metalúrgico chimú procedente de aquella región y desplazado al Cuzco en tiempos de Túpac Yupanqui, hijo de Pachacútec y conquistador del señorío Chimú en una época en la que Machu Picchu ya estaba construido y poblado. El asunto es muy interesante, y te agradezco mucho tu comunicación, que me apresuro a incorporar al artículo junto con la foto del cuchillo.

  2. Marta permalink

    muy interesante que me permite aprender y conocer mas de lo nuestro y mis antepasados

Trackbacks & Pingbacks

  1. EL Origen del habla | L'origine de la langue
  2. EL Origen del habla | L'origine de la langue

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: