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CHOQUEQUIRAO (IV); Una llacta incaica en los Andes amazónicos. Descripción y aproximación histórica / An administrative inca town in the Amazonian Andes. Description & historical account

5 de marzo de 2012

© Texto y fotografías: © José María Fernández Díaz-Formentí / http://www.formentinatura.com

La “llacta” (población administrativa) inca de Choquequirao asienta en un espolón de roca y selva, que desde un cerro más elevado (estribaciones del nevado Qorihuayrachina) emerge y se prolonga en dirección al cañón del Apurímac, desplomándose sobre él (1500 m de desnivel hasta el río). La plaza Principal o Haucaypata se encuentra a unos 3000 m de altitud sobre el nivel del mar, y sus coordenadas en Google Earth son 13º23’34.83”S/ 72º52’25.53”O.

La urbanización que llevaron a cabo los incas en este difícil lugar comenzó de un forma en la que hoy el visitante no repara pero que sin duda supuso un trabajo faraónico. Sobre la crestería superior de este espolón rocoso y selvático fue preciso nivelar y aterrazar el terreno moviendo cientos o miles de toneladas de rocas, tierra y árboles para crear las nivelaciones en las que construir los futuros edificios y plazas. Este trabajo previo fue muy importante no solo en Choquequirao sino en otros enclaves incas como Machu Picchu, que también asienta en un espolón parecido. La abrupta geografía andina exigió estas obras previas con harta frecuencia para construir en sus laderas. Cabe imaginar importantes retenes de trabajadores reclutados para ello, derribando y quemando árboles, picando rocas, trasladando pesados canastos de tierra y piedras, allanando el terreno antes tan abrupto… Todo ello exigió una previa planificación y organización (suministros y manutención de los retenes de trabajadores, alojamiento, etc). Los visitantes de Choquequirao o Machu Picchu deberían imaginar y recordar esos importantes trabajos previos que permitieron la posterior construcción y desarrollo de las respectivas poblaciones.

Construir Choquequirao sobre la crestería rocosa y selvática en la que asienta exigió importantes trabajos iniciales de movimiento de tierras, nivelación y aterrazado que deberían ser imaginados por el visitante

Pero Choquequirao no fue edificada en un solo tiempo o bajo un único proyecto constructivo cerrado, pues se aprecian diferencias en el uso de materiales, aparejos y técnicas en diferentes barrios, e incluso remodelaciones de edificios previos. Cuando he redactado este artículo (inicios del año 2012) se estima que apenas se ha despejado de la cobertura vegetal selvática poco más de un 30% del área arqueológica. Hasta el momento los arqueólogos han descrito en esta población una serie de sectores con características propias, que seguiremos por resultar útiles para conocer el lugar y aventurar explicaciones al sentido que pudo tener Choquequirao. Como en la mayoría de las poblaciones incas, hay también aquí un barrio alto o superior (Hanan) y otro inferior (Hurin), así como terrazas agrícolas. Vayamos viendo los sectores hasta hoy descubiertos:

Ubicación de Choquequirao y sus sectores principales (vista sobre Google Earth; pinchar para ampliar)

SECTOR I : Plaza Principal Superior, edificios y fuentes anexos (Hanan). Este sector comprende la plaza superior y los edificios que la rodean, y que integran el barrio alto (Hanan), que parece haber sido ceremonial. Encontramos aquí un edificio alargado sin ventanas, otro con dos habitaciones enfrentadas y un patio común, y un templete de intrincado diseño, posiblemente destinado a rituales funerarios. A este sector llega un largo acueducto construido a través de la selva que trae agua desde el arroyo de Chunchumayo. Una vez llega a este barrio Hanan el agua fue canalizada de forma similar a como los incas hicieron en otros muchos centros ceremoniales del imperio, pasando por sucesivas fuentes de piedra o “pacchas”. Tal vez este recorrido de las aguas, pasando de una a otra paccha, emulaba el recorrido de las aguas del deshielo, desde los nevados o apus, fertilizando las tierras en su recorrido y permitiendo las cosechas en los valles antes de perderse en los ríos que los incas veían desaparecer en la infinita llanura amazónica (según vimos en otro artículo de este blog –Choquequirao (I)-, en algunos mitos andinos esas aguas regresarían de noche a los apus montañosos en forma de un gran río celestial o Hatun Mayu, que es la Vía Láctea). Dada la vital importancia del agua en la fertilidad de las áridas tierras andinas, en estos enclaves se prestaría especial interés a los ritos destinados a propiciar su suministro.

Plaza y Templo Principal del barrio alto (Hanan). Al fondo, el nevado Qorihuayrachina

Fuentes concatenadas de este tipo aparecen en Machu Picchu, Wiñay Wayna, Phuyupatamarka, etc. Estas pacchas solían construirse como pequeños recintos cerrados en torno a la caída del agua en los que se realizarían abluciones, baños, recogida o vertido de agua (o quizá sangre de llamas o alpacas sacrificadas) durante los ritos. En Choquequirao alguna de ellas tiene un diseño muy original, como la que recibe las aguas que llegan del acueducto desde el arroyo, que caía a lo largo de una canalización vertical en pleno muro septentrional de la plaza, pasando inmediatamente después a dos fuentes ceremoniales, para luego continuar por canales en el suelo hacia otras pacchas decenas de metros después. Cuando funcionaba esa caída de agua en el canal realizado en el muro con nichos que flanquea la plaza, la vista del mismo debía ser de gran belleza.

Al muro que limita al norte la plaza superior llega un acueducto desde la quebrada Chunchumayo, cuyas aguas fueron canalizadas verticalmente en el propio muro antes de pasar a las fuentes ceremoniales. Este efecto decorativo debió resultar de gran belleza

Sectores I (Plaza y Templos superiores del barrio Hanan) y II (almacenes y andenes ceremoniales)

SECTOR II: Almacenes y depósitos (Qolqas) y “Escaleras gigantes” de Bingham. Este sector también pertenece al barrio alto o Hanan. Los depósitos (foto superior) son edificios de gran tamaño, de planta rectangular alargada. Dos de ellos tenían doble planta, recordando a los del sector Pinkuylluna de Ollantaytambo. Se supone que en estos edificios se almacenarían los excedentes agrícolas y otros productos necesarios para abastecer a la población, tal y como era costumbre  a lo largo y ancho del Imperio.

Los almacenes o qolqas son grandes edificios de más de un nivel similares a los de otros enclaves incas

Cerca de ellos se encuentran 16 terrazas destinadas a cultivos ceremoniales, que Bingham denominó “escaleras gigantes”. Sus muros escalonados tienen pacchas en cada nivel, muretes laterales con hornacinas y escaleras para ascender de terraza a terraza, dispuestas a un lado de la misma en forma alterna.

Los andenes ceremoniales que Bingham denominó “Escaleras Gigantes” (sector II)

Sectores de Choquequirao sobre vista de Google Earth (pinchar para ampliar)

Plaza Principal (Haucaypata) con las Casas de los Gobernantes; a la derecha la gran kallanka rectangular llamada Sunturwasi. A la izquierda, el Templo de las Argollas (Sector III)

SECTOR III: Plaza Principal (Haucaypata) y edificios anexos (Casas de los Gobernantes y kallankas). Se puede considerar el núcleo central de la ciudad, en el barrio inferior (Hurin). La Haucaypata es una plaza bien nivelada, rodeada por edificios de importancia, en los que abundan los clavos de piedra tallada a los que se amarraban las techumbres. Hacia el norte destacan dos importantes edificios de elevados hastiales con hornacinas, que tuvieron dos pisos. Un muro central divide cada uno de ellos en dos recintos, uno a cada lado del hastial.

Las Casas de los Gobernantes tienen elevados hastiales y dos pisos con hornacinas trapezoidales

Entre los dos grandes edificios hay un patio. Algo más allá también hay un tercer edificio similar a ellos, que quedó sin terminarse. Aunque el primero tiene dos grandes puertas que se abren a la Haucaypata, para acceder a los demás desde la plaza hay que cruzar una puerta de doble jamba (símbolo de lugar destinado a la nobleza) que permite el ingreso a un pasadizo común, limitado a la izquierda por dichos edificios y a la derecha por un gran recinto rectangular o “kallanka”, a modo de galpón. Por su tamaño, contigüidad con la plaza y relativo aislamiento del resto, con un acceso por una portada en doble jamba, estas han sido llamadas “Casas de los Gobernantes” o “El Palacio”. En algunas de ellas existen restos del estuco pintado que en época inca enlucía los muros de la ciudad.

En algunos muros de las Casas de los Gobernantes aún quedan restos del enlucido de adobe que cubría los muros.

Se ha denominado Sunturwasi a una gran “kallanka” o recinto rectangular a modo de galpón destinado tal vez a grandes reuniones.

En cuanto a la kallanka, llamada Sunturwasi, que limita a un lado el pasadizo de acceso a las Casas de los Gobernantes, no tiene acceso a ese pequeño barrio de élite, pero sí se abren 6 puertas a un pasillo en el lado opuesto, que comunica con la plaza principal. Dada su accesibilidad, parece que esta kallanka pudo ser de uso colectivo, aunque desconocemos con qué fines (tal vez para grandes reuniones). Algo más allá de todas estas construcciones hay otro conjunto de recintos y patios que parecen corresponder a edificios que estaban siendo remodelados cuando la ciudad fue abandonada, y que algunos interpretan como talleres-vivienda. Limitando a la Plaza Principal por el oeste encontramos otros edificios de interés: junto a las casas de los Gobernantes otra kallanka abre 4 puertas a la Plaza. Este recinto tiene un curioso interior. En sus muros hay nichos trapezoidales que llegan hasta el suelo, flanqueados cada uno de ellos por 5 argollas líticas empotradas en cajuelas en el muro.

La kallanka que he preferido denominar “Templo de la Argollas”

Estas cajuelas y argollas son habituales en las construcciones incas para amarrar y asegurar puertas a las jambas del muro. Lo curioso es su presencia aquí en gran número, aparentemente para cerrar los nichos que flanquean, quizá con palos y cortinas, o para asegurar ídolos. Algunos estudiosos se refieren a esta kallanka como “Templo Principal”, aunque por su singularidad arquitectónica pienso tal vez sería más adecuado llamarlo “Templo de las Argollas”, más aún teniendo en cuenta que por el momento carecemos de hallazgos arqueológicos que corroboren su papel “principal”.

Detalle de las cajuelas del muro con argollas líticas en su interior (5 a cada lado de los nichos)

Una de las fuentes ceremoniales o “pacchas” en el lado oeste de la Plaza Principal

El otro recinto que flanquea la plaza por el oeste incluye en su interior dos fuentes ceremoniales o “pacchas”, a las que llega un acueducto empedrado que desciende bastante empinado desde la última paccha del barrio alto (Hanan, sector I). Desde la segunda fuente sale una canalización que discurre luego por la Plaza Principal.

El llamado Templo del Muro Triunfal (sector IV); al fondo, el ushnu ceremonial (sector V)

SECTOR IV: Templo del Muro Triunfal y corrales sagrados. Al sur de la Plaza Principal, un canal separa la misma de una pequeña explanada algo más elevada en la que asienta un curioso templo abierto, resultante de la remodelación de un edificio anterior. Consta de 4 pequeños recintos que se abren a esa pequeña plaza secundaria o explanada, que por detrás se adosan a la roca madre, como revistiéndola. A la izquierda se abre una portada de doble jamba por la que se accede al camino que asciende al gran ushnu ceremonial. El explorador francés Eugene de Sartiges exploró Choquequirao en 1834, denominando a esta construcción Templo del Muro Triunfal. Sus acompañantes indígenas excavaron en alguno de sus nichos sin éxito, pues tras el mismo estaba la roca viva. Sin embargo excavaciones de hace pocos años han permitido descubrir 17 enterramientos en su entorno. Justo por encima se encuentra otro recinto que se ha interpretado como un corral o “cancha” para llamas y alpacas probablemente sagradas o destinadas al sacrificio.

El ushnu ceremonial es una gran plataforma resultante del aplanamiento artificial de una colina, rodeado de un murete. En el mismo posiblemente se realizaban ceremonias religiosas calendáricas.

Sector V: Ushnu Ceremonial. Se trata de una pequeña colina a espaldas del Templo del Muro Triunfal cuya morfología natural fue modificada por los incas, aplanando su cima, que a su vez rodearon con un muro perimetral de escasa altura. Para llegar a esta plataforma se atraviesa la portada de doble jamba del Templo del Muro Triunfal y se asciende por un camino empedrado con escaleras. Los ushnus eran plataformas elevadas en las que se realizaban ceremonias religiosas en los festivales del año, rituales propiciatorios, libaciones, ofrendas de chicha, sacrificios y cremaciones. Están presentes en muchos asentamientos incas, y esta colina truncada con forma de plaza parece haberlo sido, aunque las excavaciones del año 2005 descubrieron unas lajas de piedra empotradas formando espacios rectangulares, que algunos han interpretado como un observatorio astronómico, aunque desconocemos con qué fundamento.

Sector VI: Templo de los Sacerdotes. Descendiendo desde el ushnu hacia el cañón y un poco al este se llega a un lugar con dos habitaciones gemelas, una frente a otra, con puertas simétricamente opuestas. Ambas habitaciones son de dos plantas y están encerradas por un muro perimetral con una sola entrada. Ha sido llamado Templo o Casas de los Sacerdotes, aunque sin fundamento arqueológico conocido por el momento. Su ubicación y el amplio dominio visual que ofrece del cañón hace pensar en un uso más bien como atalaya de vigilancia del mismo.

Sector VII: Andenes Monumentales o Andenes Sagrados. De los tres nombres con los que habitualmente se designan estos andenes (Monumentales, Señoriales o Sagrados), quizá el más ajustado a lo que observa el visitante es el primer nombre, pues se trata de andenes verdaderamente monumentales. Se sitúan al este de la Plaza Principal (barrio bajo o Hurin), en tres niveles de unos 10 m de ancho, con paramentos de unos 3-4 m de altura. Su longitud es de 150 metros.

Por su cercanía a la plaza y sector principal se piensa que inicialmente pudieron ser construidos para fines agrícolas, que abastecerían a un Choquequirao en construcción o en sus inicios. Posteriormente fueron remodelados, aumentando sus dimensiones y cubriendo posibles vanos.

Hoy se presentan como unos imponentes andenes, excesivamente monumentales y cercanos a la Haucaypata como para haber sido destinados a usos agrícolas, pues para un uso de tal índole hubiese bastado con unos aterrazamientos más sencillos y con los habituales peldaños en los muros para que el campesino cambie de uno a otro. Pensamos más bien que tal vez se construyeron inicialmente como un sistema de afianzamiento y estabilización del terreno, que diese soporte y estabilidad a la plaza y edificios señoriales que están justo encima. En las empinadas laderas de los Andes selváticos orientales es frecuente que las abundantes precipitaciones ablanden el suelo poco desarrollado sobre la roca madre y se produzcan devastadores corrimientos de tierras (“huaycos”), capaces de deforestar laderas de una montaña llevándose consigo la vegetación, carreteras, infraestructuras y edificios. Los incas eran buenos conocedores de esta posibilidad y en muchas de sus poblaciones crearon aterrazamientos en las laderas para estabilizar el terreno y evitar esos desastres. Es una explicación no sólo para estos andenes monumentales, que protegerían el sector más importante de la ciudad, sino para otros andenes construidos en empinadísimas laderas o al borde mismo de vertiginosos precipicios, como ocurre en el caso de Paraqtepata (sector X). Tras su construcción, por supuesto, quedaría abierta la posibilidad de su uso agrícola. En el caso de los andenes de este sector VII cabe pensar que el destino de sus cultivos sería la élite religiosa o política de la cercana Haucaypata. También podemos suponer un uso no agrícola sino estético- ceremonial, algo parecido a lo que hoy conocemos como jardín, vinculado al adyacente complejo de las Casas de los Gobernantes y kallankas.

Sector VIII: Andenes de las Llamas del Sol. La influencia Chachapoya. En las laderas que, desde la ciudad, se desploman al oeste cayendo al cañón del Apurímac (foto superior) se han encontrado un conjunto de 138 terrazas, antes cubiertas con la vegetación selvática. Salvo su proeza técnica por lo inclinado del terreno, estos andenes no tendrían mayor interés de no ser porque en algunos de sus muros se hizo uno de los más originales descubrimientos en la arqueología inca de los últimos decenios.

Y es que estos muros están decorados con figuras de llamas, hechas con piedras blancas que destacan entre las pardo grisáceas del resto de la mampostería. No hay otro ejemplo similar en la arqueología inca. Los incas eran sobrios en la decoración de sus paredes, aunque en alguna ocasión tallaban altorrelieves de serpientes, llamas o felinos en sus piedras, pero nunca habían decorado muros agrícolas y menos aún con figuras de este tamaño. El hallazgo me pareció tan novedoso que fue uno de los detonantes que me animó a visitar Choquequirao.

El conjunto de andenes desciende un desnivel de unos 250 m. En el que está más arriba aparece un decorado en zigzag, también en piedra blanca, a lo largo del andén. Por debajo están los 18 andenes con figuras de 24 llamas y una figura humana. Cada uno de ellos tiene una o dos llamas decorando su muro, hechas como decimos en piedra blanca y con una altura promedio de 1,30 m. Observando los andenes desde un mirador vemos como las llamas están relativamente alineadas, no en vertical sino en dos diagonales. El algún caso se representó una llama con su cría. En el andén más basal aparece una figura humana que algunos denominan “el pastor”, al interpretar el conjunto como un rebaño de llamas con su pastor.

Las 24 Llamas del Sol de Choquequirao aunadas en un mosaico fotográfico, ordenadas de andenes superiores a inferiores (a excepción de la figura humana o “pastor”, que está bajo las llamas en realidad)

Mi deleite alcanzó su máximo cuando, de pronto, un cóndor (Vultur gryphus) pasó volando sobre los andenes de las Llamas del Sol y la selva de montaña que las rodea…

Mientras ascendía fatigosamente, de regreso a la plaza principal, venía reflexionando sobre lo que había visto, pues pese a su singularidad, algo “me sonaba” en todo aquello. Cuando llegué a la plaza tenía la solución. Es cierto que los incas no hacían este tipo de decoración en sus muros, pero sí que lo hacían (con otros motivos) los Chachapoyas. Cuando hace años visité Kuélap y otras impresionantes ruinas de esa cultura, al norte del Perú, pude examinar sus muros decorados con frisos y figuras romboidales. Evidentemente Choquequirao está muy lejos del área Chachapoya, pero entonces recordé que a los incas les había costado muchísimo vencer y conquistar esas tierras…

Friso en zigzag en el andén superior del conjunto de Andenes de las llamas del Sol

Muro con decoración en zigzag en edificio chachapoya del Pueblo Bajo de la ciudad prehispánica de Kuélap (departamento de Amazonas, Perú); compárese con la foto superior.

Los Chachapoyas (del quechua sach’a= fronda, selva densa, y phuyu = niebla) vivían en valles de selva nubosa al oriente de Cajamarca y del río Marañón. Su conquista la comenzó Túpac Inca Yupanqui hacia 1475. Tras unos acuerdos de paz, hubo una sublevación contra los incas en tiempos de su hijo, el emperador Huayna Cápac, hacia 1505, que tuvo que organizar expediciones de castigo contra ellos. Algunos historiadores sospechan que uno de los caciques chachapoyas pudo ser incluso el causante de la muerte del Inca por envenenamiento, más que la epidemia de viruela a la que se atribuye su deceso. Llegada la guerra de sucesión inca, también fueron rebeldes y resistentes contra las tropas de Atahualpa. Pese a acuerdos temporales con sus caciques, los Chachapoyas nunca se sintieron integrados en el Imperio Inca, y de hecho cuando llegaron los españoles se aliaron con ellos para combatir contra los incas, aunque después también a los hispanos les costó su conquista.

Challco Chima, principal capitán del inca Túpac Yupanqui en la conquista de los Chachapoyas según Guaman Poma (Nueva Corónica y Buen Gobierno, s. XVI-inicios XVII)

Cuando los incas conquistaban un territorio reacio a integrarse en el imperio, procedían a desplazar poblaciones enteras, repartiendo y diseminando los pueblos conquistados por zonas seguras y pacificadas del mismo, e instalando colonos fieles al imperio (mitimaes) en las zonas recién anexionadas al mismo. Intentaban así desarraigar y desunir a esos pueblos díscolos, “diluyéndolos” por el vasto Imperio para evitar rebeliones. El caso de los Chachapoyas era por tanto una indicación típica para hacer estas movilizaciones. A su región fueron llevados mitimaes huancas, de Cuzco, Cajamarca, Huamachuco y del reino costero de Chimú. En sentido inverso, miles de pobladores Chachapoyas fueron desplazados a otras zonas del Tahuantinsuyu en tiempos de Huayna Cápac. Se desconoce si antes su padre también lo había hecho.

Al examinar los andenes de las llamas del Sol de Choquequirao y recordar todo esto comprendí lo que podía haber ocurrido. Un retén de chachapoyas desplazados había sido destinado a Choquequirao como mano de obra, aprovechando además su aclimatación a este tipo de ambiente de selva nubosa alta. Tal vez en sus lugares de origen eran albañiles o canteros y ello fue un aliciente más para destinarlos a un Choquequirao en remodelación o ampliación. Una vez allí les asignarían la construcción de esos andenes y entonces tal vez propusieron a sus capataces la idea de decorarlos como ellos hacían en sus construcciones. La idea fue aceptada y así se realizó finalmente, aunque con imágenes de llamas estilísticamente incas (los muros chachapoyas no muestran llamas como estas, que sí aparecen repetidamente en el arte inca).

Figura antropomorfa en el andén inferior, llamado “el pastor” de las Llamas del Sol. Obsérvese la disposición de los bloques de mampostería en vertical.

Cuando a mi regreso de Choquequirao busqué más documentación sobre el lugar, comprobé con satisfacción que Luis G. Lumbreras, uno de los más prestigiosos arqueólogos peruanos, había propuesto exactamente la misma interpretación. De nuevo cabe esperar la confirmación que supondría el hallazgo de cerámica de estilo chachapoya en Choquequirao (en Machu Picchu se han hallado piezas de estilos llegados de la costa norte, del altiplano de la actual Bolivia, de Chile, etc.). La albañilería y cantería de los muros de toda la ciudad también se parece mucho a la usada por los chachapoyas: es muy diferente a los característicos muros incas de Cuzco, Valle Sagrado y resto del Imperio, si bien la arquitectura y morfología de los edificios de Choquequirao sí se corresponden con los modelos incas. En Choquequirao no se empleó granito como en los enclaves incas más conocidos, con el característico encaje perfecto entre los bloques, sino esquistos, unas rocas que no admiten su tallado como el granito, pues al golpearlas parten en bloques y lascas relativamente aleatorias. No parece probable que en las cercanías hubiese canteras de granito, y aunque a veces los incas hacían traer granito de canteras muy distantes para sus edificios más notables, no fue el caso en Choquequirao, donde se recurrió a la roca madre local. El ensamblaje de los bloques aquí fue necesariamente de aspecto rústico (“pirja”), y para darle un mejor aspecto exterior, se enlucieron las paredes con arcilla pintada, de la que aún quedan restos. Con todo, la presencia de obreros y posibles canteros chachapoyas acostumbrados a construir ese tipo de muros facilitó el ensamblaje de bloques según sus costumbres, colocando las piedras no siempre en horizontal. Todo ello es muy evidente en este sector de andenes de las llamas.

En cuanto al motivo decorativo en sí, las llamas, aparecen muy estilizadas correspondiéndose a la perfección con las representaciones de las llamas en el arte inca (textiles, metales, etc). Se han buscado interpretaciones acerca de su sentido, mirando al sol poniente y a los apus como ofrenda a distintos dioses incas. Pensamos que sencillamente se trata de una pequeña concesión decorativa en unos muros de andenes que se verían desde el cañón, sugerida por obreros chachapoyas. Al elegir el motivo se decidió que fuesen llamas por ser de sencilla representación y porque sin duda eran animales muy valorados, además de ser una recurrente ofrenda a los dioses cuando en las fiestas se hacían sacrificios. A modo de suposición final, podríamos incluso imaginar que en esos andenes paciese vigilada una recua de llamas “sagradas” destinadas a dichos sacrificios. Pero es sólo una idea más…

Sector IX: Pikiwasi. Se trata de un barrio (en quechua “casa de las pulgas”) ubicado en la ladera oriental del ushnu (foto superior). Sobre una zona aterrazada aparecen edificios agrupados de planta rectangular, grandes kallankas o galpones, pasadizos, callejuelas y escaleras. Además se han encontrado recintos de planta circular (5,6 m de diámetro) atribuidos a épocas preincas. Un camino une al barrio de Pikiwasi con la plaza Principal o Haucaypata.

Habitación del barrio de Pikiwasi que permite suponer un uso como cocina. Dado que en las casas populares incas no existía la cocina como tal, su parecido con las antiguas cocinas españolas me hace pensar en una influencia colonial durante el siglo XVI. Es una de las tareas pendientes de la arqueología comprobar si en Choquequirao hubo este tipo de influencias.

Los hallazgos de cerámica utilitaria con restos de haber sido calentada a la lumbre (hollín), huesos de llama y de cuy (conejillo de Indias) quemados, restos de fogones, morteros de piedra y otros hallazgos muestran que Pikiwasi fue un barrio doméstico popular en el que se alojaron los trabajadores, soldados o responsables del mantenimiento de la ciudad. Parece que en el lugar hubo asentamientos más de un milenio antes de la llegada de los incas. Posiblemente no eran más que un conjunto de chozas o cabañas de adobe y techo vegetal. En siglos posteriores aquellas construcciones fueron remodeladas hasta que los incas les dieron su apariencia actual. Algunos recintos parecen destinados a cocina, recordando a las antiguas cocinas españolas; dado que en época inca no existían estas dependencias como tal en las viviendas populares, su parecido me hace pensar en una posible influencia colonial durante el siglo XVI. Es una de las tareas pendientes de la arqueología comprobar si en Choquequirao hubo este tipo de influencias.

Sector X: Andenes de Paraqtepata. Este grupo de andenes se ubica unos cientos de metros ladera abajo del barrio de Pikiwasi. Son 18 terrazas distribuidas en tres grupos verticales, separadas entre sí por dos empinadas escaleras continuas. Unas canalizaciones llevan agua a una fuente situada en el centro del sector. El enclave en el que se sitúan estos andenes es impactante, pues están casi literalmente colgados al borde de un profundo abismo en cuyo fondo el arroyo Chunchumayo desciende a unirse al Apurímac. Estos andenes parecen un osado desafío a las alturas y al vértigo.

Los vertiginosos andenes de Paraqtepata (al fondo), al borde del precipicio de la quebrada Chunchumayo; en primer plano, los andenes de Pacchayoq (sector XI)

Donde mejor se aprecian es desde el camino que llega de Marampata a Choquequirao, antes de cruzar el arroyo de Chunchumayo. Impresiona entonces ver a este conjunto de andenes asomados al borde del precipicio. Rápidamente surge la pregunta de porqué los incas arriesgaron tanto. El trabajo de su construcción tuvo que ser muy duro y peligroso en ese lugar. ¿Por qué construir andenes allí, cuando hay otros lugares más cómodos de acceso y menos peligrosos? No es fácil responder a esta cuestión: quizá desde nuestra lógica actual la única explicación sea la que apuntábamos en el sector VII (Andenes Monumentales): estabilizar la ladera para prevenir corrimientos de tierras, tan frecuentes en las laderas de selva nubosa debido a un suelo escaso sobre una roca madre muy empinada. Lo cierto es que andenes “arriesgados” aparecen en otros enclaves incas, como en el cercano Huayna Picchu.

Sector XI: Andenes de Pacchayoq. Es un extenso conjunto de andenes agrícolas (foto superior) también situados en ladera de la quebrada de Chunchumayo, aunque no tan al borde del abismo como los de Paraqtepata. Como estos últimos, su conjunto se aprecia muy bien desde el camino que llega de Marampata.

También aquí los andenes están comunicados por largas escalinatas empinadas y rectilíneas, y hay canalizaciones para el agua. En la zona central del conjunto se encuentra la hoy considerada “Vivienda del Arariwa”, o Chakra Camayoq, que era el sabio o sacerdote a cuyo cargo estaba el cuidado de los cultivos. Dicho recinto tiene un templo, una vivienda y unas fuentes o pacchas.

La Vivienda del Arariwa o Chakra Camayoq, sabio encargado de los cultivos, en el conjunto de andenes de Pacchayoq (sector XI)

Ubicación de los andenes de Paraqtepata y Pacchayoq respecto a otros sectores de Choquequirao; el desnivel a salvar es de cientos de metros.

HACIA UNA POSIBLE HISTORIA DE CHOQUEQUIRAO

Como hemos visto, algunos hallazgos arqueológicos parecen indicar que en Choquequirao ya existían asentamientos muy anteriores a los incas. Se han encontrado fragmentos cerámicos de estilos que han sido datados entre el 1000 aC y el 200 dC (Marcavalle y Chanapata). Posiblemente ese primer asentamiento no eran más que un conjunto de chozas o cabañas redondas, no sabemos si temporales o estables, que se ubicaban en el sector hoy denominado Pikiwasi (IX), y que fueron abandonadas o quemadas. También durante la expansión del imperio Huari (500-1000 dC) hay indicios de una ocupación en el lugar, e igualmente se ha encontrado cerámica de estilo Killke, (1000-1400 dC), inmediata predecesora de la inca. Por tanto, parece que los incas implementaron el desarrollo urbano de la ciudad en un lugar previamente conocido y habitado desde antiguo. Es tarea pendiente de las investigaciones arqueológicas establecer como de desarrollada era esa ocupación preinca.

El Inca Pachacútec conquistó los valles de la cordillera de Vilcabamba a mediados del siglo XV, donde se encuentran Machu Picchu y Choquequirao. Dibujo de Guaman Poma (Nueva Corónica y Buen Gobierno, s. XVI-inicios XVII)


Quizá subyugado por la belleza del lugar, Pachacútec ordenó construir una hacienda real privada para su familia en Machu Picchu. Parece que también reparó en la importancia estratégica de una antigua aldea en Choquequirao, decidiendo desarrollar en su lugar una nueva llacta imperial para control administrativo, político y estratégico.(Mural conmemorativo del centenario de Machu Picchu en el aeropuerto de Cuzco)

A mediados del siglo XV, el inca Pachacútec se adentró con sus ejércitos en los selváticos valles en los que se encuentran Machu Picchu o Choquequirao. Este primer gran emperador y reformador del imperio, tal vez cautivado por la belleza del lugar y su importancia estratégica, decidió construir una hacienda real de su propiedad en Machu Picchu. Posiblemente por entonces también reparó en aquella antigua aldea en una crestería al borde del cañón del Apurímac. Pachacútec estaría entonces necesitando fijar enclaves que afianzasen su dominio y control en la zona, así que aquella aldea, desde la que se dominaba y controlaba el gran cañón del Apurímac, debió parecerle de gran interés. Por tanto, tal vez fue el mismo Pachacútec quien ordenó remodelar y ampliar aquel primitivo poblado para transformarlo y ampliarlo, creando una “llacta”.

Las llactas eran poblaciones incas con funciones predominantemente administrativas. En ellas asentaba durante un tiempo limitado una población móvil, allí destinada para cumplir su “mita” o tributo estatal en forma de trabajo. Los mitayos cumplían sus obligaciones con el imperio construyendo andenes de cultivo, caminos, edificios, etc. antes de ser reemplazados por nuevos retenes de trabajadores.

Las llactas eran poblaciones incas con funciones predominantemente administrativas, pero también de tipo político-religioso (célula de colonización para imponer el orden y religión imperial) y de tipo militar o defensivo, sobre todo las cercanas a fronteras conflictivas o de alta importancia estratégica. Choquequirao parece haber sido una de esas llactas. En la imagen, el acueducto que desciende desde la Plaza Superior a las fuentes ceremoniales de la Plaza Principal; al fondo, Templo del Muro Triunfal y Ushnu

Estas llactas eran “células” de colonización para imponer el orden inca, de forma que permitían el control de los valles, administrando los recursos agrícolas, ganaderos, mineros y de población. Por ello también residían allí funcionarios del estado, personal encargado del culto religioso y con frecuencia algún retén militar si la llacta estaba en zonas fronterizas o cercanas a la selva, de la que se temía la entrada hacia el Imperio de las salvajes tribus de los antis o chunchos: este era el caso de Choquequirao, como hemos tratado anteriormente (véase “Choquequirao III: Preguntas y reflexiones” en este mismo blog).

Como indicamos al principio, este proyecto y ejecución de una nueva llacta administrativa y de control exigió inicialmente un importante movimiento de tierras para nivelar y aterrazar el terreno, acondicionándolo a partir de su abrupta topografía natural para poder construir los primeros edificios y plazas. Los trabajadores mitayos aquí traídos fueron presumiblemente alojados en las cabañas de la primitiva aldea ubicada en el sector de Pikiwasi. Siguiendo las investigaciones de arqueólogos como G.T. Echevarría y Z. Valencia, parece que las obras comenzaron por la Plaza Principal (Haucaypata) y edificios aledaños del sector III, junto con las construcciones adyacentes del Templo del Muro Triunfal (sector IV) y Andenes Monumentales (VII), que por entonces no serían tan imponentes y tendrían fines agrícolas, como algunos también construidos en el sector VIII cerca de las Llamas del Sol. Podemos suponer que también se preparasen más zonas de andenes para abastecer de alimentos a los mitayos, posiblemente aún no despejados de la selva que los cubre.

La construcción de una primera llacta en Choquequirao comenzó en la Plaza Principal (Haucaypata), edificios anexos (Casas de los Gobernantes, templos y Kallankas) y Andenes Monumentales (inicialmente agrícolas). Decenios después, parte de esas construcciones fueron remodeladas en tiempos del Inca Túpac Yupanqui

Este conjunto conformó esa primera llacta imperial temprana, dotándola de un equipo urbano básico según la organización inca, que incluía una plaza, templos, canalizaciones de agua, pacchas o fuentes ceremoniales, grandes recintos (kallankas), residencias para la nobleza y terrenos de cultivo en andenes. A las afueras, en el sector de Pikiwasi, se ubicaban los trabajadores y quizá los retenes de soldados. Según los autores citados, esa llacta inicial fundada por Pachacútec fue posteriormente remodelada y ampliada por su hijo, el inca Túpac Yupanqui, que también fue un importante emperador célebre por sus conquistas.

A finales del siglo XV, el Inca Túpac Yupanqui reformó los edificios de la llacta temprana de Choquequirao y amplió notablemente la población, dotándola de nuevos barrios (Hanan) y grandes complejos de terrazas agrícolas. Dibujo de Guaman Poma (Nueva Corónica y Buen Gobierno, s. XVI-inicios XVII)

Durante su reinado, en los últimos decenios del siglo XV en Choquequirao se construyen nuevos edificios y ambientes, como los de la plaza superior (Hanan, sector I), las qolqas o depósitos (sector II), y se remodelan otros edificios previos, como el Templo del Muro Triunfal (sector IV) o los Andenes agrícolas cercanos a la Haucaypata, que ahora sí pasan a ser monumentales. Además se remodelan y reconstruyen las antiguas cabañas del barrio de Pikiwasi (sector IX). Las construcciones y remodelaciones realizadas en esos años son identificables por el empleo como material de albañilería de un esquisto más rico en mica que el utilizado en época de Pachacútec, quizá por recurrirse a otra cantera. Además el inca Túpac Yupanqui apuesta fuerte por Choquequirao, ampliando extraordinariamente su área agrícola, pues se construyen por entonces los importantes andenes de Pacchayoq (sector XI), Pinchaynuyoq (sector XII, a varios Kms de Choquequirao) y se reforman y expanden los del sector VIII: en estos últimos trabajarían mitayos de la región chachapoya, recién conquistada por Túpac Yupanqui, incorporando a los muros las ya famosas figuras de las Llamas del Sol.

Tal vez esta potenciación de Choquequirao por parte de Túpac Yupanqui, que la transformó en una importante llacta imperial, fue una forma de afianzar su poderío y control en la zona. Por estar a las puertas de la Amazonía era un potencial punto de entrada de los salvajes antis de la selva hacia el corazón de su imperio, además de servir de centro administrativo para controlar los productos de origen selvático (coca, plumas, frutos, ishpingo, yuca, vilca, oro etc). Algún investigador (ej. E. Duffait) llega a plantear la posibilidad de que Túpac Yupanqui decidiese crear en Choquequirao una hacienda real personal, similar a la que su padre se había construido en Machu Picchu (véase “Choquequirao III: Preguntas y reflexiones” en este blog).

Desconocemos que ocurrió en Choquequirao a la muerte de Túpac Yupanqui, durante el reinado de su sucesor Huayna Cápac, el último emperador importante de los incas. En otros enclaves creados durante su reinado se potenció el uso del adobe enlucido y pintado en sus construcciones. Aunque no es seguro que fuese influencia de Huayna Cápac, lo cierto es que Choquequirao tuvo sus muros de esta guisa, lo que disimulaba el tosco aspecto de sus aparejos de esquisto. Al ser abandonado, el adobe fue deshaciéndose bajo la lluvia y humedad del lugar, dando también sustentación a musgos, líquenes, hierbas, bromelias y arbustos que acabaron con él. Pese a ello, Bingham (1909) todavía vio paredes enlucidas de adobe en las Casas de los Gobernantes, y aún hoy se aprecian restos en alguno de sus muros.

Las llamadas Casas de los Gobernantes en 1909, aún cubiertas de vegetación tropical. Fotografías de Hiram Bingham (Across South America)

Tampoco sabemos que ocurrió en el lugar durante la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa. Como hemos visto en el anterior artículo de este blog, sí sabemos que en 1539 se le otorgó en encomienda, con otras propiedades, a Hernando Pizarro, hermano del conquistador del Perú. Choquequirao siguió poblado al menos hasta finales del siglo XVI, bajo el mando del clan familiar de los Ataw Puma, y desplazándose finalmente su población a Cachora. Durante el siglo XVI pudo dar refugio temporal o apoyo logístico a los incas de Vilcabamba, que resistieron a la ocupación española durante 36 años ocultos en aquellos valles, aunque no parece haber sido su cuartel general, que estuvo en Vitcos y Vilcabamba la Vieja.

Las Casas de los Gobernantes con sus muros limpios de vegetación en la actualidad; compárese con las fotografías anteriores.

Es posible que esta serie de 4 artículos acerca de Choquequirao deban ser reescritos en unos años. Un 70% del área arqueológica está pendiente de ser descubierta de vegetación y excavada, por lo que cabe esperar fascinantes hallazgos que confirmen o rebatan mucho de lo que he expuesto en estos artículos. Pero además de excavaciones e investigaciones arqueológicas y naturalistas, el futuro de Choquequirao trae el importante reto de su explotación turística. Hasta el momento, visitar Choquequirao exige una dura caminata de varios días (véase “Choquequirao II“ en este blog), alojándose en tiendas de campaña. La recompensa es poder disfrutar de unas interesantes ruinas incas en un impresionante lugar libres de la masificación turística que sufre, por ejemplo, Machu Picchu. Sin embargo la presión turística que sufre Machu Picchu es insostenible. Las autoridades se han planteado reducir el número de visitantes diarios al lugar, desviando los excedentes hacia Choquequirao. Pero para que realmente Choquequirao capte esos cientos de turistas al día, debe disponer de accesos e infraestructuras, y ese es el gran reto. Uno de los proyectos ya acordados es construir un teleférico a la ciudad, y con él cabe esperar que vengan otros asociados (hoteles, restaurantes, etc). Todo ello va a cambiar profundamente el lugar y muchos arrieros de Cachora tendrán que reconvertirse a hosteleros. Para quienes conocimos un Choquequirao silencioso y tranquilo será triste regresar en unos años y verlo lleno de grupos de turistas con guías señalados con banderitas. Pese a perder aquel encanto, el lado positivo es que puede ser una oportunidad para el desarrollo económico de la comarca si se evitan monopolios. Será la nueva historia de Choquequirao. Esperemos que se acierte…

La Vía Láctea (el Gran Río Celestial o Hatun Mayu de los incas) sobre la silueta del ushnu de Choquequirao, y a su derecha la depresión de la Plaza Principal o Haucaypata.

© Texto y fotografías: José María Fernández Díaz-Formentí / http://www.formentinatura.com (© 2012 Prohibida su reproducción)

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4 comentarios
  1. maricela permalink

    Jose Maria, realmente es sorprendente el trabajo que nos compartes, trabaje en choquequirao junto a un equipo de biologos, arqueologos, ingenieros etc. etc. soy licenciada en turismo y me alegra que tengas una interpretacion bien fundamentada. felicitaciones

  2. nicanor vicente Ponce permalink

    Es una maravilla ,el trabajo organizado y tecnico de los Incas, es un ejemplo para las generaciones del Peru que sus ancestros si lo hicieron o si pudieron hacer obras maravillosas

  3. me parece un excelente trabajo..claro y conciso,felicitaciones me ayudo bastante

  4. Marco Pumacayo permalink

    Buen trabajo…yo conocí Choqueriraw junto a mi padre en una caminata inolvidable y al llegar y contemplar tanta maravilla definitivamente concluyo que fue el mejor viaje de mi vida.

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