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MACHU PICCHU (III): Ser y razón de Machu Picchu / Essence and motivation of Machu Picchu

22 de octubre de 2013

Intiwatana, Machu Picchu (cultura Inca, 1450-1532), Cuzco, Perú © Formentí 001

© Texto y fotografías: © José María Fernández Díaz-Formentí /http://www.formentinatura.com

Prácticamente todo turista que viaja al Perú por primera vez quiere visitar Machu Picchu. El año 2012 lo hicieron más de 1 millón de personas, 1.114.434 para ser más exactos. Esto supone unos 3000 visitantes diarios. La mayoría acceden a la ciudad inca llegando de Cuzco en tren, pernoctando o no en Aguas Calientes, en el fondo del Cañón del Urubamba. Otros llegan tras varios días de caminata por espectaculares caminos incas. Muchos turistas se han preocupado de informarse antes de la visita acerca de lo que fue esta maravillosa ciudad; otros han preferido delegar esta cuestión en su guía turístico. He visitado unas 10 veces Machu Picchu, y dada la densidad de grupos de turistas, es inevitable escuchar las explicaciones que reciben de los guías. Algunas son buenas, a veces excelentes. En otras ocasiones los discursos que se escuchan no son tan atinados, o manejan datos poco actualizados o rigurosos, cuando no directamente imaginativos.

En los últimos decenios se ha avanzado mucho en el conocimiento de Machu Picchu, abandonándose las hipótesis iniciales establecidas por Bingham.

En los últimos decenios se ha avanzado mucho en el conocimiento de Machu Picchu, abandonándose las hipótesis iniciales establecidas por Bingham.

Desde mi primera visita en 1979 hasta la última en 2013, es mucho lo que se ha avanzado en el conocimiento de Machu Picchu. Hace 35 años los guías hablaban de una ciudad refugio de los incas tras la conquista por los españoles, un último reducto de su religión con vírgenes del Sol y sacerdotes manteniendo el culto solar mientras en Cuzco se imponía el catolicismo; o también de un lugar en el que había surgido la dinastía de los primeros gobernantes incas y desde el que se controlaba el valle parta evitar la entrada de indios selváticos. Se seguían entonces mayoritariamente las hipótesis establecidas por el descubridor científico de Machu Picchu, Hiram Bingham. Pero ya había objeciones a sus teorías. Hoy día la interpretación de Machu Picchu es muy diferente. El hallazgo de unos documentos coloniales del siglo XVI en los que se hace una relación de las propiedades personales del linaje familiar del inca Pachacútec ha abierto la ventana a una nueva interpretación, establecida por John Rowe y que es hoy la más aceptada. En dicha relación figuran Písac, Tambo (el actual Ollantaytambo) y “Picchu”, que se ha identificado con Machu Picchu. Estos lugares eran haciendas reales de la panaca del Inca Pachacútec. Veamos con cierto detalle qué era todo esto.

Las esposas, hermanos, hijos y familiares de un inca gobernante constituían un clan o linaje llamado panaca. Sus miembros se hacían responsables del cuidado de la momia del inca fundador, de su suntuosidad al ser expuesta en ceremonias públicas y de mantener viva su memoria, prestigio y hazañas

Las esposas, hermanos, hijos y familiares de un inca gobernante constituían un clan o linaje llamado panaca. Al morir, sus miembros se hacían responsables del cuidado de la momia del inca fundador, de su suntuosidad al ser expuesta en ceremonias públicas y de mantener viva su memoria, prestigio y hazañas. (dibujos de Felipe Guamán Poma de Ayala, Nueva Corónica y Buen Gobierno, fines s. XVI-inicios s. XVII)

SOBRE LINAJES Y PANACAS

Las esposas, hermanos, hijos y familiares de un inca gobernante constituían un clan o linaje llamado panaca. Cuando se nombraba un inca, aún siendo hijo de su predecesor, el nuevo gobernante debía constituir una nueva panaca, mientras sus hermanos, tíos, etc permanecían en la panaca original de su padre. La panaca pervivía en las generaciones siguientes, encarnada en sus descendientes. Sus miembros se hacían responsables del cuidado de la momia del inca fundador, de su suntuosidad al ser expuesta en ceremonias públicas y de mantener viva su memoria, prestigio y hazañas. Cuando los españoles llegaron al Cuzco en 1533, en la ciudad residían distintas panacas compuestas por un gran número de nobles. Cada una tenía asignado un gran solar con numerosas estancias agrupadas (“canchas”). Estos clanes no siempre mantenían buenas relaciones entre sí, y tenían notable influencia en la elección de los nuevos incas. La del inca Pachacútec se llamaba Hatun Ayllu (“clan principal”) y pertenecía al Cuzco de arriba (Hanan Cuzco).

Antes de morir

Antes de morir, el inca procuraba dejar el futuro asegurado a su panaca, reservándose en vida una serie de haciendas reales, o propiedades en lugares especialmente fértiles cuya explotación agrícola aseguraba el futuro económico del linaje. Las haciendas tenían para ello cuantas infraestructuras se necesitaban, como importantes aterrazamientos con andenes en las laderas que posibilitaban su cultivo. En la foto andenes en Písac, una de las haciendas reales de la panaca del inca Pachacútec.

Antes de morir, un inca procuraba dejar el futuro asegurado a su panaca, por lo que en vida se reservaba una serie de haciendas reales que, junto con el palacio de ese inca en el Cuzco, pasaban a propiedad de la panaca al fallecer. Las haciendas reales eran propiedades en lugares especialmente fértiles y ricos. Su explotación agrícola aseguraba el futuro económico del linaje. La mayoría estaban en valles relativamente cercanos al Cuzco. Uno de los más fértiles y de clima más agradable es el valle del río Vilcanota o Urubamba, conocido como “Valle Sagrado de los Incas”, especialmente entre las actuales poblaciones de Písac y Ollantaytambo. Aquí los gobernantes se reservaron como propiedad personal algunas de las haciendas reales más apetecibles. En ellas se construyeron andenes de cultivo, almacenes, residencias para los trabajadores y sirvientes, así como para nobles del linaje, sin descuidar edificios religiosos, fuentes, etc.

Algunas haciendas reales

Algunas haciendas reales se emplazaban en terrenos no especialmente productivos, pero que por alguna razón tenían interés o sencillamente el lugar resultaba cautivador por su belleza y como lugar de descanso y recreo para el Inca y su corte entre sus campañas militares.

Sin embargo, en ocasiones las haciendas reales se emplazaban en terrenos no especialmente productivos, pero que por alguna razón tenían interés, y una de las razones importantes podía ser el resultar apetecible como lugar de descanso y recreo para el Inca y sus cortesanos entre las campañas militares. Era además una ocasión para el Inca de demostrar ante su pueblo y los rivales las habilidades de los ingenieros a su servicio: si hacía falta desviar el curso de un río no había problema, y si el deseo del Inca era construir una de sus haciendas en la cresta de una empinada montaña cubierta de selva, sus ingenieros se emplearían a fondo para lograrlo, moviendo las rocas y tierras que fuese necesario. Los trabajos de construcción, agricultura, mantenimiento y servicio eran ejecutados por los mitimaes y yanaconas, sirvientes desplazados y obligados a un turno de trabajo temporal en el primer caso, o a perpetuidad en el caso de los segundos.

Pachacútec

Pachacútec fue el gran transformador del mundo inca. A mediados del siglo XV consiguió importantes victorias y una expansión de sus dominios a gran escala. Monumento al Inca Pachacútec en Cuzco.

EL REFORMADOR DEL MUNDO, RUMBO AL ANTISUYU

Pachacútec fue el gran transformador del mundo inca. Los anteriores gobernantes limitaban sus dominios a los valles cercanos a Cuzco, manteniendo guerras y alianzas con señoríos vecinos de importancia similar. Cuando los incas comenzaban a despuntar sobre los demás, otro pueblo con parecido poderío militar, el Chanca, inició su expansión y hacia 1430 se enfrentó a los incas en su misma capital, Cuzco. La ciudad parecía perdida para los incas, pero el valor e ímpetu de Inca Yupanqui, y su habilidad para movilizar guerreros de señoríos vecinos aliados invirtieron el curso de la batalla y los chancas fueron derrotados. Esto elevó la moral y autoestima de los quechuas cuzqueños, y el a partir de entonces llamado Pachacútec (“Reformador del Mundo”) comenzó una expansión territorial de sus dominios a gran escala.

No muy lejos de Cuzco

No muy lejos de Cuzco las elevadas tierras altas, frías y desoladas de la cordillera se asoman a la Amazonía. Las laderas descienden abruptamente hacia un mundo completamente diferente, neblinoso, húmedo, exuberante e impenetrable. Durante su expansión, Pachacútec se adentró  en algunos de estos valles pese a resultar un medio incómodo para el quechua cordillerano. Vista del valle de Kosñipata desde Tres Cruces (periferia del parque nacional del Manu).

Una de las regiones hacia las que se dirigió fue hacia los valles orientales, donde los Andes se encuentran con la Amazonía, cuyas selvas trepan por sus laderas. Es un mundo casi opuesto al de la sierra andina alta, relativamente seca, fría y luminosa, de altiplanos y amplios paisajes. A diferencia de estos últimos, los valles del oriente se presentaban neblinosos, oscuros y lluviosos, de fuertes pendientes cubiertas de un bosque cuya exuberancia los hace impenetrables, de ambiente cálido y húmedo, a veces bochornoso. No era un mundo cómodo para los quechuas de los Andes, y menos aún sabiendo que estaba poblado por tribus salvajes a ojos del imperio: eran los aguerridos Antis y Chunchos, o indígenas amazónicos, de costumbres bárbaras para la organización inca. La provincia fue llamada Antisuyu, o provincia de los Antis. Las primeras crónicas españolas hablan de la zona como “montañas de los Andes”, y aunque al principio sólo hacían referencia a esas verdosas montañas de la parte oriental de la cordillera, finalmente la denominación terminó extendiéndose al resto de la misma, ya en época colonial.

Para

Para los incas, los valles orientales cubiertos de selva eran un mundo salvaje e indomable, con tribus sin civilizar bárbaras y peligrosas: eran los Antis y chunchos, que dieron nombre a esta región inca: el Antisuyu, o “parte del mundo de los Antis”. Ya en época colonial esas “montañas de los Antis” o de “los Andes” fueron dando el nombre al resto de la cordillera. Todavía hoy en las fiestas de la sierra es habitual la presencia de comparsas de “chunchos”, representación figurada por parte de los quechuas serranos de aquellos antiguos enemigos de la selva. Fiesta de la Mamacha Carmen, Paucartambo. 

Los incas tenían una relación ambivalente con el Antisuyu. Por un lado lo consideraban un mundo salvaje, de naturaleza indomable y de tribus sin civilizar, que iban desnudos, eran infieles y caníbales, aparte de disparar flechas o dardos envenenados desde el silencio de la espesura. Todavía hoy en las fiestas de la sierra es muy habitual la presencia de las comparsas de “chunchos”, representación figurada por parte de los quechuas serranos de aquellos antiguos enemigos de la selva. Pero por otro lado la exuberancia de la jungla les resultaba paradisíaca, y allí estaban algunos animales tutelares o totémicos, como el jaguar (otorongo) o las grandes serpientes (amaru), aparte de ser residencia de espíritus y antepasados míticos (auquis) vinculados a esos animales. Además el Antisuyu proporcionaba productos exclusivos de la zona, muy apreciados por el Inca y la nobleza. Entre los de naturaleza vegetal destacan la coca, la vilca, las hojas de tabaco, el ishpingo (canela americana) la yuca o diversos frutos exóticos. Los animales proporcionaban pieles de mamíferos y plumas vistosas de guacamayos, loros, tangaras y otras aves para elaborar suntuosos atuendos ceremoniales o personales, aparte de mascotas personales como loros, monos o algunos felinos. Por último también había yacimientos de plata y ríos en los que obtener oro en sus riberas.

Pero el Antisuyu

Pero el Antisuyu también les resultaba paradisíaco y exuberante, residencia de espíritus y animales totémicos; además allí se conseguían productos exclusivos como la coca y frutos exóticos, y vistosas pieles, plumas y mascotas. Todo ello supuso un aliciente para que Pachacútec decidiese aventurarse por su dificilísima geografía a mediados del siglo XV. Precipicios en torno a Intipunku, en el cañón del Urubamba, a escasos kilómetros de Machu Picchu

Los incas emprendieron la conquista de los Antis a mediados del siglo XV, en varias expediciones con desigual fortuna, en las que llegaron a adentrarse en el Amaru Mayu (“río de la Gran Serpiente”, hoy llamado Madre de Dios) o descender a las llanuras de los Moxos en la actual Bolivia. Cuando los incas hubieron controlado un sector suficiente que les proporcionase los deseados productos y seguridad fronteriza detuvieron sus incursiones. Se hizo entonces imprescindible afianzar sus conquistas, y para ello edificaron numerosos asentamientos y núcleos poblacionales en los valles antisuyanos, posiblemente con una triple función. Por un lado servirían de “llacta” o célula administrativa de control y apoyo para gestionar la producción y transporte de productos selváticos hacia la capital. Por otro serían una forma de vigilar o eventualmente combatir la entrada de los salvajes antis y chunchos hacia el corazón del imperio, y por último supondrían unos exóticos lugares “vacacionales” en el que tener una hacienda real, en un ambiente muy diferente al de la sierra y no muy lejos de Cuzco. En los valles del Urubamba y Vilcabamba los incas construyeron al menos cinco de estos centros notables, hasta ahora conocidos: Machu Picchu (y enclaves menores asociados, como Wiñay Wayna y otros), Waman Marka, Vitcos (residencia de Manco Inca), Espíritupampa (que muchos consideran Vilcabamba la Vieja) y Choquequirao.

El

Cuando los incas hubieron controlado un sector suficiente de los valles selváticos, que les proporcionase los exclusivos productos y seguridad fronteriza, establecieron células administrativas de control y apoyo: eran las llactas. Además de gestionar la producción y transporte de productos a la capital, servían para vigilar la entrada de salvajes antis hacia el corazón del imperio (aprovechando su privilegiada ubicación) y como lugar de recreo. Machu Picchu fue una hacienda real, pero también cumplió las funciones de una llacta

Las llactas estaban provistas de una infraestructura básica que asegurase la obtención de alimentos (andenes y tierras agrícolas), canalizaciones para el abastecimiento de agua, edificios para los colonos y retenes de soldados, templos de uso religioso que permitiesen difundir el culto solar y estructuras defensivas, a veces aprovechando la propia geografía (precipicios). Las llactas estaban interconectadas por una red de caminos cuidadosamente trazados y elaborados, que finalmente se unían a la red de caminos del imperio. En el caso de Machu Picchu, posiblemente Pachacútec apreció algo más que su valor estratégico para controlar el cañón del Urubamba e impedir la entrada de los antis al Valle Sagrado. El lugar es tan magnífico que el Inca decidió que fuese algo más que una llacta de colonización y decidió incorporar Machu Picchu al listado de sus haciendas reales. Tal vez su hijo Túpac Yupanqui hizo lo mismo con Choquequirao, como vimos en el correspondiente artículo de este blog.

Quizá subyugado por la belleza del lugar, Pachacútec ordenó construir una hacienda real privada para su familia en Machu Picchu. Parece que también reparó en la importancia estratégica de una antigua aldea en Choquequirao, decidiendo desarrollar en su lugar una nueva llacta imperial para control administrativo, político y estratégico.(Mural conmemorativo del centenario de Machu Picchu en el aeropuerto de Cuzco)

Quizá subyugado por la belleza del lugar, Pachacútec ordenó construir una hacienda real privada para su familia en Machu Picchu. Sin duda también reparó en la importancia estratégica del lugar, que serviría además como llacta imperial para control administrativo, político y estratégico. (Mural conmemorativo del centenario de Machu Picchu en el aeropuerto de Cuzco)

Hiram Bingham, poco antes de descubrir al mundo Machu Picchu, ya consideraba a Choquequirao una de las fortalezas fronterizas defensivas que defendían el valle del Apurímac de la entrada de los antis, más aún teniendo en cuenta que frente a Choquequirao, en la ladera opuesta, se encuentra otra “fortaleza” menor, Incahuasi. Cuando encontró Machu Picchu, también fue esta una de las hipótesis que propuso acerca de su significado, esta vez respecto al valle del Urubamba. Estas ciudades-fortaleza se reforzarían con otros fuertes menores en los ríos que permitirían cortar las incursiones de grupos pequeños de indios antis, o darían la alarma si llegaban grupos mayores que pudiesen avanzar hacia Cuzco. Sin embargo Choquequirao o el propio Machu Picchu no parecen tener una planificación de fortaleza o un sentido militar, aún cuando estén protegidas por empinados y profundos precipicios. Aunque Machu Picchu tiene además una muralla, esta no rodea la totalidad de la ciudad, sino parece sencillamente separar la zona agrícola de la urbana, especialmente el barrio donde estaba el Templo del Sol y el palacio del Inca. No fueron enclaves planteados como fortaleza: simplemente cortando los acueductos que abastecían el agua a ambas ciudades sería fácil rendirlas. En cambio sus palacios, fuentes concatenadas, plazas ceremoniales y templos parecen indicar que su función tuvo más que ver con el culto o el recreo que con cuestiones militares, lo cual no es incompatible con una posible función asociada de vigilancia del cañón, o incluso con albergar un retén de soldados para frenar pequeñas incursiones de antis.

Aunque

Aunque dispone de muralla y abruptos precipicios, Machu Picchu no parece tener una planificación de ciudad fortificada o un sentido militar: simplemente cortando el acueducto que abastecía de agua a la ciudad sería fácil rendirla, como bien supieron hacer los incas cuando conquistaron la gran ciudad chimú de Chan Chan. En la foto se ve llegando el canal de abastecimiento a la ciudad y traspasando la muralla.

VIDA COTIDIANA EN MACHU PICCHU

Cuzco está próximo a estos valles del Antisuyu. Pocos kilómetros aguas abajo de Ollantaytambo, en el Valle Sagrado, el paisaje cambia por completo. El río se encajona en un profundo cañón y los colores terrosos, amarillentos y parduzcos se transforman en el dominio de los verdes. Aparecen cada vez más árboles, orquídeas, bromelias y líquenes en troncos y rocas. La exuberancia es la que marca la frontera de entrada al Antisuyu. Allí está Machu Picchu (“Pico Viejo”), en lo alto de una cresta que desciende desde el elevado cerro que le da nombre y que se une a Huayna Picchu (“Pico Joven”, una de las montañas más fotografiadas del mundo a diario, pues es la que se ve en la foto clásica de este complejo arqueológico). Su nombre en época inca era “Picchu”, según parece deducirse de documentos coloniales del siglo XVI (véase “El abandono” líneas abajo); otros investigadores suponen se llamaba Patallacta, aunque nos parece menos probable y además hay varios lugares con ese nombre.

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Machu Picchu fue edificado en el siglo XV en lo alto de una cresta montañosa que desde el pico homónimo (al fondo) desciende y se une a modo de silla de montar con el Huayna Picchu (al dorso, no visible en la foto). Desde este lugar se divisa un amplio meandro del río Urubamba y numerosos cerros con santuarios, como el Putucusi (a la izquierda)

La construcción se inició a mediados del siglo XV, y fue cuidadosamente planificada y elaborada como veremos en el siguiente artículo de esta serie. La ciudad fue dotada de suntuosos templos y residencias para el inca y sus nobles. El séquito real, sacerdotes, sirvientes, funcionarios, etc. llegaría en los meses centrales de año (época de menos lluvias) a disfrutar de unas semanas o meses de estancia en el lugar, a modo de los palacios de verano de los reyes europeos. Seguramente era el momento de revisar en directo el estado de colonización de la provincia antisuyana. A la ciudad llegarían a informar funcionarios de la región y probablemente el propio Pachacútec se desplazaba en persona a revisar otras llactas vecinas.

Vista desde la llamada Casa del Guardián, Machu Picchu, Cuzco, Perú © Formentí 010 completa

Durante los meses centrales del año (época de menos lluvias) el inca y su séquito (familia, altos funcionarios, sacerdotes, sirvientes, nobles, etc) llegaban a Machu Picchu a disfrutar de unas semanas o meses de estancia en el lugar, a modo de los palacios de verano de los reyes europeos.En esos meses la ciudad bullía de actividad. En esta imagen podemos una reconstrucción de como pudo ser la ciudad en su época de esplendor, solapada a una imagen actual del lugar. El dibujo fue realizado por Robert Giusti, basándose en los datos arqueológicos de A. Valencia Zegarra y del ingeniero Kenneth Wright. (NG jun 2002)

Durante los meses centrales del año (época de menos lluvias) el inca y su séquito (familia, altos funcionarios, sacerdotes, sirvientes, nobles, etc) llegaban a Machu Picchu a disfrutar de unas semanas o meses de estancia en el lugar, a modo de los palacios de verano de los reyes europeos.En esos meses la ciudad bullía de actividad. En esta imagen podemos una reconstrucción de como pudo ser la ciudad en su época de esplendor, solapada a una imagen actual del lugar. El dibujo fue realizado por Robert Giusti, basándose en los datos arqueológicos de A. Valencia Zegarra y del ingeniero Kenneth Wright. (NG jun 2002)

En esos meses de estancia del inca residían en Machu Picchu un millar de personas, y esta bullía de actividad. Intentemos imaginarlo: el inca y su familia en las residencias reales, la guardia personal en las calles, soldados controlando los accesos a la ciudad, los templos con sacerdotes de alto rango y vírgenes del Sol, los almacenes repletos de alimentos, agricultores trabajando los andenes, ganaderos con sus recuas de llamas trayendo productos a la ciudad, ceremonias en las plazas, artesanos elaborando vasijas y objetos de metal, arquitectos presentándole al inca maquetas de los próximos templos o barrios a construir en la ciudad…

Inca con quipucamayoc

Durante la estancia del inca, la ciudad bullía de actividad. En sus aposentos el inca recibía a sus funcionarios con informes acerca de las las distintas provincias del imperio, arquitectos con maquetas de templos y barrios a construir, etc. Recreación del inca atendiendo a los informes de un quipucamayoc (funcionario encargado de interpretar los quipus, que eran un sistema de registro y contabilidad a base de cordones y nudos muy importante para el imperio). Museo Machupicchu/ Casa Concha de Cuzco.

Palacio

La ciudad fue dotada de suntuosos templos y residencias para el inca y sus nobles. En la imagen, algunos de los recintos que se suponen alojaban al inca Pachacútec durante sus estancias.

jardín

La exuberancia natural que ofrecen las selvas de montaña fue uno de los grandes alicientes que probablemente animaron a Pachacútec a establecer una hacienda real en Machu Picchu, rodeándose allí de orquídeas, begonias, bromelias y hermosas aves. Anexo a su palacio hay una terraza privada donde se supone existió un jardín tropical para el inca. En la foto unas begonias en ese lugar.

Cuando el inca y su séquito regresaban al Cuzco, la ciudad quedaba mucho más tranquila. Permanecía allá un retén de trabajadores encargados del mantenimiento de la ciudad, reparando desperfectos en los muros, engrosando o renovando los techos con materia vegetal para reducir las goteras, limpiando los canales, sembrando maíz y patatas y protegiendo los sembríos de los ataques de los loros y otros pájaros. Otros canteros y arquitectos completaban la construcción de algún nuevo edificio o templo. También es presumible que permaneciese un retén militar para controlar el cañón o un posible asalto de antis a la ciudad. En conjunto eran trabajadores y artesanos mitayos llegados de a veces de otras partes del imperio (costa, altiplano…), que inclusive habían traído algunos útiles de sus lugares de origen (ver Machu Picchu II en este mismo blog). Se estima que la población de Machu Picchu en esos meses rondaría las 300 personas (tal vez menos), que no se corresponde con la potencialidad que tienen sus andenes de producir y abastecer de alimentos durante todo un año, pues sólo proporcionarían alimento para cubrir las necesidades de unas 60 personas. Por tanto debió existir un aporte de alimentos llevados a Machu Picchu desde el exterior a lo largo del año, que durante la estancia del séquito real se triplicaría cuando menos.

Durante

Durante la ausencia del inca la ciudad quedaba más tranquila. Permanecía allí un retén de unos 70-80 trabajadores encargados del mantenimiento de la ciudad, reparando desperfectos en los muros, renovando techumbres vegetales, limpiando canales, completando edificios en construcción y encargándose de tareas agrícolas. Algunos investigadores suponen que la población residente todo el año alcanzaba las 300 personas.

Desde el punto de vista de su productividad, las tierras y superficie de andenes de Machu Picchu tenían menos valor que las de otras haciendas reales como las del Valle Sagrado. El terreno es muy abrupto, sin amplias extensiones llanas o vegas fluviales de ricos suelos. Llegar a cultivar en Machu Picchu fue muy trabajoso. Supuso construir un gran número de andenes en la abrupta ladera, que alguna vez sufrió corrimientos que exigieron reparar los mismos. Por tanto, a priori Machu Picchu no resultaría económicamente valioso para su panaca.

sector

A pesar de las dificultades que supuso disponer de una notable extensión de andenes para uso agrícola, donde se cultivó principalmente maíz, se estima que su potencialidad de producción de alimentos serviría para alimentar a unas 70-80 personas, que se correspondería con el retén de mitayos de mantenimiento.  

 

EL ABANDONO

La ciudad inca permaneció ocupada casi un siglo desde su construcción, hasta ser paulatinamente abandonada en torno a 1535. Quedaron edificios y templos sin terminar, a media edificación. Por esos años ocurrieron grandes cambios en el imperio: a inicios de los años 30 una sangrienta guerra civil entre dos hermanastros candidatos a Inca sembró rivalidades entre panacas y en plena guerra seguramente era muy peligroso salir de Cuzco a un valle remoto a varios días de camino, sobre todo siendo el clan de una panaca tal vez opuesta a uno de los ejércitos que podían aparecer de camino.  Acto seguido, en 1532 llegaron los españoles y continuaron los cambios y desestructuración del imperio. Los trabajadores al servicio de la panaca, sin una autoridad que les impusiese la estancia en la ciudad fueron regresando a sus tierras de origen a encargarse de sus cultivos y ganado. En el levantamiento de Manco Inca de 1536 contra los españoles, seguramente fueron reclutados para el asedio del Cuzco los ya escasos mitayos que quedarían en Machu Picchu, y los pocos nobles y religiosos (si es que quedaban) se mudarían a engrosar el cortejo del nuevo inca en Ollantaytambo y Vitcos.

Incendio en el Templo del Sol, Machu Picchu red © Formentí

 

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Los españoles sabían de la existencia de “Piccho”, aunque no parecen haberla visitado, o sólo ocasionalmente. Su curaca era el indígena bautizado Juan Chaico, y la ciudad enviaba sus tributos a la encomienda de Ollantaytambo. Autorizados por el inca rebelde Titu Cusi Yupanqui, unos religiosos agustinos entraron a evangelizar la ciudad hacia 1570: podrían haber sido responsables del incendio del Templo del Sol (arriba, recreación en ordenador), pero también 8 años antes la ciudad había sido asaltada e incendiada por los incas de Vilcabamba. Las piedras de granito del Templo del Sol (sobre estas líneas) aún muestran las grietas causadas por el intenso calor.

Hacia 1540 seguramente quedaban ya pocos ocupantes encargados de su cuidado y mantenimiento, pero no estaba despoblada totalmente, pues “Piccho” era entonces una población tributaria de la encomienda de Ollantaytambo, asignada a Hernando Pizarro. Los españoles sabían de su existencia, pero no parecía ser visitada por ellos, pues los tributos eran llevados por los indígenas a Ollantaytambo, no cobrados en la propia ciudad. Un español llamado apellidado Xuares tenía hacienda en Quente, a la entrada del cañón y recorría este último regularmente: seguramente conoció el poblado de Picchu. En 1562 los incas de Vilcabamba a mando de Titu Cusi Yupanqui hacen una incursión en el valle de Amaybamba y en Picchu, quemando y asolando todas las casas de los pobladores, y tomando 80 presos (indios e indias) y matando a otros dos. Ambos repartimientos habían sido cedidos en encomienda a Arias Maldonado.

En 1565 Rodríguez de Figueroa es comisionado para negociar con el Inca rebelde Tito Cusi Yupanqui. Antes de entrar en el valle de Vilcabamba pernocta cerca del puente de Chuquichaca (Chaullay), desde donde salía un camino hacia Vitcos y otro hacia “picho, q’es de la tierra de paz”. Por tanto era zona libre de incas rebeldes, a diferencia de las hipótesis barajadas por Bingham. Los documentos coloniales recogen incluso el nombre del curaca encargado de Picchu en 1568, un indígena bautizado llamado Juan Chaico, que tenía coca sembrada en sus tierras.  Hacia 1570, el inca de la resistencia Titu Cusi Yupanqui aprovechando un momento de buenas relaciones con los frailes agustinos asentados en su reino de Vilcabamba, autorizó que miembros de esa orden fuesen a evangelizar a “Piocho”. Quizá la consideraba ciudad traidora, pues su bando enemigo, los españoles, la consideraban “tierra de paz”, y además Titu Cusi la había asaltado e incendiado con anterioridad. El arqueólogo Luis G. Lumbreras supone que esos “extirpadores de idolatrías” llegarían a Picchu y serían los responsables del incendio del Templo del Sol (hoy se aprecian algunas de sus piedras rajadas por el calor). Algo similar habían hecho los agustinos fray Diego Ortiz y fray Marcos García en el santuario de Chuquipalpa, junto a Vitcos. Sin embargo, opinamos que tal vez el incendio observado en este edificio y los posibles en alguno más se hayan debido a la incursión incendiaria de los incas de Vilcabamba documentada 8 años antes (1562), acción de la que sí quedó constancia documental. En cualquier caso, apenas dos años después de la misión agustina, en 1572 fue capturado y ejecutado el último inca de la dinastía rebelde de Vilcabamba, Túpac Amaru. Los últimos pobladores fueron abandonando Picchu y la selva se adueñó de palacios, plazas, templos y andenes.

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Machu Picchu apenas estuvo poblado un siglo. Durante la sangrienta guerra civil entre Huáscar y Atahualpa, las panacas no debían abandonar la seguridad relativa de la capital, pues podían sufrir ataques de ejércitos o facciones rivales que deambulaban por el imperio. Por ello, los miembros de la panaca de Pachacútec (fallecido al menos medio siglo antes) dejaron de frecuentar Machu Picchu. Al llegar los españoles en 1532, el imperio terminó de desestructurarse, los mitayos abandonaron la ciudad y la selva se adueñó del lugar, que permaneció inexplorado por los españoles (aunque sabían de su existencia). En la imagen, Huáscar es llevado preso por los generales de Atahualpa Quisquis y Chalcochima (dibujo de Guamán Poma) 

En resumen, las justificaciones que nos hacen pensar en el interés de Pachacútec por hacer hacienda real de este lugar son: 1.- el control y puesto de colonización de uno de los valles más importantes de entrada al Antisuyo, directamente desde el corazón del Imperio (Valle Sagrado), 2.- El acceso a cotizados productos de origen selvático, como la coca, y 3.- que probablemente Pachacútec quedó admirado por el lugar cuando se adentró en el cañón del Urubamba y deseó tener un lugar de retiro allí, en un ambiente exuberante rodeado de belleza natural y apus de montañas sagradas, que además conmemoraba sus conquistas en el Antisuyu. Quizá estas últimas fueron las razones más importantes. Machu Picchu enamoró a Pachacútec y lo sigue haciendo a millones de personas…

Grupo de las Tres Portadas (conjunto 9) desde la plaza al NE de la base del Intihuatana, Machu Picchu, Cuzco, Perú © Formentí 003

© Texto y fotografías: © José María Fernández Díaz-Formentí /http://www.formentinatura.com prohibida su reproducción sin autorización.

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4 comentarios
  1. Estoy leyéndolo y me parece muy interesante. Espero poder ir a este interesante lugar alguna vez para palparlo físicamente y contemplar esos bellos parajes naturales. Las fotos son muy buenas. Muchas gracias por hacer estos interesantes artículos del Perú y la cultura Inca. Un abrazo.

  2. Hugo permalink

    Gracias Chema por compartir estos conocimientos. Deseo conocer en algun momento este maravilloso lugar…un abrazo…Hugo

  3. Ivone Bühler permalink

    EXCELENTE SEU ARTIGO;: Obrigado Ivone

  4. GINO LEON permalink

    Yo soy arquitecto del Perú y la verdad que estoy super orgulloso de toda la tecnología constructiva que pudo alcanzar los Incas y en especial la relación de su obra con el paisaje. Lastima que solo a haya perdurado hasta la Colonia y que en actualidad no sea un ejemplo para poder resolver el problema de habitabilidad en nuestro país.
    Arq. Gino León

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